El origen del insomnio puede estar en múltiples factores psicológicos como la vulnerabilidad emocional. Algunas personas cuando enfrentan periodos de estrés padecen dolores de cabeza o indigestión, por lo tanto no pueden conciliar el sueño. En estos casos el apoyo psicológico puede ayudar a manejar los problemas que desencadenan el insomnio y a recuperar, por consecuencia, el sueño. Además, el insomnio puede provocar que el paciente despierte más temprano de lo deseado, que puede ser indicativo de una depresión.
Uno de cada tres adultos presenta este problema por lo menos una vez al año, y las mujeres lo sufren más que los hombres; también en las personas de la tercera edad aumentan las posibilidades de padecer insomnio, debido a que el patrón de sueño se invierte conforme pasan los años.
“Debe considerarse además a quienes duermen y sienten que no descansan, y los que están somnolientos durante el día, situación que puede durar semanas, meses o hasta años”, explica el especialista.
Los niños y adolescentes también lo padecen, los índices de prevalencia van desde los seis meses hasta los dos años y oscilan entre 20 y 30 por ciento.
Un estudio realizado a niños de entre 6 y 14 años identificó que se presentaba en un 50 por ciento de los pacientes.
Para dormir mejor
Se cree que el ejercicio matutino programa el cuerpo para un día de actividad y una noche de buen dormir. Sin embargo, el ejercicio nocturno podría retrasar la parte del ciclo “dormir-despertar”. También pone más inquieta a las personas, al incrementar niveles de hormonas y crear ácido láctico.
El mal uso de pastillas somníferas es otro problema. Aún las que tienen un riesgo bajo de adicción, al usarse diariamente pierden su efectividad al cabo de algunas semanas, y si se suspenden de forma abrupta, pueden tener efectos contrarios a su fin original.