Redacción. El estrés laboral, los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo favorecido por la tecnificación del trabajo forman una combinación explosiva para el aparato digestivo y el peso corporal.
El resultado es mala digestión, obesidad y un peor rendimiento. Por eso, una nueva estrategia propone ordenar las comidas no sólo en casa, sino también en la oficina o en donde sea el lugar de trabajo. Y no se trata sólo de trasladar comidas saludables del ámbito privado al público, sino de estar preparado para que cualquier adversidad de la agenda laboral no lleve indefectiblemente a consumir más calorías.
Elija platos que se digieran bien; para proseguir con normalidad con la jornada laboral después de la comida, hay que optar por alimentos que favorezcan la digestión y eviten la pesadez estomacal.
Para ello hay que reducir el consumo de grasas y aumentar la ingestión de frutas y verduras, así como de productos lácteos.
Evite las golosinas y gaseosas como meriendas.
Además
Elija sus alimentos de acuerdo al tipo de trabajo que realiza, para que le proporcionen la energía que requiere su organismo.