Los “ninis” se duplican y amenazan el futuro de Honduras

Advertencia Expertos en el tema instan a Honduras a reducir la tasa de “ninis”. Esta población se multiplica porque no encuentra oportunidades económicas.

Jóvenes que, por diferentes razones viven en los bordos de San Pedro Sula, se dedican a recoger cartones y materiales reciclables para obtener dinero y así sufragar gastos básicos (alimentación y vestimenta).

San Pedro Sula, Honduras.

Honduras está a las puertas de enfrentar problemas sociales y económicos más graves en las próximas décadas si el Gobierno y la empresa privada, que determinan la vida del país, no logran bajar la exorbitante tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan, llamados ninis.

A principios de la década de 1990, en Honduras había 300,000 jóvenes, entre 15 y 25 años, que no trabajaban ni estudiaban.

En 2016, existe un ejército de 500,000 con los brazos cruzados.

El estudio titulado Ninis en América Latina, 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades, recién publicado por el Banco Mundial (BM), confirma que Honduras es el país que tiene la tasa más alta de “ninis” (26.8%).

A juicio de Rafael de Hoyos, uno de los autores del estudio, “la situación de Honduras es muy grave” y podría tener más repercusiones negativas a un corto plazo.

“Por eso consideramos que deberían aumentarse los esfuerzos por parte de todos los actores implicados a fin de poder disminuir estas tasas”, dijo Rafael de Hoyos en una entrevista con LA PRENSA.

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A algunos de los jóvenes consultados por LA PRENSA, les gustaría recibir una instrucción y capital semilla para poner un negocio propio.

Mujeres

El panorama es poco alentador para Honduras, comparado con otros países, porque, además de tener la tasa más alta, el fenómeno “nini” golpea más a las mujeres que, aunque se encuentran en plena edad productiva, se mantienen sumidas en un insuperable letargo.

La investigación realizada para el BM, por Hoyos, Halsey Rogers, Miguel Székely, pone en relieve que “cuatro de cada cinco ninis en Honduras son mujeres, una proporción mayor al del resto de la región”.

El hecho de que el fenómeno “nini” tenga rostro femenino acelera la detonación de problemas sociales y la multiplicación de población sedentaria proclive a caer en las estructuras del crimen.

Periodistas de LA PRENSA han constatado que, todos los días, decenas de adolescentes, que no trabajan ni estudian llegan embarazadas a buscar asistencia médica a los hospitales Materno Infantil y Mario Rivas de San Pedro Sula.

Tras quedar embarazadas y dar a luz, estas mujeres quedan inhabilitadas para estudiar o trabajar; no obstante, deben obtener dinero para alimentar a sus hijos.

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Hombres

En Honduras, dos de cada cinco hombres se ha convertido en “ninis” tras dejar la escuela o colegio a temprana edad con la intención de ingresar al mercado laboral.

Después de un paso fugaz por el mundo laboral, estos hombres se quedan sin trabajo y sin educación, es decir, sin capital intelectual que les permita encontrarse ante más probabilidades laborales en un futuro.

En 2015, de acuerdo con cifras del Sistema Estadístico Policial en Línea (Sepol), hubo 5,092 homicidios, de esa suma, 4,621 eran hombres. El 55% de las víctimas tenían edades entre los 11 y 29 años de dad.

El alza de la población “nini”, que creció a un ritmo de 9% anual en las últimas décadas, ha contribuido a un incremento en la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes.

De 40 homicidios, por cada 100,000 habitantes, en 1999 pasó a más de 80 en 2010, según la Oficina de las Naciones Unidades Contra la Droga y el Delito. Desde ese año, los Gobiernos no han logrado reducirla notoriamente.


Más pobreza

Nelson García Lobo, director ejecutivo de la Comisión Acción Social Menonita, confirma que “los jóvenes que no trabajan ni estudian están engrosando los cinturones de miseria de las urbes de San Pedro Sula y Tegucigalpa”.

La Comisión Acción Social Menonita es una organización que ha trabajado en los asentamientos periféricos de San Pedro Sula, llamados popularmente bordos, para mejorar las condiciones de vida de los habitantes.

Esa organización, fundamentada en encuestas realizadas por sus investigadores, estima que en los bordos viven alrededor de 18,000 familias.

Cada dos años, esta población crece un 35%.

En décadas anteriores, los bordos eran nutridos por hondureños procedentes de la zona rural que, después de ver frustrados sus sueños en la ciudad, las circunstancias los arrinconaba y los llevaba a instalarse en esas zonas paupérrimas.


Ahora, en 2016, “las familias no necesariamente vienen de Copán y Ocotepeque, familias de San Pedro Sula, al quedar sin un medio de vida, involucionan y se ven obligadas a vivir en los bordos”, dijo García Lobo, también presidente ejecutivo del Foro Social de la Deuda Externa de Honduras y Desarrollo (Fosdeh).

Estas familias, compuestas por parejas de “ninis” o por hijos “ninis”, se refugian en los bordos porque allí no pagan un alquiler alto, tampoco impuestos ni servicios públicos.

Para el caso, en el bordo Anexo Bográn residen más de dos mil “ninis” que hacen malabares para poder sobrevivir.

“Antes vívía en la colonia Pavón. Teníamos casa y llegaron los de la mara 18 y nos sacaron. Ahora vivo en este bordo”, dijo Carlos Sanabria.

Sanabria (de 25 años) y su mujer, Miriam (de 21), están desempleados y son padres de cuatro hijos. Dos acaban de nacer. “Cada semana debo tener, como sea, L700 para la leche de los gemelos”, dijo.