Dan forma al vidrio y a su vida

<p>Los esposos Inmaculada Ibarra y José Arturo Pérez llegaron de España y fundaron una organización que ayuda a familias pobres y enseña a los jóvenes las técnicas del vidrio.</p>

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Muchos jóvenes que estarían en las calles orillados por las condiciones que la pobreza impone están haciendo maravillas con el vidrio en la ciudad de El Progreso y forjando su destino gracias a la Fundación Niños de Guarataro.

Platos decorativos, pulseras, aretes, adornos y otras piezas preciosas cobran forma en las manos de los menores que aprenden en la Escuela de Artesanía en Vidrio que sostiene la benéfica fundación. Aparte de abrir un nuevo camino a los jóvenes, la fundación desarrolla otras obras de beneficio social para los pobladores de las aldeas Arena Blanca y Buenos Aires de ese municipio.

El proyecto es una iniciativa de los esposos Inmaculada Ibarra y José Arturo Pére, españoles nacionalizados en Honduras que por medio de la fundación desarrollan programas de educación, alimentación, infraestructura, sanidad y fuentes de trabajo. De esta manera surgió la idea de montar una escuela diferente, creativa, que les diera verdaderas oportunidades de salir adelante a los niños y jóvenes.

Los adolescentes son capacitados por maestros de la Fundación Centro Nacional del Vidrio, ubicada en la Real Fábrica de Cristales de La Granja, en Segovia, España. El valor de las piezas proviene de la calidad de los materiales importados con que aprenden a trabajar los alumnos. El resto es puro talento y trabajo de los maestros y los muchachos.

Como es una escuela creada para darles una verdadera salida de la pobreza y el anonimato social a los jóvenes de la aldea, no existe un taller comercial de producción. Las piezas son hechas con las directrices académicas de los profesores españoles que llegan regularmente al año. Son estas piezas las que se ha comenzado a vender en El Progreso, San Pedro Sula y Copán Ruinas.

Niños de Guarataro es una fundación originada en una comunidad de Venezuela con ese nombre, que los esposos Ibarra quisieron trasladar a Honduras con la misma identidad e igual propósito.

La Prensa