En Bariloche, viento. En Sonora microalgas. Por extraordinarios que parezcan, estos casos que permitirán generar electricidad no sólo se dan en la Patagonia o el norte de México.
Son muchos los emprendedores en Latinoamérica que están buscando la próxima innovación que ayude a resolver la escasez de energía en la región y en el mundo, y cómo desarrollarla sin afectar el medio ambiente.
Inspirados por el éxito de Brasil en conseguir etanol a partir de la caña de azúcar y el de Argentina, que ha logrado transformarse en uno de los grandes proveedores de biodiésel gracias a la soja, científicos y empresarios buscan sintetizar el próximo combustible, orgánico o inorgánico; descubrir el mecanismo que permita capturar el movimiento de las olas para transformarlo en luz, o atrapar el calor del subsuelo.
Son casos de excepción porque en una región dotada de generosas reservas de hidrocarburos, que aún no consigue explotar en todo su potencial, la innovación energética tiene menos incentivos. 'En América Latina no se está investigando en energías renovables como una política de Estado', dice Mario Jaramillo, vicepresidente del sector de energía de Siemens para la región Andina y presidente de Siemens Venezuela. 'Hay ejemplos muy tímidos que por ahora son poco prioritarios para los fabricantes'.
Entre esos intentos están los que buscan desarrollar biocombustibles de uso específico -para la aviación- en Argentina o la elaboración de un biokerosene, o un petróleo sintético, a partir de aceite. Lo más interesante de la innovación no sólo viene de la posibilidad de vender energía a la matriz eléctrica de un país o sumar combustible para vehículos, sino que está en la posibilidad de crear un negocio totalmente nuevo: comercializar el conocimiento que dio origen a esa fuente.
En Latinoamérica los biocombustibles son la innovación energética que se expande con mayor velocidad. Pero no todos los países pueden producir caña de azúcar con la misma eficiencia que Brasil y, para muchos, producir biodiésel ha generado más problemas ambientales de los que ha tratado de solucionar o ha sido un fracaso económico.
Diversidad de opciones
Por ello, muchos buscan una nueva generación de biocombustibles obtenidos de productos orgánicos de mayor disponibilidad en la naturaleza. El que está más cerca de concretarse es el bioetanol de celulosa. Se trata de un desarrollo que en América Latina muchos miran con atención dada la enorme existencia de bosques.
Sin que sea algo revolucionario, recursos de biomasa -restos de plantas, cortezas, aserrín- también pueden tener un papel importante en un modelo de provisión de energía que use la llamada cogeneración -aprovechar la energía térmica que normalmente se disiparía en la atmósfera-.
También hay muchas propuestas en los biocombustibles de aceite de microalgas.
Otro método de fermentación que se está afinando es el que produce biobutanol. Se trata de un alcohol que se puede obtener de maíz, caña de azúcar o cualquier biomasa que se pueda descomponer en almidón o azúcar, lo que incluye algas marinas y hasta diatomeas -organismos marinos microscópicos-.
Además existen dos proyectos para crear combustibles sintéticos, pero no a partir de aceites vegetales, sino de gas natural. En una dimensión distinta, pero no por ello poco valiosa. Se da en Antigua, Guatemala, donde se obtiene biodiésel del aceite quemado de hoteles y restaurantes.
Por su parte, los esfuerzos en materia eólica siguen así como los que buscan convertir basura de biomasa en aceite con el cual alimentar generación eléctrica y térmica.
¿Tendrán éxito los innovadores? Ojalá, y esta vez, los don quijotes son los molinos de viento.
Casos latinoamericanos
Brasil
Explora la producción de hidrógeno para células de combustible a partir de vapor de etanol y la creación de combustibles sintéticos basados en gas natural. Se busca generar un mínimo de 1,000 MW de fuentes renovables, sea energía eólica o hidroeléctrica.
Argentina
Avanza en proyectos propios en la línea de las algas y junto a Brasil, busca construir un submarino nuclear sumergido en el mar para aprovechar el oleaje para generar. Con la denominada tecnología undimotriz se busca también distribuir la energía de manera masiva.
Perú y Chile
Estudian su potencial geotérmico, mientras que Colombia opta por plantas biodiésel y la 'refinería' entrará en operaciones en febrero de 2009 con capacidad de 100 mil toneladas anuales de combustible obtenidas a partir de aceite de palma.
México
Se han estado desarrollando innovaciones como concentradores de energía solar, prototipos de refrigeradores solares, secadores solares, bombas de calor y recubrimientos solares. Pero su aplicación es ínfima, así como la investigación de otras alternativas.
Las cifras
14 países
En América Latina y el Caribe han pasado por una crisis energética, es decir, de abastecimiento, en los últimos doce meses.
2.7 por ciento
Fue el crecimiento de la capacidad hidroeléctrica instalada entre 1995 y 2005, frente a un 5.5% en la década anterior.