Ellas son las ángeles nominados al Quetglas, premio a la caridad

La fundación Obras Sociales Vicentinas realizará mañana la primera edición de la entrega de este galardón, que tiene como fin reconocer a personas que se destacan por sus obras humanitarias.

Astrid Panting de Ruiz; Clementina Martínez y Rina Villar de Simón.
Astrid Panting de Ruiz; Clementina Martínez y Rina Villar de Simón.

San Pedro Sula, Honduras.

El permanente deseo de ayudar a los demás, la constancia de actuar inspirados por la bondad y de pensar en el bien de otros antes que en el propio es un modo de vida para algunas personas.

Son esas nobles cualidades las que se enaltecerán mañana en la primera edición de la entrega del premio Quetglas, que es un reconocimiento a los actos de caridad de algunas personas excepcionales.

“El galardón será entregado por la Fundación Obras Sociales Vicentinas (Osovi), y de entre 39 nominados se escogió a tres finalistas, quienes por sus acciones han demostrado ser auténticos ángeles que han brindado servicios desinteresados a diferentes sectores de la población”, dice María Teresa Canahuati, organizadora del evento. Las tres nominadas son Clementina Martínez Lizardo, de Cane, La Paz, quien por más de 40 años se las ha ingeniado para alimentar a niños de familias de escasos recursos. También se nominó a Rina Villar de Simón, quien por 25 años ha estado en La Ceiba en un hogar de ancianos, que ahora dirige, dando atención a los adultos mayores. La otra finalista es Astrid Panting de Ruiz, quien se desempeña en una fundación que brinda equinoterapia (terapia en la que se utilizan caballos) a niños con retos especiales.

La entrega del galardón será en el Centro Social Hondureño Árabe a las 7:00 pm. El nombre del premio es en honor al padre Antonio Quetglas (83), quien nació en 1931 en España y tras varios años de estudio y preparación se ordenó como sacerdote y en 1963 llegó a Honduras, adonde comenzó su noble labor pastoral y social hasta lograr crear la fundación de Osovi en 1995.

En general se nominaron a 39 personalidades que desde San Pedro Sula y en diferentes ciudades de Honduras se entregan por amor a los más necesitados, ellos son: Montserat Alberdi, Marisol Ferrera, Sandra Molina Guevara, Sor Valdete Wileman, Padre Saturnino Senis, Linda Maria Coello de Pozzo, Mario Valladares, Padre Fernando Ibañez, Andrea Diaz-Quintana, Guadalupe Sánchez-abufele, Lucy Mora de Kawas, Marcela Tosta, Karen Yesenia Madrid Morales, Hosman Omar Fernandez Zeledon, Lul Janania Abraham (QDDG), Padre Nery René Méndez Vides, Martha Julia Canahuati Viuda de Larach, Roberto Enrique Kattan Arauz, Mimi Nasthas Butto de Panayotti, Edgardo Fuentes H, Carlos Rápalo Trejo, Catalina Brezick, Blanca Echeverry, Olga Benitez Martínez, todos ellos de San Pedro Sula; además fueron nominados Gene George Goff Mejía, Sor María Rosa Leggol, Sor Felisa García de La Ceiba, Arleny Mejía, Sor María del Carmen Buezo Ulloa, Roberto Oseguera, Ramón Sánchez Borba, Sor Antonieta Ferraro, Lidia María Rivera Varela, Marta Scarlett Orellana De Thomsen, Dora Eloisa Ferrera Muñoz, Karla Patricia Diaz Hernández.


“Es lindo tener la oportunidad de atender a los pequeños”, Astrid Panting de Ruiz

Astrid Panting de Ruiz (51) dirige desde hace 10 años la fundación A-Tuto en San Pedro Sula, que brinda equinoterapia (terapia usando caballos) a niños con retos especiales.

La señora indica que se inspiró a comenzar con esta labor tras el nacimiento del hijo de una amiga, cuyo niño nació con el síndrome de Down.

“La terapia de montar caballos ayuda a reducir la ansiedad, controlar los problemas de conducta, elevar la autoestima, estimular el sistema sensorial e incrementar la interacción social, la amistad y además fomentar la confianza y la concentración”, explica.

Astrid dice que otros centros les envían casos para que en la fundación les brinden tratamiento. “La mayoría de gente que atendemos son de pocos recursos económicos, pero siempre les ayudamos. Les buscamos padrinos para que además del tratamiento les ayuden de otras maneras”, dice. Astrid refiere que también atienden a niños con síndrome de Down, autismo, parálisis cerebral, espina bífida, y todo tipo de discapacidad neurológica, física o cognitiva.

“Es lindo tener la oportunidad de ayudar a los pequeños y darles un tratamiento distinto. El mejor testimonio que tenemos es de las propias familias que hablan de los beneficios que da el tratamiento”.



“Vi niños desmayar del hambre y me dediqué a ayudarlos”, Clementina Martínez

Clementina Martínez Lizardo tiene 84 años y casi la mitad de su vida se ha dedicado a alimentar a niños de familias de escasos recursos en su lugar de residencia en Cane, La Paz.

Con su suave y entrecortada voz, debido a que está enferma, la señora revela cómo decidió comenzar su labor.

“Era maestra de primer grado y varias veces miraba a niños desplomarse de pronto y no sabía qué pasaba. Empecé a preguntarles qué pasaba y terminé descubriendo que era porque había días en que llegaban sin comer, porque sus familias no tenían dinero. Vi niños desmayar del hambre y entonces decidí ayudarlos y que nunca más pasara eso”, cuenta doña Clementina.

La bondadosa señora dice que lleva exactamente 41 años realizando esta labor y que nunca piensa dejar de hacerlo.

La octogenaria mujer comenta que comenzó haciendo en su casa un comedor infantil llamado Juan Pablo Orellana, que fundó con sus hermanas.

Hace pocos años el trabajo de doña Clementina inspiró a otros a apoyar la causa de alimentar a los pequeños de la zona.

“Nos ayudaron a que en el predio, al fin, tengamos ahora una fundación para poder ayudar a más niños. Para mí el mejor regalo es ver a los niños sonreír”, declara.



“Ayudar a adultos mayores es una costumbre en mi familia”, Rina Villar de Simón

Rina Villar de Simón (62) maneja desde hace 25 años el Hogar Divina Providencia, que es una casa para ancianos en La Ceiba, donde se les brinda techo, alimentación y cuidados a personas de la tercera edad.

La señora comenta que su vocación de ayudar a adultos mayores es prácticamente una herencia de familia. “Creo que viene de familia, porque es casi una costumbre en nosotros, porque esto nos lo inculcaron en el hogar y siempre buscamos servir a este tipo de personas que buscan abrigo y que necesitan ser atendidas”, refiere.

Relata que cuando ella llegó la fundación estaba casi empezando operaciones y que luego le fue dada la responsabilidad de dirigir el centro.

Eso lo tomó como una oportunidad de continuar una gran labor humanitaria.

“Los ancianos necesitan que alguien les tenga paciencia, que se les cuide, que los traten bien, y esa es nuestra misión en el hogar”, manifiesta.

Rina dice que tienen internos a 30 adultos mayores en el Hogar Divina Providencia.

“Encontramos una satisfacción en dar un ambiente de familia y comunidad a estas personas mayores. Contamos con personal médico y de atención”, agrega.

La Prensa