Por muchos años la violencia en el trabajo ha sido un fenómeno que no ha salido a luz, provocando caos en la vida laboral del trabajador.
Se considera un problema emergente en el que se deben tomar cartas para evitar daños severos a las personas que son sus víctimas.
Las ocupaciones con mayor riesgo de violencia laboral son asistencia sanitaria, servicios sociales, agentes de policía, vigilantes, empleados de hoteles, dependientes de comercio, profesores y conductores de transporte públicos y taxis.
La violencia en el trabajo no es sólo peligrosa para el trabajador afectado, tiene también consecuencias sobre la dignidad y la calidad de vida de las personas expuestas a ese riesgo. Más aún, afecta a la productividad por sus efectos negativos y de distracción sobre el ambiente de trabajo. En pocas palabras, la violencia en el área laboral es una costosa carga para el trabajador, la empresa y la comunidad.
Abarca una amplia variedad de comportamientos, desde el maltrato físico al psicológico. Tradicionalmente, la atención se ha centrado en la violencia física, pero cada vez se reconoce más el impacto y el daño que causa la violencia psicológica. Y otro tanto cabe decir contra la violencia perpetrada mediante la repetición de un comportamiento inaceptable, como el acoso sexual, la intimidación o la coacción.
Los empresarios o instituciones contratantes deben tomar medidas para evitar que sus empleados caigan en un riesgo sicosocial, que afecta su vida laboral y personal.
Las secuelas de la violencia laboral pueden ser daños psicológicos, estrés, fatiga laboral, bajo rendimiento en el trabajo, insomnio y mal humor.