Mi papá a diferencia de mi mamá, tenía un carácter más explosivo, sin embargo, recuerdo que cuando se le pasaba la mano en algún castigo que me aplicaba no tenía problemas para llegar a buscarme a reparar su error, me pedía perdón y me llenaba de cariño.
Aún y cuando mi infancia transcurrió en un hogar lleno de amor, de niña tuve que enfrentar otras adversidades que pusieron a prueba mi autoestima. Recuerdo que tuve la misma maestra por seis años, ¡fue demasiado! Pasé muchas experiencias tristes. Ella acostumbraba descalificarme constantemente, llegó al punto de decirle a mi mamá que yo siempre iba a ser una estudiante promedio y que con mucha dificultad iba a conseguir 80 en mis notas como tope. De pequeña mi mamá me enseñaba que lo que mi maestra decía era “santa palabra”, después de todo; “ella era la que sabía”.
Hoy entiendo que mi mentora se equivocó, años después mi mamá también lo entendió. Duré muchos años lidiando con temores e inseguridades relacionados con el estudio pero finalmente terminé consiguiendo el éxito que esperaba. Probablemente, mi mamá sin enterarse de la telaraña que se había tejido con la “profecía” de mi maestra, decidió confiar en mis capacidades y darme apoyo cada vez que yo lo necesité. Igual batalló cada vez que yo me autodesanimaba diciendo que no podía realizar alguna cosa, o que iba a abandonar algún proyecto…ella nunca me lo permitió.
Esta es la experiencia de una mujer que de niña fue afectada su autoestima considerablemente y que sólo con el apoyo y comprensión de sus padres logró vencer las adversidades que se le presentaron. El cuadro anterior es uno de los ejemplos que aclara el caso de padres que no entienden el porqué, si en sus casas procuran generar un espacio sano, lleno de amor y de valores, de la “nada” sus hijos/as empiezan a mostrar sentimientos de inferioridad. Lamentablemente esta situación penosa tiene que ver con alguien que se dedicaba a formar niños, lo cual no se da como una regla general, de ninguna manera, pues existen muchas otras circunstancias que pueden afectar de igual forma a un niño. Pero resulta que en lo que quizás se falla es en entrenar y orientar a los hijos con el objetivo de construir relaciones sanas, y en el saber establecer límites en el trato con los demás.
“Los sistemas familiares rígidos o sin estructura alguna propician la baja autoestima. Padres y madres sobreexigentes, que quizás no les digan palabras duras a sus hijos, pero sí los hacen sufrir el fracaso. Dentro del ámbito educativo, he tenido la experiencia de conocer a padres y madres que por una nota de 100 son capaces de lo impensable: he visto a algunos pelearse con los docentes y hasta llegar a alterar notas o tareas. Algunos que dicen con orgullo al recibir la nota de su hijo, 'cuánto me saqué’, como si ellos fueran quienes están estudiando, cayendo en una etapa regresiva. Por otra parte, conozco también a quienes con indiferencia condenan a sus hijos al conformismo, los acostumbran a la falta de logros, de modo que cuando son adultos se preguntan por qué ellos nunca sobresalieron o no lograron conseguir sus metas.” explica Tatiana Carrillo, psicopedagoga.
También es necesario considerar la autoestima en la adolescencia la cual es fluctuante. Es la época en donde toman un lugar protagónico la necesidad de aceptación y la pertenencia al grupo. Es normal escuchar frases como “soy fea”, “todos me ven”, “que van a pensar de mí”, etc. Una gran parte de esto se resuelve escuchándolos, así nada más… escuchándolos….
Recomendación
Exprésale, sin caer en la necesidad de convencerlos, que son preciosos/as, conversa con ellos/as sobre sus inseguridades y pregúntale qué podrías hacer para que se sientan mejor. Muchos adolescentes se quejan de que sus padres no los entienden, y es precisamente por eso… porque no los escuchan.
“Si en algún momento tus hijos/as manifiestan en sus acciones la necesidad de llamar la atención, bueno... ¡préstales atención! Una mamá me decía que su hijo había agredido a otro niño sin razón alguna, sólo para llamar la atención. Esto no es posible, cuántas personas se encuentran privadas de libertad porque la necesidad de llamar la atención los llevó a cometer graves errores.” comenta Carrillo. “El trastorno por Déficit Atencional está asociado a una baja autoestima, son niños que por sus dificultades en el control de impulsos tienden a traspasar los límites, provocando que experimenten sentimientos de frustración, falta de logro. En ocasiones, se sienten rechazados, incapaces de adaptarse, desarrollan temores o sentimientos de inadecuación.”
Recomendaciones que pueden ayudar a obtener una sana autoestima:
- Ten cuidado de fomentar la perfección porque cuando se enfrente tu hijo al error, experimentará devastadores sentimientos de impotencia y fracaso. Toma los errores como formas de enfrentar a tu hijo a sus propias limitaciones o como oportunidades para ser mejores, pero nunca exijas perfección.
- No basta con decir palabras bonitas. Házle sentir especial y único. Llénalo de cariño, abrázalo, aprovecha cualquier oportunidad para reforzar sus fortalezas.
- Enséñale a lidiar con la frustración, no lo dejes sumido en la impotencia.
- La baja autoestima que no se trabaja o no se atiende a tiempo puede desencadenar problemas asociados tales como trastornos alimenticios, tendencias depresivas, problemas de conducta, entre otros. Si tú te enfrentas a alguno de estos problemas con tus hijo, busca ayuda, trata de consultar a algún profesional en el área de psicología que le pueda ayudar. Y si así lo prefieres, hay terapeutas que trabajan de forma integral lo emocional con lo espiritual, lo importante es buscar ayuda lo más pronto posible.