Unos 750,000 devotos de todo el mundo reservaron plaza para visitar los restos del Padre Pío, cuya exhibición empezará el jueves en San Giovanni Rotondo, un pueblo de Pulla, en el sur de Italia, 40 años después de la muerte del santo italiano más popular.
El 'ministro' vaticano de los santos, el cardenal José Saraiva Martins, celebrará una gran misa al aire libre para inaugurar el periodo de 'ostensión' o exposición pública del cadáver del monje capuchino canonizado por Juan Pablo II en 2002 y que aún es objeto de polémica en Italia.
Los restos estarán expuestos en un ataúd de cristal hasta finales de año y se espera a 50,000 personas en el primer día de exhibición, según el servicio de comunicación de los hermanos capuchinos, la comunidad religiosa que gestiona el culto al santo.
Por la presión ejercida por sus devotos, que adoran la humildad de la que presumía cuando estaba vivo, los restos serán expuestos en la cripta del santuario de Santa María de las Gracias, construido en los años 50, y no en la iglesia ultramoderna y gigantesca de San Pío di Pietralcina, obra del arquitecto Renzo Piano, inaugurada en 2004 y prácticamente en desuso.
Francisco Forgione (1887-1968), conocido como el Padre Pío de Pietralcina, pasó a la historia como el 'capuchino de los estigmas' porque desde los 23 años presentaba unas heridas incurables en las manos parecidas a las que, según la tradición cristiana, dejaron los clavos de la crucifixión en las manos de Cristo.
La imagen del monje barbudo, más popular que cualquier Papa de antes de su muerte, cuelga en miles y miles de hogares, comercios o taxis de toda Italia.
La congregación de los capuchinos decidió exhumar sus restos para aplicarles un tratamiento que garantice una mejor conservación 'de manera que las próximas generaciones puedan venerar y custodiar sus reliquias'.