27/07/2026
10:03 PM

7 de cada 10 niños están desnutridos en Lempira

'¿Para qué ir al centro de salud si vamos de puro gusto? No hay enfermera ni medicinas, no nos sacan de apuros; aquí vivimos a la voluntad de Dios', así resume la campesina Marta Lidia Vásquez la ineficiencia y la falta de acceso a los servicios de salud en Lepaera, Lempira.

    '¿Para qué ir al centro de salud si vamos de puro gusto? No hay enfermera ni medicinas, no nos sacan de apuros; aquí vivimos a la voluntad de Dios', así resume la campesina Marta Lidia Vásquez la ineficiencia y la falta de acceso a los servicios de salud en Lepaera, Lempira.

    Ella, de 25 años, y sus cuatro hijos, todos desnutridos, son parte de los cerca de 500 pobladores de la aldea La Lima, quienes habitan en las 80 casas que conforman esta comunidad.

    Hace unas semanas, la muerte del pequeño Elmer Vásquez centró la atención de las autoridades y los organismos internacionales en esta olvidada zona. Él murió debido a las complicaciones derivadas de una severa desnutrición, mal que aqueja a siete de cada 10 infantes en la Mancomunidad Norte del Lempira: Lepaera, La Unión, Talgua, Las Flores, La Iguala y San Rafael.

    En estos municipios residen más de 81 mil personas, con un promedio de seis por vivienda, en condiciones de hacinamiento. 75 de cada 100 hogares tienen al menos una necesidad básica insatisfecha.

    Del total de la población, casi el 50 por ciento es analfabeta. Sumado a este panorama, la escalada de precios en los productos de la canasta básica deja, prácticamente, fuera del alcance de estas personas alimentos de primera necesidad para su nutrición, como carne, huevos, pastas, azúcar y leche. Hace unos meses era casi imposible obtenerlos con sus ingresos, ahora ya cruzaron la línea y ni siquiera sueñan con servirlas en su mesa.

    Recorrido

    Para conocer la situación que enfrentan en el área rural de los 28 municipios de Lempira, un equipo de LA PRENSA hizo un recorrido por la zona.

    Nos desplazamos al municipio de Lepaera. El hospital Juan Manuel Gálvez reporta que desde aquí ha llegado el mayor número de ingresos por desnutrición severa en lo que va del año.

    Nos internamos en las montañas, por caminos de tierra en malas condiciones, hasta la comunidad de La Lima, un poblado que se esconde entre cafetales, pintoresco, pero que enfrenta una dura realidad. Aquí no hay transporte, sus pobladores buscan aventones o caminan largas horas para llegar a Lepaera y desde allí abordar un bus que los traslade hasta el Hospital de Gracias cuando requieren atención médica.

    En el pueblo hay un centro de salud, pero los habitantes no lo visitan. 'La enfermera casi no se encuentra y cuando ella está, nunca hay medicamentos', dicen.

    Esto ya no causa malestar, el pueblo se ha resignado. Su vida transcurre en esta realidad y muchas dolencias de sus hijos son ignoradas, ya sea por la falta de recursos económicos para trasladarlos a un centro asistencial o porque no comprenden el peligro al que están expuestos. La delgadez de sus cuerpos es normal, común, habitual en las familias.

    Llegamos a la casa de la familia Mateo Vásquez, formada por dos humildes campesinos y sus cinco hijas: Fátima, de 11 años; Nelly, de 7; Sonia, de 4; Esther, de 2, y Yamileth, de 15 meses.

    Pasaban el mediodía en el corredor de su vivienda; acomodadas en el piso de tierra estaban las niñas, cuya estatura no refleja su edad, pues son más pequeñas.

    Fátima, la mayor, carga a Yamileth, que a pesar de tener más de un año aún no habla ni camina y el cabello ha comenzado a caérsele.

    Esther nos observa, sentada en una banca de madera rústica es testigo de lo que ocurre a su alrededor, pero no habla ni camina. Tiene dos años y medio, pero parece de uno.

    Después está Nelly, tras siete años de mala alimentación y casi nula atención médica refleja más deterioro: su piel se ha vuelto amarillenta y su cara está hinchada.

    Ninguna de ellas ha sido evaluada por un médico.

