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¡A volar se ha dicho!: Juegos tradicionales

  • Actualizado: 18 septiembre 2011 /

Sea como sea, el trompo es un juguete universal que todos o casi todos hemos jugado más de alguna vez.

    Dicen los entendidos que el gran poeta griego Virgilio le dedicó versos al trompo en su obra La Eneida. Otros sostienen que hay pruebas de su existencia en la civilización romana. Sea como sea, el trompo es un juguete universal que todos o casi todos hemos jugado más de alguna vez.

    ¿Pero ha jugado usted alguna vez trompo coyote? ¿O cuarta con chapas... o ronrón?

    Los juegos y juguetes tradicionales de Honduras estuvieron alguna vez a punto de extinguirse, desaparecer para siempre. Gracias a la genialidad de un buen hondureño, estas manifestaciones lúdicas de muestra infancia como hondureños se han alejado (temporalmente, a Dios gracias) de ese punto crítico.

    Nelson Medina fundó en el año 2000 el Festival de los Juegos Tradicionales de Honduras. En aquel momento, una sola idea ocupaba su intención: salvar los juegos que habían sido esencia de San Marcos, su pueblo natal.

    Su idea pronto fue apoyada por el instituto Libertad, la escuela Miguel Paz Barahona y la Iglesia Católica.

    Así, no pasó mucho tiempo antes de que el evento adquiriera proporciones populares enormes.

    En el año 2006, el Gobierno de la República distinguió a San Marcos, Santa Bárbara, como la “capital de los juegos tradicionales típicos de Honduras” con el decreto legislativo 114-2006.

    Y con ello, el festival se convirtió en el evento de su tipo más importante de Santa Bárbara y del país.

    Gracias a esta idea que se materializa durante todo un fin de semana de cada mayo en San Marcos, nuestros juegos tradicionales permanecen con nosotros y son todavía parte de nuestras nuevas generaciones.

    Jackses con piedras, mables, ronrón de tablita, carreras de zancos, calando en bicicleta o landa son parte de nuestro patrimonio cultural.

    En este mes tan especial, en que nos dedicamos a recordar las acciones de nuestros próceres, es un buen momento para valorar otras acciones y utensilios que, sin tanta historia y abolengo, también nos definen como hondureños. Y quizá, más divertidos.