Se sabe que la primavera es “la estación de las alergias”, que en verano hay que protegerse de los rayos solares debido al riesgo de cáncer de piel, que con el otoño aumentan las úlceras digestivas y que el invierno es sinónimo de gripes y catarros.
Lo que se conoce menos es que los cambios de temperaturas también influyen en el riesgo cardiovascular.
Para cuidar el corazón y las arterias, y mantenerlas en buena forma, no sólo hay que controlar la alimentación, realizar ejercicio físico regular y evitar el tabaco, el alcohol y el sobrepeso.
También hay que vigilar el termómetro y estar un poco pendiente de las condiciones meteorológicas. El continuo devenir cíclico del verano y el invierno a lo largo del año, también se acompaña de una variación en el riesgo de sufrir un problema cardiovascular.
En las épocas de frío patologías como la cardiopatía isquémica, la angina de pecho o el infarto de miocardio son las más frecuentes, mientras que en los períodos de calor, las personas pueden deshidratarse, lo cual acentúa el riesgo cardiovascular en aquellos más propensos a los problemas circulatorios o arteriales.
Frío, el mayor enemigo
Puede ocurrir que algunas patologías cardiovasculares empeoren debido a un cambio climatológico drástico.
“En las épocas de frío, son más frecuentes las patologías como la cardiopatía isquémica (causada por la arteriosclerosis que impide que el corazón reciba la sangre necesaria), la angina de pecho (oclusión súbita por un coágulo de la arteria que no oxigena el miocardio) y el infarto agudo de miocardio (o muerte de las células del corazón por falta de riego sanguíneo en una vena obstruida)”, explica el cardiólogo José María Cruz Fernández.
Esto se debe a que “el frío es un vasoconstrictor (hace que los vasos sanguíneos se estrechen), por lo que las arterias se cierran y es más fácil que se produzca un infarto de miocardio.
También, pueden producirse problemas asociados al calor excesivo. De hecho son las principales causas de muerte en las olas de calor.
Desconocimiento, mitos y realidades
Según el doctor Luis Alonso-Pulpón, cardiólogo de la Clínica Puerta de Hierro y ex presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), además del desconocimiento, en este caso del riesgo que suponen los cambios estacionales, otro de los obstáculos para la buena prevención de las enfermedades cardiovasculares, son algunas creencias erróneas pero muy arraigadas en la gente.
“Mucha gente sabe que debe comer mejor, hacer gimnasia y llevar un estilo de vida saludable, pero no lo hace.
Todos los argumentos para fomentar las medidas preventivas ya han sido dados, pero la mayoría tendemos a pensar que la muerte y las enfermedades solo los afectan a los otros y no a nosotros, lo cual es un escollo psicológico para mentalizarse de que se pueden y deben prevenir la enfermedades cardiovasculares”, señala Luis Alonso-Pulpón.
Según el cardiólogo también hay “falsas creencias que perjudican la prevención cardiovascular, como el supuesto milagro que producen determinados alimentos por sí solos, como el pomelo, que se afirma que es maravilloso para el corazón, o las nueces, que, según algunos estudios bajan en colesterol”.“No es que no sea verdad, pero una cosa es que se trate de un efecto demostrado desde el punto de vista experimental, y otra distinta es que ese alimento por si sólo tenga trascendencia para alguien con el colesterol muy alto y que probablemente necesita una medicación para bajarlo”, señala Alonso-Pulpón.
Además, menciona que “una cosa es que pueda ser adecuado expandir el consumo de nueces u otro alimento, para reducir colesterol en un grupo de población determinado, y otra distinta es que una persona crea que si se toma un pomelo todos los días ya tiene el problema cardiovascular resuelto”.
“La gente debe entender que las enfermedades del corazón son bastante penosas, que no sólo se limitan al infarto de miocardio (que es el más conocido y es grave de por sí) sino que h ay muchas otras entidades”, señala y después recalca: “por algo será que pese a los esfuerzos de los médicos y todo lo que hacen para solucionarlas, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de mortalidad en el mundo desarrollado”.
Los más proclives
- Pese a que el sexo de la persona no influye a la hora de tener más riesgo cardiovascular ante un cambio estacional, los mayores de 70 años y los niños son más proclives a desestabilizarse ante un cambio brusco de clima.
- Las personas con hipertensión arterial o HTA, en quienes la sangre circula a una presión mayor que la deseable, resulta esencial evitar los cambios bruscos de altitud, pasar del frío al calor y viceversa, y controlar la intensidad del ejercicio que se practica.
- Las patologías respiratorias (catarros, gripes, resfriados) asociadas a los cambios estacionales, están directamente relacionadas con las patologías cardiovasculares. Incluso “en primavera, la gente con asma, rinitis o reacciones a sustancias a las que son hipersensibles, pueden sufrir una descompensación cardíaca”, explica Cruz Fernández.