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Denunciante tuvo que emigrar por temor

  • Actualizado: 01 julio 2010 /

Desde hace dos meses, Florencia Flores se encuentra recluida en el centro penal sampedrano por disposición del Juzgado de Menores, acusada de prostituir a su propia hija.

Desde hace dos meses, Florencia Flores se encuentra recluida en el centro penal sampedrano por disposición del Juzgado de Menores, acusada de prostituir a su propia hija en complicidad con su madre María Hermosina Flores, o sea la abuela de la perjudicada.

La causa criminal contra ambas está en la etapa preparatoria para ir a juicio oral y público; mientras tanto, Florencia no puede dar declaraciones a la prensa dentro del recinto carcelario, dijo un oficial a cargo del reclusorio.

Florencia, como su madre, es una mujer sencilla que siempre ha vivido en la pobreza y llegó a conocer la prisión luego de ser denunciada por una vecina de vender a su hija a conductores de rastras que circulan por la autopista a Puerto Cortés.

A menos de cincuenta metros de esa arteria vial, se encuentra la covacha donde desde hace cuatro años han vivido las dos mujeres con la perjudicada de once años y otra niña de un año, que también fue rescatada por el juzgado.

La mujer que llamó a la Fiscalía de la Niñez para denunciar los supuestos abusos contra la niña tuvo que irse del lugar conocido como El Rondón de Alfredo, en Choloma, porque personas extrañas que se conducían en un vehículo misterioso llegaban a preguntar por ella por la noche, según Santos Omar Miranda Sánchez, otro vecino.

“Tuvo miedo porque andaban empistolados y llegaban de noche; por eso mejor se fue”, relató Santos.

Agregó que no puede asegurar si la abuela y la madre estaban prostituyendo a la niña. Aunque veía que entraban en la casita “varios señores, no sé si llegaban por la mamá o por la niña”.

Lo que dicen los vecinos

Como Santos, otros vecinos del lugar tampoco se atreven a acusar a Florencia, que, aunque es joven, siempre estaba mal arreglada y por lo tanto algunos no creen que haya sido el imán que atraía a los hombres que llegaban a la champa, señaló uno de ellos.

“Ella con sus travesuritas ayudaba al sostenimiento de la casita”, se aventuró a decir por fin uno de ellos, como para romper el temor de hablar abiertamente del asunto.

Uno de los pobladores, que hacía bloques de lodo bajo el sol del mediodía, salió en defensa de Florencia, diciendo que en los cuatro meses que tiene de vivir en El Rondón de Alfredo no vio que la niña se encerrara con hombres en la champita. “Era muy oficiosa la cipota.


Me voy a morir y Dios me va a castigar si digo mentiras”, manifestó José Melgar al tiempo que preparaba el lodo para los adobes.

Mientras tanto, una joven que se identificó como Doris Sarahí Martínez aseguró que ella solamente conoció a un hombre que llegaba a dejarle dinero a la niña. “Dicen que la tocaba, pero eso no me consta”, expresó la entrevistada, considerada amiga de la menor.

El hombre “llegaba a veces en una moto y a veces en un carrito. Si tenía algo con la cipota , no culpo a la mamá porque ella no es completa. Siempre se la pasaba sentada en el zacatalito”, declaró Doris Sarahí.

Relató que en una ocasión en que Florencia no estaba en la casa, la cipota le pidió prestado el teléfono celular para llamar al hombre de la moto porque necesitaba dinero. “Yo la aconsejaba que no fuera a meter las patas y ella me contestaba que no era tonta para meterse con ese viejo”, relató.

“El caso es uno más de los muchos por abuso sexual en los juzgados, pero llama la atención porque se trata de una niña de tan corta edad, pues comenzó a ser abusada desde los siete años, y porque los implicados son la propia madre y la abuela, que deberían haberle dado protección”, dijo la fiscal Thelma Martínez.