Las cargas sociales de ser mujer en La Mosquitia

La situación geográfica de Gracias a Dios, sumado a la pobreza, eleva la canasta básica

Las misquitas enfrentan las dificultades de vivir en el rezago social, pero unidas luchan por cambiarlo.
Las misquitas enfrentan las dificultades de vivir en el rezago social, pero unidas luchan por cambiarlo.

Puerto Lempira.

Cuando la menstruación viene antes de la fecha de pago, Yuam Pravia (31 años) busca entre su ropa alguna prenda que esté por desechar y con tijeras recorta pedazos de tela gruesa para protegerse.

Cada mes, la periodista asentada en Puerto Lempira, Gracias a Dios, debe presupuestar al menos 200 lempiras para costearse las toallas sanitarias y demás productos de higiene personal.

“Aquí tenemos la canasta básica y la energía más cara de Honduras, incluso más caro que Islas de la Bahía”, aseguró Yuam.

En Puerto Lempira, un paquete de 10 toallas sanitarias, de la marca comercial genérica, cuesta entre 35 y 40 lempiras, y las nocturnas, 55 lempiras, que equivalen a L20 adicionales a los precios de pulperías en San Pedro Sula y Tegucigalpa.

“La menstruación sigue estigmatizada en La Mosquitia. En los pueblos tierra adentro, no todas tienen acceso a comprar toallas sanitarias y por la misma situación de pobreza, la mayoría de casas son de una sola habitación”, contó Yuam.

Mujer hondureña
Hoy se conmemora el Día de la Mujer en recuerdo de las conquistas sociales que se les otorgó a las féminas en 1955.

En la cabecera departamental, cinco de cada 10 viviendas obtiene agua del pozo malacate y solo 2.8% del sistema público, según el Instituto Nacional de Estadísticas con datos de 2018.

La Alianza para el Desarrollo de La Mosquitia, a través de la línea base del territorio que recién finalizó, reveló que el ingreso promedio per cápita de hogares es de 2,005 lempiras por año y para una familia con trabajo formal, el ingreso promedio es de 2,500 lempiras al mes.

Fuera de Puerto Lempira, cuya conectividad desde La Ceiba ronda los 350 dólares (8,575 lempiras) ida y vuelta, los accesos al resto del departamento son aún más complicados, y por ende, los productos básicos son más caros o incluso escasean.

Frente a la pobreza que sufren las más de 100,000 personas que habitan en Gracias a Dios, muchas son mujeres, en su mayoría que se identifican a sí mismas como misquitas, las que se ven obligadas a hacer a un lado sus propias necesidades.

Durante su período, cientos de mujeres de esa región se cubren con trapos que lavan para reutilizar el siguiente mes y la poca higiene a la que se ven expuestas las hace más vulnerables a enfermedades.

Esfuerzos.

A través de organizaciones comunitarias, son cada vez más las mujeres de diferentes edades que están asumiendo roles de liderazgo para el desarrollo de actividades que permitan que más familias prosperen.

“Hay muchas madres solas y mujeres extremadamente necesitadas y padres muy irresponsables que dejan abandonadas a sus familias y también niños necesitados, todo eso deja mucha pobreza”, dijo Mayra Martínez Zelaya (52 años), maestra y líder comunitaria en Ahuas.

Desde su adolescencia y cuando se graduó de maestra a los 17 años, Mayra se ha involucrado en iniciativas para el desarrollo, y aunque desde entonces ha visto cambios importantes, los desafíos aún persisten.

“En La Mosquitia hay pobreza porque no hay apoyo económico y porque no hay educación”, dijo.

A las misquitas
Son cada vez más las mujeres misquitas que luchan por la equidad. A cada una de ellas: “Yua yamni miskita mairin nani”.

En promedio, gran parte de niños y niñas desertan de la primaria al quinto o sexto grado, por motivos diferentes.

“Los niños se ven como cayuqueros y dicen ‘aunque estudie siempre seré campesino’. He visto que las madres, por la poca educación que tienen, si su hija llega a la adolescencia y alguien viene y le pide la mano la entregan como para salir del mismo compromiso”, relató la maestra.

