Mientras ascendía hacia la cima del Everest, el pico más alto del mundo, la guatemalteca Andrea Cardona tenía a sus pies vistas indescriptibles. “Veía de mi lado izquierdo la planicie tibetana y la cordillera de los Himalayas que se extiende desde China hasta Nepal, pero sabía que un pequeño error en el ascenso podría ser fatal”.
Uno de sus compañeros de alpinismo murió en el intento por llegar a la cúspide al sufrir un edema cerebral, una afección producida generalmente por la falta de oxígeno en las grandes alturas, por eso se le llama “mal de montaña”.
Otros tuvieron que regresar tras sufrir diversos accidentes mientras ella continuaba venciendo los peligros de aquel viaje que se había propuesto culminar para demostrarse a sí misma que era capaz de hacer realidad sus sueños por muy difíciles que parecieran.
“Yo también tuve miedo, pero sabía que esta era la única oportunidad de alcanzar mi meta personal y no podía darme el lujo de regresar”, dijo Cardona durante una visita que hizo a San Pedro Sula esta semana.
Como guía turística que viajaba frecuentemente al Himalaya en el continente asiático, había visto el Everest desde el campamento, pero de repente se le ocurrió pensar cómo sería ver el mundo desde aquella cima cubierta permanentemente de hielo.
El desafío le pareció muy inspirador y retador y al mismo tiempo casi imposible por estar lejos de su realidad, pero para ese tiempo ya tenía algunas experiencias escalando montañas nevadas en otros países y haciendo varios trekkings o caminatas de larga duración.
Relató que primero surgió en ella la pasión por los viajes que realizaba como profesional del turismo y luego se le metió entre los sentidos que podría alcanzar la cima de aquel gigante del planeta.
Tempranas experiencias
Desde pequeña viajaba mucho con su familia por los lugares remotos del interior de Guatemala. Esas tempranas experiencias le enseñaron a valorar y apreciar las riquezas naturales y culturales de su país y al mismo tiempo le despertaron la pasión por conocer otras latitudes del mundo.
A los 18 años voló a Génova, Italia, donde cursó la licenciatura en Economía orientada en turismo a través de una beca y se graduó cuatro años después. Luego, trabajó por dos años para el área de mercadeo de la cadena hotelera Meliá en Cerdeña y en Nueva York, hasta que un día decide dar rienda suelta a su pasión por viajar y ahorra para poder recorrer Asia.
Es en ese viaje cuando conoce por primera vez el campo base del monte Everest y logra un trabajo como guía turística, con el cual tiene la oportunidad de visitar más de 45 países con su nueva profesión.
Cuando llega por séptima vez al campo base, se imaginó como se vería el mundo desde su punto más alto y decide ponerse el reto de convertirse en la primera mujer centroamericana en escalar el monte más alto del globo y se somete a un entrenamiento intensivo de dos años.
Un reto de mucha altura
Sabía que el diez por ciento de personas que tratan de escalar los 8,848 metros que mide el monte mueren en el intento, pero su decisión ya estaba tomada y no había marcha atrás.
El entrenamiento no era solamente físico, había que superar los miedos y los límites mentales. “No es solamente la fortaleza física la que se necesita para poder llegar, sino también la fortaleza mental y espiritual interna y una actitud positiva para no desmayar”.
Durante el entrenamiento le tocó dormir unas 200 noches bajo carpas en plena montaña soportando temperaturas menores a los 60 grados bajo cero. “Cargaba un mochila con 45 libras de peso, primero durante una hora, luego por cinco horas y así sucesivamente hasta acostumbrarme a aquella carga que sin duda debía llevar hasta la cima”.
Tenía que subir y bajar ciertos tramos de la montaña para ir adaptando gradualmente el cuerpo a las alturas, ya que “cada vez que se sube el organismo sufre el desgaste de la altitud y tiene que crear más glóbulos rojos para compensar la falta de oxígeno”.
Antes de ponerse a prueba para tan dura expedición, Andrea ya había estado en peligro de muerte. Ocurrió mientras escalaba una montaña de Bolivia y cayó en una profunda grieta, de la cual no hubiera salido si no la rescatan sus compañeros. “Esa vez me dio miedo y pensé dejar el desafío, pero pudo más el orgullo”.
También, cuando descendía el Denali, la montaña más alta de Alaska, se le congeló parte del rostro al quitarse por unos segundos la máscara en el momento en que azotaba un viento gélido. La lesión tardó en sanar.
Hacia la cumbre
Rumbo al Everest, la guatemalteca tuvo experiencias distintas pero igualmente fuertes: “Durante el camino encontramos restos humanos. Vi una mano, un pie dentro de una bota y algo que parecía un cuadril. Al alzar la vista vi la arista que lleva hacia la cumbre”.
Comentó que en esa zona es donde ha habido más muertes. Desde allí también muchas veces caen piedras desde 2,000 metros de altura por lo que son accidentes letales cuando suceden.
“Más arriba en la pared, mis compañeros vieron el cuerpo intacto de un tipo de Kazakstán que murió en una avalancha”.
Por fin el pasado 23 de mayo, después de 54 días de expedición, el equipo de Cardona llegó a la ansiada cima, donde permanecieron apenas media hora, pues hacerlo por más tiempo puede incrementar el riesgo de sufrir un edema cerebral o pulmonar.
Con el mundo a sus pies, Andrea decide emprender el retorno, que puede ser tan peligroso como el ascenso, pero viene plena de satisfacción por haber conquistado la cima de sus sueños.
Facebook escala el monte
Ahora será posible twittear y postear en Facebook desde la montaña más alta del mundo.
Ncell, una operadora nepalí, se convirtió en la primera empresa en instalar en el monte Everest un servicio 3G e internet de alta velocidad.
Hasta ahora, tanto escaladores como sus guías sherpas debían recurrir a la telefonía vía satélite para sus comunicaciones desde la montaña.
Ahora podrán hacerlo gratis desde Skype y pueden twittear o comentar su llegada a la cima en Facebook. La gente de Ncell estrenó su nuevo servicio haciendo una videollamada desde 5.300 metros de altura.
El Everest está localizada en la cordillera de los Himalaya, en el continente asiático, y marca la frontera entre Nepal y China. No deja de ser curioso que mientras en el Everest ya existen esas posibilidades de comunicación, gran parte de Nepal carezca de cobertura móvil. El monte tiene dos rutas principales de ascenso.