"El Señor está sentadito en mi corazón": sor María Rosa tras dar positiva de COVID-19

La hondureña sor María Rosa se ha caracterizado por sus actos de caridad y ha sido reconocida en varias ocasiones por su trayectoria.

Sor María Rosa se ha ganado el cariño de los hondureños por su espíritu y nobleza.
Sor María Rosa se ha ganado el cariño de los hondureños por su espíritu y nobleza.

Tegucigalpa, Honduras.

Sor María Rosa Leggol, monja franciscana que ha destacado en nuestro país por su enorme bondad hacia los desamparados, una inexorable fe y un increíble amor al prójimo, dio positiva de COVID-19 en las últimas horas.

El resultado fue confirmado por Sociedad Amigos de los Niños (SAN), fundada en 1966 por Sor María Rosa Leggol. "El 10 de julio de 2020, sor María Rosa recibió los resultados de su prueba PCR para la detección de la enfermedad asociada con el coronavirus, la cual resultó positiva. El mismo día por la tarde, sor María Rosa fue atendida de inmediato por un grupo de médicos para realizarle un examen completo de su estado de salud", mencionaron a través de un comunicado.

También aseguraron que sus signos vitales, pulmones, corazón y la salud en general están normales, únicamente con los problemas propios de su edad (93 años) y condiciones preexistentes.

A su vez, compartieron un mensaje que sor María pidió destinar para todo el pueblo hondureño:

"Muchas gracias por preocuparse y estar pendientes de mi salud, me siento demasiado bien, a veces me cuesta creer que tengo el virus, pero estoy segura de que nuestro Señor está acá a mi lado, sentadito dentro de mi corazón y también al lado de todos y cada uno de ustedes", cita parte del mensaje.

"No perdamos nunca nuestra fe, jamás está demás una oración hecha con amor y con esperanza, así que sigamos rezando todos por la recuperación de los enfermos, por nuestro país, por el mundo entero que atraviesa momentos tan difíciles por esta pandemia. Gracias de nuevo por su cariño y apoyo, no se cansen de cuidarse y de cuidar a los demás, pues esto también pasará, pero solo juntos podremos lograrlo, Dios y la Virgen bendiga sus hogares, trabajo y vida", concluyó.

Sor María Rosa ha dedicado su vida entera protegiendo a la niñez más vulnerable del país, así como a miles de familias y comunidades en situaciones de emergencia y necesidad a lo largo de sus 54 años de labor incansable.

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De momento se encuentra estable de salud y espera salir pronto de esta enfermedad.

Un ángel de Honduras

Es originaria de Puerto Cortés, nació en un pueblo que se llama El Paraíso, entre Omoa y Cortés. Sus padres fueron Josef Leggol, de origen francés-canadiense, e Irene Rosales de Leggol. Su papa era capitán de barco y así llegó a Cortés, donde conoció y se casó su mamá. Cuando él se fue ella apenas iba a cumplir nueve meses de nacida, quedó huérfana a los cinco o seis años.

"Un 21 de noviembre, las hermanas franciscanas llegaron a Cortés, era mi cumpleaños número seis y cuando las vi empecé a averiguar quiénes eran porque vestían distinto a las demás mujeres, entonces el sacerdote me contó que eran jóvenes que querían entregar sus vidas para ayudar a los pobres, los niños huérfanos y enfermos, entonces yo dije: me voy hacer una de ellas", relató durante una entrevista a LA PRENSA en 2016.

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Hizo la primera comunión a los seis años y a los nueve años salió de Cortés de la casa de sus padrinos buscando las monjas y las encontró, allí estuvo hasta los 14 años, de allí se desplazó a la Policlínica, donde permaneció hasta los 22. Cuando fue al convento en Milwaukee, allá se hizo religiosa.

Sor María recordó que si hubiese tenido a sus padres con ella tal vez no la hubiesen dejado ir al convento, argumentando que en aquel tiempo era complicadísimo desobedecer.

"En el momento que miré las monjas en la iglesia, ese 21 de noviembre que se bajaron del barco, ese día sentí que habían venido a buscarme y nadie me quitó eso de la cabeza. Mi vocación entró allí y mi llamado de Dios también, lo que quería era crecer rapidido, hacerme monja y recoger a mis niños", recordó con devoción.

La Prensa