Quienes dicen que el amor no tiene edad, realmente tienen razón. Desde muy pequeños los niños comienzan a experimentar atracción por el sexo opuesto, un amor inocente y realmente puro que no pretende ir más allá de un sentimiento.
Lo importante es caminar de la mano con ellos para evitar que sufran decepciones amorosas que los afecten más de lo normal. La psicóloga Candy Córdoba explica que este proceso es algo natural y no es para que los padres se alarmen. En muchos casos es una atracción puramente física.
Sentimientos infantiles
En el niño sano existe una inclinación natural y fuerte al amor, pero hacia sus padres, hermanos, abuelos, mascotas, etc. Ése es un amor profundo, intenso y duradero. Pero el amor hacia un tercero del sexo opuesto es un sentimiento completamente especial, con otras particularidades.
Puede darse a esta edad porque en el cerebro existen sistemas funcionales que son sensibles a ciertas claves que provienen de otro, que impresionan y mueven una emoción y, más adelante, un sentimiento especial llamado amor.
Lo habitual es que ese “enamoramiento precoz” quede sólo en lo platónico por la imposibilidad de que se concrete, se transforme en simple amistad o quede en el olvido. Por ejemplo, el niñito tímido que se enamora de la niñita líder del curso o de la profesora por la dulzura o suavidad conque lo trata, pero es parte de un proceso de cambio y de desarrollo en los pequeños, explica la psicóloga. En el caso de las niñas, éstas suelen enamorarse de niñitos bonitos, varoniles, pero que al mismo tiempo tienen un equilibrio armónico entre lo varonil y lo gentil.
Se enamoran de los chicos que son fuertes, capaces de defenderlas.
Siga estos consejos
Pero cuidado, por gracioso que pueda parecerle que su hijo o hija le diga: “Mamá, me gusta alguien” no deber reírse, es importante que sepa escuchar sus sentimientos; ellos realmente se sienten importantes con lo que les está pasando y necesitan mucho apoyo y consejos. Mientras todo se torne un juego de niños no hay problema, dice Córdoba, la situación se dificulta en la preadolescencia, cuando no son correspondidos o se sienten rechazados por esa persona que ellos consideran especial.
Respecto al amor, ahora ya no tienen “novia” como cuando eran pequeños, pero sí les gusta alguna chica o algún chico ya no lo dicen abiertamente como antes, tienen miedo a ser rechazados o que se entere el resto de compañeros y se conviertan en objeto de burlas. Ahora ya tienen muy desarrollado el sentido del ridículo y las decepciones en el terreno amoroso puede llegar a ser un verdadero problema para ellos.
En el caso de las pequeñas, son más abiertas que los varones para confiar a su madre sus sentimientos. Los padres deben tratarlos como a auténticos adultos, en ningún momento mofarse o restarle importancia a los hechos, de lo contrario correría el riesgo de que sus hijos no vuelvan a confiar sus sentimientos, se sientan incomprendidos y se alejen. Hay que recordar que en esta edad los hijos ya se sienten autónomos e intentan alejarse de su entorno familiar, aunque por otra parte buscan refugio en él ante cualquier contrariedad o fracaso que encuentren en su vida cotidiana.
Lo importante es que los padres estén allí en sus primeras decepciones amorosas para comprenderlos y apapacharlos mucho. Esto también es parte la vida con los hijos y un proceso que tienen que vivir y superar.