Tegucigalpa, Honduras. El sistema educativo público de Honduras necesitaría incorporar entre 9,000 y 18,000 docentes para acercarse a los promedios de estudiantes por maestro registrados a nivel mundial y en América Latina y el Caribe.
Actualmente, 1,499,807 estudiantes son atendidos por 56,792 docentes, lo que representa una relación de 26.4 alumnos por maestro, de acuerdo con datos de matrícula y personal de la Secretaría de Educación.
La proporción hondureña se encuentra por encima del promedio mundial de 22.8 estudiantes por docente en primaria y del promedio de 20.1 alumnos registrado en América Latina y el Caribe, según el Informe mundial sobre el personal docente de la Unesco.
Tomando como referencia esas cifras, Honduras necesitaría disponer de 65,781 docentes para alcanzar el promedio mundial, lo que implica sumar 8,989 maestros a la plantilla actual. Si el objetivo fuera igualar el promedio regional, serían necesarios 17,825 docentes adicionales.
La brecha, sin embargo, no se distribuye de manera uniforme en el país. En Lempira, por ejemplo, se registran hasta 45 estudiantes por docente, mientras en Gracias a Dios la relación alcanza los 43 alumnos, muy por encima de la media nacional.
La situación es todavía más compleja en numerosas comunidades rurales, donde un mismo profesor debe atender simultáneamente a estudiantes de varios grados, una modalidad que limita el tiempo de acompañamiento que recibe cada grupo.
Impacto en el aprendizaje
Mario Alas, coordinador del Observatorio de la Educación de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), advirtió que la falta de docentes tiene consecuencias directas sobre el aprendizaje y también dificulta ampliar la cobertura educativa.
“En esos casos no se trata solamente de la cantidad, sino del hecho de que el docente está atendiendo más de un grado”, explicó el especialista sobre la situación de las escuelas multigrado.
Mientras el profesor desarrolla contenidos con un grupo, los estudiantes de otros grados deben permanecer realizando actividades con una supervisión más limitada, una dinámica que puede afectar la adquisición de competencias.
Alas explicó que estas debilidades terminan teniendo repercusiones más allá de las aulas, pues los jóvenes que concluyen su formación con bajas competencias enfrentan mayores dificultades para acceder posteriormente a empleos mejor remunerados.
Más de 20,000 docentes sin empleo
Una de las alternativas para reducir la brecha sería la contratación de nuevos maestros. La disponibilidad de profesionales no sería el principal problema, debido a que organizaciones del gremio estiman que más de 20,000 docentes se encuentran desempleados en Honduras.
El mayor obstáculo está en el presupuesto, pues la apertura de nuevas plazas representa compromisos permanentes para el Estado en concepto de salarios y otros beneficios laborales.
Ante esa limitación, Alas considera que la Secretaría de Educación debería revisar primero la forma en que está distribuido el personal que ya cuenta con una plaza.
El especialista señaló que existen docentes que conservan estructuras de horas clase, pero actualmente cumplen funciones administrativas, de asistencia técnica, consejería u otras labores que los mantienen fuera de las aulas.
Esta situación genera un contraste dentro del mismo sistema: mientras en algunas comunidades un maestro debe atender varios grados o grupos numerosos, parte del personal con formación docente permanece asignado a funciones que no implican impartir clases.
Por ello, el experto plantea determinar cuántos trabajadores con plaza docente están efectivamente frente a estudiantes, cuáles tienen funciones administrativas claramente justificadas y cuántos podrían ser redistribuidos hacia los centros educativos con mayores carencias.
La revisión de las plazas, sumada a nuevas contrataciones donde sean necesarias, permitiría reducir las diferencias territoriales y acercar progresivamente al país a una relación de estudiantes por maestro que favorezca una atención más individualizada en las aulas.