En esta situación, niñas entre 11 y 13 años tienen hijos y ante ello, las organizaciones de mujeres buscan incidir al respecto.

“Estamos tratando de concienciar en esos temas y hacerlos relevantes para las mujeres. Las niñas teniendo bebés, no tienen la capacidad de criar un hijo y menos de tratar con un hombre, que en la mayor parte de los casos, son supermayores que ellas”, aseguró Loly Gream, quien trabaja como consultora de la Organización de Mujeres Indígenas Misquitas (Mimat, por sus siglas en misquito).

La también orientadora destacó el trabajo de las mujeres organizadas en procurar que las niñas y las jóvenes disfruten de su edad.LC menstruacion 250120(1024x768)

“Al ser madres, pierden ese derecho a la educación y a vivir su vida, se enfocan en su hijo y trabajan por mantenerlo”, agregó.

Por medio de proyectos liderados por la Asociación de Mujeres de Ahuas, grupos de mujeres organizadas proveen ingresos económicos a sus hogares a través de la recolección de basura y venta de comida y repostería.

“No hay empleos y con lo poco que estamos trabajando, todavía no nos alcanza. Tenemos muchas necesidades, por ejemplo, ocupamos acceso a préstamos que nos permita más capital para apoyar a más mujeres”, indicó Dina Nicolás Wilson, presidenta de la asociación.

Con un buen manejo y la clasificación de basura, que luego venden a empresas de reciclaje en San Pedro Sula, Dina está convencida de que los casos de malaria en el municipio se redujeron.

Salud.

Hasta 2019, el Hospital de Puerto Lempira, con más de 34 años de funcionar, sumó a su equipo el primer internista.

“Logramos conseguirlo. Ahora tenemos tres ginecólogos, tres pediatras, un internista y dos cirujanos, pero necesitamos un ortopeda, dos cirujanos más, un pediatra más y por lo menos dos internistas más. Lo que pasa es que el médico especialista en nuestro país, muchos, no se quieren ir a La Mosquitia”, aseguró Egla Santely Pravia, directora del Hospital de Puerto Lempira. El año pasado, la Secretaría de Salud aprobó una ampliación de siete millones de lempiras al presupuesto del centro hospitalario básico, para totalizar 105 millones de lempiras. “Desde noviembre pasado estoy detrás de dos ginecólogos y logré convencerlos. Estoy esperando el sí al incremento del presupuesto o si el nivel paga el servicio de los dos ginecólogos y ya contaríamos con cinco. Estoy buscando un internista y pediatras, pero nadie me ha dicho que sí”, dijo Santely Pravia.

Más carencias.

Las necesidades de la población son grandes y la pobreza muy marcada, añadió la doctora. “La gente tiene que salir en pipante (un bote pequeño) hasta a un lugar para acceder a un carro que a veces llega una vez a la semana y a veces tienen que caminar por horas hasta llegar a una carretera. ¿Cómo la gente va a luchar para montar una pulpería?, la situación geográfica dificulta mucho”, añadió.

Cuando hay pulperías en tierra adentro, los precios se disparan. Por ejemplo, en Villeda Morales hay temporadas que el refresco de tres litros cuesta L150.

Según el INE, la tasa de mortalidad infantil en Gracias a Dios es de 17.2%, que refleja la realidad de las mujeres embarazas.

“La mayoría va al hospital hasta finales de su embarazo, solo para el ingreso y al parto. Hay mucha prematuridad, infecciones neonatales por las causas que sean o las malformaciones, porque no tienen un control prenatal debido y adecuado. La gente todavía tiene un poco de ignorancia con este tema”, contó Santely Pravia.

En el hospital de Puerto Lempira han recibido casos de mujeres de 28 años que por primera vez reciben atención médica, pero que ya tienen hijos.

A través de diferentes gestiones, el equipo administrativo del centro hospitalario está luchando por cambiarlo a un hospital general, con los que puedan proveer más servicios médicos especializados. “Una se siente impotente porque hay cosas que son muy difíciles de cambiar, pero seguimos trabajando”, dijo Santely Pravia.

La Prensa