El viejo telégrafo pasó a la historia. Sólo dos aparatos quedaron en Hondutel como testimonio de una época en que el medio más efectivo para comunicarse a través de la distancia era aquel sistema de señales sonoras.
La tecnología fue dejando en el olvido el tecleo intermitente de aquellos aparatos de bronce que parecían hablar con los telegrafistas.
En la era del Internet y la telefonía celular, solamente las comunidades más remotas de nuestra geografía usan todavía la comunicación mediante el código Morse, dijo el telegrafista óscar Menocal, quien ahora es asesor legal en Hondutel.
Desde jovencito Menocal aprendió aquella técnica de comunicación que consistía en dar golpecitos a una tecla que ellos llaman clave, para ir formando sonidos largos y cortos que recorrían largas distancias a través de las líneas telegráficas.
'Era una comunicación más confidencial que la del teléfono y la de los correos electrónicos porque nadie podía intervenirla', comentó.
Además, los telegrafistas se regían por un código de seguridad que prohibía divulgar el contenido de los mensajes. 'El que rompiera el código podía ir a la cárcel', indicó .
Para el caso, 'si venía una orden de captura contra un hermano mío, yo tenía que darle el telegrama al delegado policial o a quien iba dirigido', expresó.
El telegrama era la mejor forma de comunicar un mensaje urgente en un mínimo de cinco palabras.
Algunos eran escritos con un tono coloquial que hacía sonreír al telegrafista cuando los estaba transmitiendo. Relata Menocal que estando trabajando en Olanchito llegó un campesino con un telegrama que decía textualmente: 'Urge venga, llevó putas yegua'. Era un mensaje que el remitente enviaba a su compadre que se había ido para Santa Bárbara, dejándolo al cuidado del animal que luego murió.
Los conocimientos de telegrafía que adquirió Menocal no le sirven ahora más que para comunicarse con viejos compañeros mediante golpecitos en la espalda o toquecitos en el escritorio con un lápiz.
Javier Maradiaga y óscar Menocal hacen una demostración de cómo se transmitían los telegramas a puros golpecitos.