Un muerto y cuatro heridos en desalojo a lavanderos de carros en bordos de río Blanco

La refriega que se suscitó entre policías municipales y pobladores dejó el trágico saldo.

SAN PEDRO SULA.

La muerte del dueño de un car wash y cuatro heridos dejó ayer un desalojo que pretendió ejecutar la Policía Municipal de los negocios de lavanderías de carros que funcionan en los bordos de río Blanco y debajo del puente de esa zona.

Un contingente de agentes municipales llegó a las 6:00 am al bordo sur del río donde hay varios establecimientos de ese tipo y pulperías. Al ver que la maquinaria y los municipales iban a desalojarlos, los vecinos y dueños de negocios se armaron de machetes y palos para no permitir que los sacaran de los predios.

Dijeron que las autoridades municipales a cargo del operativo desde que llegaron quisieron destruirles sus casetas y las viviendas; pero el gerente municipal de Prevención, Seguridad y Movilidad, José Alfredo Ponce, aseguró que se les dio dos horas para que desalojaran pacíficamente el lugar.

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Momento en que uno de los pobladores del bordo se subió con su machete para tomar como rehén al conductor de la retroexcavadora municipal.

Desde el inicio los pobladores dijeron que no se iban a salir por su voluntad y que no permitirían que los sacaran. Mientras transcurría el tiempo se daban conatos de enfrentamientos entre los policías y pobladores y cada vez era más tenso el ambiente.

A eso de las 8:30 am cuando un tractor arrancó y quiso avanzar para destruir una de las casas, uno de los manifestantes se subió a la máquina y con machete en mano sujetó al operador del cuello y en forma amenazante movía el arma contra su cuerpo con la intención de quitarle la vida; pero al final desistió de sus intenciones y se bajó. A esa hora ya se estaba desatando una lucha cuerpo a cuerpo entre los agentes y los habitantes.

Otro grupo lanzaba piedras contra los policías y estos se defendían con los escudos antimotines. En medio de la refriega se oían disparos y de repente del lado de los manifestantes se escucharon gritos: “Hay un herido, hay un herido, ayuda, ayuda, una ambulancia”.

En el suelo estaba un hombre sangrando y sus familiares queriéndolo auxiliar. El herido fue llevado al hospital Mario Rivas en un carro particular, pero cuando ingresó al centro asistencial ya había muerto.

La víctima es José Rafael Flores Hernández (de 36 años). A eso de las 9:00 am, los policías municipales se retiraron del área del conflicto hacia el bulevar del norte y los manifestantes también se dirigieron a esa vía, de la cual se tomaron ambas trochas atravesando dos rastras en cada una de ellas y quemando llantas. La refriega dejó dos manifestantes heridos y dos policías lesionados.

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José Rafael Flores Hernández murió en el hecho de un balazo en el brazo izquierdo.

A eso de las 11:15 am, un contingente de la Policía Nacional llegó lanzando gas lacrimógeno y dispersando a los manifestantes al rociarles agua con una tanqueta los desalojaron del bulevar después de casi una hora de estar luchando para despejar la vía. Además utilizaron un helicóptero para disuadir la toma.

El funcionario municipal José Alfredo Ponce explicó que “es un desalojo en el bordo de río Blanco, debido a que hay bastante contaminación ambiental, hay bordos que habían tomado algunas personas, y ahora han puesto negocios de car wash, pulperías y poco a poco se están tomando la parte sur del bordo de Río Blanco por el bulevar del norte”.

Agregó que la Municipalidad tomó una resolución “para proceder al desmantelamiento de chozas, casas, negocios, pulperías, en los bordos”. Precisó además que han venido dialogando desde el principio del año con los pobladores; pero estos no han querido acatar las disposiciones de la alcaldía y “se les dio dos horas, venimos desde las seis de la mañana a hablar con ellos, hasta las 8:30 am iniciamos el desalojo”.

El gerente resaltó que “solamente se estaba actuando contra los negocios, car wash, a las demás personas solo se les estaba citando”.

Los dueños de los lavanderos de carros calificaron de injusto el desalojo porque de los negocios dependen unas 300 familias y hace más de diez años están en el lugar y “ahora de repente vienen, no mandan una orden y nos agarran a quemarropa dándoles vuelta a las casas con una máquina”.

La Prensa