La acentuación es un suprasegmento lingüístico que en muchos casos funciona como instrumento prosódico o tonal; pero en otros es de aplicación significativa o distintiva.
Una cosa es 'carne' y otra es 'carné', la primera es la parte muscular del cuerpo humano a animal y la otra, un documento que identifica a la persona que lo porta.
En parejas de palabras como periodo o período, video o vídeo, y tantas otras, la tilde en nada afecta a sus conceptos, refieren lo mismo.
Cuando éramos niños nunca escuchamos que la maestra, o el maestro, nos dijera que la 'ésfera' es una representación de la Tierra; aquellos educadores hablaban de la esfera, una palabra llana, no esdrújula, pero sí mencionaban que la capa de aire que rodea a la Tierra se llama atmósfera y no atmosfera.
Qué problema. Esfera se origina del latín sphaera, con acento fonético en la e, palabra grave o llana.
Es natural entonces que todas las palabras compuestas por este étimo latino conserven la misma acentuación: ionosfera, litosfera, biosfera, geosfera, blogosfera, y todas las que se puedan ir formando.
¿Por qué decimos atmósfera, entonces? Quizá éste fue uno de los primeros términos que se formaron con spahera y la costumbre la fue transformando y ahora decir atmosfera, único caso, es caer en arcaísmo; esto no significa que sea incorrecto pronunciarla aunque haya pasado al baúl de los recuerdos.
Pero el automatismo de la arbitrariedad lingüística ha dado lugar a que todas estas palabras puedan ser paroxítonas o proparoxítonas: da igual decir biosfera que biósfera, troposfera que tropósfera.
Por influencia del inglés 'icono', palabra grave, ha sido convertida en esdrújula por los hispanohablantes y ahora es muy raro que alguien diga 'icono', casi todo el mundo emplea 'ícono'. Ambas pronunciaciones son válidas.
El machismo verbal se resiste a salir de estos territorios occidentales.
Suena insólito decir y escuchar 'la fiscala de turno presentó las pruebas del delito', 'esa ingeniera supervisa toda la obra', 'la arquitecta Núñez elabora buenos diseños' y peor, 'María es médica y cirujana', si en el título que otorga la Unah siempre viene con la frase 'médico y cirujano' independientemente del sexo.
Parece que en el pasado todas estas profesiones estaban sólo para los hombres y eso causó denominarlos exclusivamente en masculino; no obstante, estos suatantivos admiten los dos géneros.
Hubo y sigue habiendo carreras y cargos que desde mucho tiempo atrás han sido compartidas por los dos sexos y no hay ninguna disonancia en sus nombres: profesor-profesora, secretario-secretaria, director-directora.
Por supuesto que hay nombres de oficios que por fonética o por causas morfológicas, como piloto, cabo, sargento, mayor, son siempre masculinos aunque esas designaciones sean compartidas por ambos sexos.
Lo importante es que los hablantes van asimilando los morfemas del 'género' femenino cuando en verdad corresponde y con el tiempo se quedarán como gramaticalmente tienen que ser y de esa forma se evitará esa incómoda exclusión.
Es importante aclarar que las palabras son las poseedoras de género, los seres vivos, como las personas por ejemplo, no tiene género, sino sexo. Un ser humano es femenino o es masculino; pero las cosas, además de estos dos géneros, pueden ser ambiguos, comunes, epicenos. El sexo señala una categoría biológica; el género, aplicado a los seres humanos, es de índole sociocultural.