El río Ulúa arrasó los campos de El Progreso, Yoro

Pobladores llevan más de un mes sin energía eléctrica ni agua y sobreviven comiendo banano. Solo se puede ingresar en lancha debido a rupturas del bordo.

El puente y la calle de acceso quedaron destruidos al igual que casas, carros y bordos. Fotos: Yoseph Amaya.
El puente y la calle de acceso quedaron destruidos al igual que casas, carros y bordos. Fotos: Yoseph Amaya.

EL PROGRESO.

La fuerza del río Ulúa devastó el campo bananero Amapa, en los bajos de El Progreso.
Sus pobladores sufren en silencio, ya que por las aberturas de los bordos aún están atrapados en sus comunidades.

La única opción que tienen los pobladores para llegar a Amapa, Monterrey, Buena Vista, aldea La Victoria, finca Cob, campo Bret, aldea El Paraíso, colonia La 70, Las Chumbas, Río Chiquito y la aldea Urraco es en lancha por todo el río Ulúa.

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El río UIúa pasa en medio del campo Amapa y sigue inundando otros campos como Monterrey y Bret.

Las calles que llevaban a esos campos y aldeas fueron destruidos por las tormentas Eta y Iota, que además dañaron la red de agua potable y alumbrado eléctrico.

Muchos habitantes de los campos bananeros lograron salir antes de que fueran azotados por Iota hace dos semanas, pero otros se quedaron a cuidar sus pertenencias. Poco a poco el resto está regresando, encontrándose con más necesidades.

Nos hemos unido para ayudar a los que perdieron sus casas con ropa, comida y albergue.

Epifanio Paguaga, afectado.

No tienen alimentos; su ganado, ovejas, milpas de maíz y otros cultivos como banano fueron arrasados por el río y no tienen que comer.

Al hacer el recorrido en lancha río abajo se pueden observar las primeras destrucciones causadas por las crecientes del Ulúa en los bordos. Hay aberturas hasta de 300 metros y el agua está dentro de plantaciones de palma africana, que según los trabajadores ya no servirán.

Tras escuchar el ruido de la lancha, vecinos alojados en covachas en los bordos salen corriendo para la orilla, pues esperan ayudas, sobre todo de agua en bolsa para los niños y alimentos.

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En la zona hay viviendas destruidas, animales muertos y las necesidades de los damnificados.

“Ellos se han mantenido con los guineos que cortan de las plantaciones y comiendo animales que sobrevivieron a la inundación”, comenta uno de los vecinos de la zona. Al llegar al campo Amapa, otro grupo de personas espera ayuda, ellos también improvisaron covachas en las que han acomodado lo que pudieron salvar de la inundación.

Luego de pasar por las covachas a lo largo del bordo se aprecia la aniquilación en medio del campo Amapa.

El puente de concreto que conectaba con la calle quedó destrozado y cerca quedaron unas diez casas y ocho carros que los pobladores intentaron sacar, pero el agua los arrasó.

Con el agua estancada vamos a limpiar nuestras casas, no tenemos ni luz en la aldea.

María Rodríguez, afectada.

La calle de acceso a la comunidad está perdida y los habitantes que se quedaron en un extremo tienen la opción de salir por el río con una lancha y a otros solo les pasan alimento por partes del Ulúa menos profundas.

Gian Carlos Castañeda, habitante de Amapa, dijo que con la tormenta tropical Eta sufrieron daños, pero no como los que les dejó Iota, pues terminó de destruirles todos los accesos.
Expresó que solo pueden llegar a Amapa en lancha, pero solo hay dos que están prestándoles el servicio.

Las que eran calles principales están convertidas en ríos. Cuando hace sol el agua baja, pero despacio, y cuando llueve el caudal aumenta.

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casas fueron destruidas y otra gran cantidad fue inundada en el campo Amapa, considerado uno de los más poblados en los bajos de El Progreso.

Quieren regresar

Los pobladores de los campos aún están en albergues en El Progreso, otros en casas de amigos o personas solidarias, pero muchos quieren regresar; sin embargo, no pueden por falta de lanchas y porque muchas viviendas aún están inundadas.
Situaciones similares viven pobladores de campo Bret y Monterrey.

En las zonas bajas, las casas están inundadas de agua y comienza a sentirse el mal olor por la gran cantidad de animales que se ahogaron.

Con estos habitantes se han solidarizado fundaciones que llegan a dejarles alimentos preparados, pues no tienen agua potable ni energía eléctrica.

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Muchos habitantes siguen refugiados en los bordos en covachas y a ellos solo se puede llegar en lanchas .

María Anoria Rodríguez, vecina de Monterrey, contó que lograron rescatarla durante una llena y que ha vuelto a su casa para comenzar la limpieza, aunque sea con el agua estancada.
“Va bajando despacio el agua, pero necesitamos las casas para vivir y continuar nuestra vidas”, dijo la mujer que solo vive con su esposo.

En el campo Bret, Epifanio Paguaga pasó con su padre las dos tormentas en su barracón, del cual tratan de sacar el agua de la parte baja, pero llevan una semana sin lograrlo.

Conmovido

Lenín William es uno de los lancheros que ayuda a los campeños y dice que le conmueve ver tanta gente que necesita agua y alimentos.

William recorre todo el río Ulúa hasta llegar a Urraco donde también debe cuidar el ganado que tienen, pues muchas personas ante el hambre los destazan.En las lanchas los pobladores mandan a comprar alimentos y gas LPG para cocinar.

La Prensa