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Capitalinos están en contra de la destrucción del cuartel de Casamata

  • 11 abril 2016 /

Tegucigalpa, Honduras.

El cierre y la destrucción del cuartel general de Casamata anunciado el fin de semana por el presidente Juan Orlando Hernández ha generado un gran debate en la capital en torno a si se debe convertir en un megaparque o en un hospital o escuela.

El edificio sirvió de sede de la Guardia Civil del Gobierno de Ramón Villeda Morales y fue testigo de la muerte de decenas de guardias el 3 de octubre de 1963 en el golpe de Estado que ejecutaron las Fuerzas Armadas.

En la década de los ochenta fue centro de múltiples reuniones de los altos mandos militares y policiales que pusieron en práctica la doctrina de seguridad nacional a través del escuadrón 3-16 que capturó y desapareció a cientos de dirigentes.

Un informe de inteligencia reveló la semana pasada que en Casamata, miembros de la cúpula policial planificaron el asesinato del zar antidrogas Julián Arístides González, hecho que ocurrió el 8 de diciembre de 2009.

A raíz de ello, el 5 de abril anterior, autoridades del Ministerio Público, acompañados por miembros de la Policía Militar y de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (Atic) intervinieron la sede policial.

Reacciones

Tras anunciarse el cierre del cuartel de Casamata, varios vecinos se mostraron en desacuerdo con la destrucción del inmueble y que sea convertido en un parque recreacional.

Adelina Rentina Rodríguez, una residente por 80 años del barrio Casamata, aseguró que en la zona se vende drogas y que una vez que no esté el cuartel no va a haber nadie que los proteja.

“Le pido de caridad al señor Presidente que se ponga la mano en la conciencia, que no quite la posta de aquí porque este barrio es horrible; todas las drogas las venden aquí, si uno pasa como a las siete de la noche, le quitan la camiseta, el celular y lo mandan descalzo”.

Carlos Flores, otro vecino, afirmó que es un grave error cerrar Casamata, ya que para él es una reliquia y lo único que obtienen es tener al pueblo como enemigo.

“Antes no había seguridad, pero ahora con los nuevos policías hay más seguridad y no todos los policías son corruptos. Es todo pura política”. Otros vecinos se pronunciaron a favor de que el edificio no sea demolido, sino que lo conviertan en un hospital, colegio o escuela.