No podemos detener el tiempo, es ésa una realidad abstracta que jamás se detiene; similar situación se da con las lenguas -aunque éstas se materializan con el habla-. Por eso el análisis de la gramática estructural de Ferdinad de Saussure es sincrónico, o sea que la lengua se estudia en un momento dado, lo que explica la aceptación que ningún idioma es estático, que nunca adquiere esplendor ni desarrollo pleno. Dice el lingüista William Whitney que la lengua no es un hecho biológico, sino social -además de histórico- que el hombre ha inventado para comunicarse. Pero de ninguna manera es una realidad caótica o incoherente cuando se actualiza en el habla; por eso es que Eugenio Coseriu decía que el estructuralismo, aparte de considerar la lengua como medio de comunicación, también la consideraba como un sistema, como un conjunto estructurado de unidades relacionadas entre sí que se definen por oposición. Todo esto no busca purificar un código de comunicación, se trata de observar cómo el usuario de modelos léxicos los va acomodando a sus necesidades y así los actos de habla se van volviendo ricos para luego alimentar al idioma.
Está muy claro que los códigos lingüísticos dominantes fácilmente van diluyendo a los que en su esencia presentan flaquezas. Por el poderío de su área de uso, el inglés no ha recibido paquetes extraordinarios de voces vecinas, aunque sí ha tomado préstamos léxicos, pero en muy pequeñas cantidades. Esto no quiere decir que el castellano debe imitar o subyugarse a la lengua invasora; empero hay verdaderos tecnolectos que nacen por la falta de voces propias en el ambiente comunicativo adonde llegan, como software, hardware, chip, pin y otras. Un dirigente de la caficultura hondureña anunciaba en un diario sampedrano que 'el rubro del negocio de la venta del café andaba muy bien'. ¡Banal verbosidad! Los eonomistas argentinos quisieron ser filólogos y buscaron un homógrafo de 'encarnado, rojo, título, rótulo', para referirse a una actividad comercial: rubro. La palabra algunas veces podría estar bien aplicada, parecido a banco y banco, cura y cura y otros homónimos. Lo molesto es el abuso y equivocado uso de ese geolecto, porque para ello está 'sector, actividad, negocio' con el mismo concepto. La RAE aún no ha incluido el significante rubro como signicado de sector o actividad mercantil o comercial.
La RAE admite la palabra stand como 'instalación dentro de un mercado o feria, para la exposición y venta de productos'; sin embargo, esta palabra inglesa sobra en el castellano porque existe 'caseta, pabellón o puesto'. Cada una de estas tres lexías, como cualquier sinónimo, responde a un contexto determinado: 'Mi colegio presentó sus productos en un atractivo puesto de la feria'. 'Ese cantante está en el ranking de los mejores en su género'. No sé por qué insistimos con esta palabra inglesa si tenemos las equivalentes: lista, tabla, rango, clasificación. Por eso de la energía activa y propulsora de la lengua, la Academia acepta esta palabra, incluso el DPD la registra como 'ranquin'; no obstante, aconseja usar las españolas correspondientes.
Sabemos que el fútbol -anglicismo- es un deporte que arrastra una serie de términos que engruesan -o engrosan, es lo mismo- el caudal del castellano. Es difícil que alguien desconozca los significados de 'córner y gol', si son palabras que están hace años en los diccionarios españoles. Córner coexiste con 'tiro o saque de esquina'; pero nadie diría que la Bicolor le ganó a México por una 'meta', sino por un gol. Todos sabemos que en el fútbol, penal es la máxima sanción que se aplica a ciertas faltas del juego cometidas por un equipo dentro de su área. Penal viene del inglés penalty y aquí casi nadie dice así, todo mundo habla de penales.
Es normal escuchar que no fue gol porque el jugador estaba 'outside'. Si bien esta palabra aún no la registra ningún diccionario español, nadie alega ignorancia que en el deporte rey esto significa 'posición adelantada'. Como vemos, no somos puristas, somos aperturistas, pero con medida y reflexión.