El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir con todas las obligaciones: una cita de trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina o tareas pendientes.
Toda empresa desea tener empleados que llegan temprano a sus lugares de trabajo y que cumplan a cabalidad sus tareas.
María Sofía Rodríguez, asesora de talento, dice que la puntualidad en el trabajo es de vital importancia para dotar la personalidad de carácter, orden y eficacia y así desempeñar mejor las tareas y ser merecedores de confianza.
La falta de puntualidad habla por sí misma. De ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización del tiempo, de planeación en las actividades y por supuesto de una agenda. “Es importante que el trabajador cumpla con las reglas y normas que establece la empresa. Llegar tarde puede causarle problemas”.
Asegura que el hábito de ser puntual permite aprovechar el tiempo productivo, con beneficios notables para el mismo trabajador y la compañía.
Desfavorable
La puntualidad de unos que contrasta con la impuntualidad de otros desanima y desmotiva a los colaboradores más comprometidos con la empresa.
“Aquí la impuntualidad puede confundirse con falta de diligencia en prestar atención o el mismo interés por las actividades encomendadas”.
Un aspecto importante es concentrarse en la actividad que se está realizando, procurando mantener atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo.
En el mundo externo de la organización, la falta de puntualidad es sinónimo de deficiente capacidad organizativa, falta de interés y de seriedad y mala imagen.
Rodríguez explica que en una reunión de trabajo esta conducta, aparte de las tensiones que provoca, puede generar retrasos acumulados y en cadena.
“La falta de sincronización en los horarios y retrasos puede provocar pérdidas relevantes en la productividad”, apunta.