EXCLUSIVA: La carta íntegra del arrepentimiento de Fabio Lobo

Diario LA PRENSA revela el contenido del escrito que Lobo leyó a la jueza de Nueva York, pero que no evitó que recibiera una condena de 24 años.

Nueva York, Estados Unidos.

Todo estaba listo el pasado martes para que Lorna Gail Schofield, jueza de distrito, dictara su sentencia contra Fabio Lobo en el palacio de justicia Thurgood Marshall del distrito de Manhattan, Nueva York, cuando algo inesperado pasó.

Manuel Retureta, abogado defensor del hondureño, pidió la palabra y ella se la concedió. “El señor Fabio quiere hablar…”, dijo de forma escueta el litigante.

La jueza entonces se dirigió a Lobo. “Usted no está obligado a hablar, ¿entiende eso?”.

Con voz suave, Lobo respondió: “Sí, su señoría”.

La jueza preguntó de nuevo: “¿Está seguro?”. A lo que el hondureño contestó con un solitario “Sí”.

Schofield procedió entonces a darle su autorización. Lobo se puso de pie, realizando cierto esfuerzo, ya que tenía grilletes en los tobillos, y desdobló un papel que tenía entre las manos. Era su carta de arrepentimiento.

A los pocos segundos de comenzar a leerla no pudo contener las lágrimas y lloró desconsolado frente a la jueza, al grado que por momentos casi era incapaz de seguir leyendo.

A continuación, Diario LA PRENSA, el único medio hondureño que estuvo en la audiencia de sentencia contra Lobo, revela el contenido íntegro de la carta que Fabio Lobo leyó en la Corte Federal de Nueva York antes de ser sentenciado.

“Buenas tardes, a usted, su señoría, y a todos los presentes.

Gracias por darme la oportunidad de hablar. Primeramente pido perdón a los Estados Unidos por mi error, pido perdón al pueblo de Honduras, a mi madre, a mi padre, que no tuvo nada que ver con todo esto, pido perdón a mis hijas y a mi esposa, quienes han sido mi apoyo tras mi error.

El día a día no ha sido fácil por mi error. Se supone que yo debía ser un ejemplo para la sociedad, para mis hijas, ahora me arrepiento por mi error.

Me declaré culpable por aceptar haber confiado en malas personas y negocios, en gente de mal corazón.

Yo solo buscaba un beneficio propio. Fui vulnerable, a pesar de los consejos de mis padres.

Fallé a toda mi familia sin necesidad, pues tuve todo en la vida.

Dios me ha bendecido. No valoré todo lo que Dios me dio ni medí las consecuencias del daño que hacía.

Pido perdón desde lo más profundo de mi ser y pido que Dios toque su corazón. He aprendido mi lección por mi error. Me equivoqué y ahora pago un precio muy alto porque la libertad no tiene precio; perdón.

Le suplico a usted que me dé una pena mínima para volver con mis hijas de cinco, 13 y 17 años. Júzgueme a mí, Fabio Lobo, por mi error.

Ya tengo tres años de estar preso, lejos de mi familia; he sufrido.

Gracias, su señoría, y que Dios toque su corazón”.

Tras leer su carta volvió a sentarse esperando su sentencia. En el rostro de la jueza se hizo evidente que la declaración de Fabio logró conmoverla.

Sin embargo, al retomar la palabra, Schofield explicó a Lobo que creía en la sinceridad de su arrepentimiento, pero que ella debía imponer una pena con base en lo que dictan las leyes, las cuales dieron pautas que indicaron que la sentencia debía ser muy grande en un caso de esas características.

“Lo siento, veo que es un hombre joven, y es una lástima, pero en su caso no solo es el testimonio en su contra (del cachiro Devis Rivera), sino también las grabaciones, las fotos. Usted no era como un policía ayudando al tráfico de drogas, que es un funcionario de bajo rango. Usted era el hijo del Presidente en ese momento y usó sus grandes contactos para ayudar al tráfico de drogas. Usted está casado, tiene hijas. En realidad, tristemente el peso mayor es para ellas”, indicó la jueza.

Tras su argumentación, la jueza condenó a Fabio Lobo a 24 años de cárcel y expresó su pesar a la familia de Lobo. “En casos como estos lo triste es cómo afecta a las familias, pero esto es la ley”, concluyó diciendo la jueza Schofield.