Los ojos de la célebre periodista italiana Oriana Fallaci dejaron de contemplar los acontecimientos del mundo el 15 de septiembre en una clínica de Florencia, Italia.
La famosa por entrevistar a líderes musulmanes, luchó 15 años contra el cáncer de mamá hasta que la venció.
Fallaci fue la mejor entrevistadora del mundo o, al menos, eso debían de creer los dictadores que aceptaban hablar con ella, a sabiendas de que les iba a hacer pedazos.
La célebre escritora italiana vivía gran parte del año en Manhattan totalmente aislada. Pero el destino quiso que, el 11 de septiembre, el “Apocalipsis” se abriese a poca distancia de su casa, cuando los aviones se estrellaron en las torres gemelas.
Los libros “La rabia y el orgullo” y “La fuerza de la razón”, publicados en 2002 y 2004, suscitaron una enorme polémica por sus alegatos contra el fundamentalismo y el Islam.
Se recuerdan sobre todo sus encuentros con Jomeini, el Sha de Irán, Galtieri, Kissinger, Arafat o Gaddafi
Fallaci sacó a la venta en agosto de 2004 un libro, titulado “Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci”, en el que analizaba el “cáncer moral que devora a Occidente” y su propia enfermedad.
En aquel libro escribió que le acechaba la muerte y que tenía “algún anticuerpo en el cerebro, pero no mucho tiempo que vivir y sí muchas cosas todavía por contar”.
El pasado julio recibió el Premio Luca de Tena, aunque no pudo estar presente para recogerlo y en diciembre 2004 recibió en Italia la medalla de oro como “benemérita de la cultura.
Su padre fue un reconocido luchador antifascista en la Italia de Mussolini y la propia Oriana, aún adolescente, se convirtió en partisana en Toscana durante la segunda Guerra Mundial.
Tras cursar becada sus estudios medios se matriculó en la Facultad de Medicina.
El amor llegó a la vida de esta luchadora solitaria en 1973 cuando conoció al poeta griego Alekos Panagulis, un activista griego que había perpetrado el atentado fallido contra Papadópulos.
Como corresponsal cubrió todos los grandes conflictos armados del siglo XX desde la guerra de Vietnam.
Su frase
No tengo miedo a la muerte y lo que siento es una especie de melancolía. Me desagrada morir, sí, porque la vida es bella, incluso, cuando es fea”.