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La ficción y la realidad

  • Actualizado: 06 julio 2009 /

Es muy coqueta. Le gusta la ropa colorida, los tatuajes de henna y maquillarse. Lleva su inicial colgada del cuello en una medallita de oro. Así se describe a Rubina Ali.

    Es muy coqueta. Le gusta la ropa colorida, los tatuajes de henna y maquillarse. Lleva su inicial colgada del cuello en una medallita de oro. Sonríe poco, pero cuando lo hace sus ojos multiplican su increíble brillo. Tiene 10 años. Le divierten las pequeñas travesuras, como desarmar un celular o esconder a su tío la tarjeta que abre la puerta de su habitación del hotel.

    Rubina Ali, la actriz conocida en todo el mundo por su trabajo en “Slumdog Millionaire”, parece no poder despegarse de su personaje, Latika, esa niña que conmovió a miles de espectadores.

    ¿Hollywood o Bollywood? “No sé”, dice pícara. Se queda en silencio, sonríe y, de repente, suelta “Bollywood”. Sus ídolos son de esa industria: “Salman Khan y Priti Zinta” .

    Presente

    “Mi vida no ha cambiado, no hay diferencia”. Aún así, seguro que la ven como la princesa de Garib Nagar, que literalmente significa “zona de los pobres”. Con quien no juega es con los otros niños de la película, contesta seria que no mantiene contacto con ninguno de ellos.

    Va al colegio “todos los días” y entre las asignaturas que le gustan destaca “inglés y dibujar”. En cambio, odia las matemáticas. La escuela la paga Danny Boyle, al que llama “tío Danny”. Y no le gusta mucho leer, prefiere la tele.

    Rubina está viviendo su propio cuento. Es como una Cenicienta que cuando acaba sus compromisos profesionales vuelve a la realidad. Un contraste demasiado duro. De los hoteles con camas enormes y piscinas a volver a dormir en el suelo bajo techos efímeros.