    'Uno los ve que se enferman, pero no puede hacer mucho, aquí casi no se tiene dinero y el poco que se gana es para comprar la arroba de maíz y las libras de frijol y poder pasar el día. Nos han ofrecido ayudarnos para llevar a las niñas al Hospital de Gracias para que las atiendan', dice la madre, Reina Vásquez, de 26 años.

    El padre Ovidio Mateo es un agricultor que ni siquiera sabe cuándo nació. 'Creo que tengo 32 años, no sé bien', responde.

    Ovidio es jornalero, cuando tiene buena racha, trabaja cuatro días en una semana, ganando 80 lempiras diarios. 'No siempre se consigue un jornal. Para poder trabajar me toca ir hasta Coros -a unos 8 kilómetros de la aldea- la situación es dura', asegura.

    Más camino, más historias

    Siguiendo nuestro camino encontramos a Otilia Perdomo, al fondo del cuarto de su vivienda, intentando encender el fogón. En una silla, desnudo, estaba el pequeño Norlan de Jesús, un niño de 11 años que sufre una enfermedad aún no determinada. Apenas habla y necesita una silla de ruedas para movilizarse.

    Hace poco, Plan en Honduras le donó la silla, pero su madre aún no ha podido llevarlo a recibir atención médica. Otilia tiene dos hijos más, Isabel, de 9 años, y Karen de 4, quienes son monitoreadas porque los registros señalan que padecen de 'mediana desnutrición'.

    Cuesta arriba encontramos la vivienda de Marta Lidia Vásquez, un pequeño cuarto sirve de cocina, lavador y dormitorio. Aquí, la hornilla está al par de la improvisada cama que comparten sus cuatro hijos, su esposo y ella. Su situación no es mejor que la de sus vecinos.

    Cuando los casos de desnutrición severa salen a la luz pública en hospitales como el Mario Rivas de San Pedro Sula o el de Occidente en Santa Rosa de Copán, los ojos de las autoridades y organismos se vuelcan sobre ellos; sin embargo, ellos son sólo la gota que derrama el vaso, el grito de alerta, el llamado de atención. Lamentablemente el vaso sigue lleno y no se ven planes concretos para vaciarlo. La desnutrición y el hambre azotan sin piedad.

    Lo dijeron

    'La situación es difícil, hay casos que conmueven, pero en Lempira la situación de desnutrición es alta'.

    Aleyda Yanez
    Médico cubana

    'Debería tenerse una política gubernamental que replanteara qué puede hacer el Ihnfa en beneficio del cuidado de los menores'.

    Edgardo Cruz
    Plan de Honduras

    'Se está apoyando a 32 comunidades. La meta es cubrir 120 para apoyar a las madres con Centros de Orientación Familiar'.

    Dardo Rodríguez
    Plan Internacional

    No se conoce situación real en Lempira

    Gracias, Lempira. La departamental de Salud reunió a su personal para realizar un monitoreo que permita sacar a la luz los casos graves de desnutrición que se detectan en los 28 municipios de Lempira.

    La doctora Yolany Batres, jefa departamental, comenta que aún no hay estadísticas que reflejen la situación real. 'Las tendencias en el crecimiento del niño, como su peso, son los únicos parámetros que nos permiten conocer si tiene algún grado de desnutrición. Estamos comenzando una intervención en todo el departamento, Lepaera es uno de los primeros en tener esa asistencia integral porque es el municipio que más reporta infantes en avanzado estado de desnutrición. El proyecto es financiado por Banco Mundial y hasta que esa intervención finalice sabremos cuál es la situación', señaló. En las comunidades hay personal voluntario que debería detectar los casos avanzados para que los sean atendidos a tiempo, pero la estrategia no está funcionando, ni los voluntarios de salud, miembros de juntas locales o personal que realiza las visitas para brigadas de vacunación o entregas de paquetes básicos han dado el aviso oportuno. Salud capacita a los trabajadores sociales, que llegan a las comunidades más remotas.

    Claves

    Hambruna

    Los meses más críticos para alimentarse son abril, mayo, junio, julio y agosto, épocas en las cuales las familias no cuentan con recursos.

    Pocos ingresos

    En esta zona la mayoría vive del café, ganan lo que cortan en las fincas y este dinero se acaba rápido. Cuando no hay café, no hay ingresos.