Los recientes acontecimientos políticos han suscitado preocupación en diversos sectores nacionales. El consenso general es que dicha situación compromete las perspectivas de inversión a nivel local, al tiempo que dificulta la tarea de promover el país como receptor de inversión extranjera.
Las fuentes consultadas coinciden en que el mensaje que la situación política transmite no le hace ningún favor a la percepción de seguridad jurídica que es un requisito fundamental para la atracción de capitales de inversión y, por extensión, de los empleos que esas inversiones hacen posibles.
En un país que reporta más de un millón y medio de desocupados, esa situación es preocupante. Un ejemplo reciente de los efectos negativos de la incertidumbre legal es el éxodo de empresas, principalmente de la industria textil, hacia Nicaragua y El Salvador, dos países cuya percepción de seguridad y estabilidad los hizo aparecer más atractivos a ojos de los inversionistas. Ante los hechos recientes, preocupa al sector privado hondureño que esa tendencia reaparezca.
“Estamos hablando que esta situación que estamos viviendo en Honduras a quienes está beneficiando es a países vecinos como El Salvador, Nicaragua o Guatemala, donde se tiene mucha más estabilidad jurídica”, señala Jesús Canahuati, empresario de la industria textil, quien agrega que la inestabilidad política “está repercutiendo en la generación de empleo y está poniendo muy nervioso tanto al inversionista nacional como al extranjero”.
Canahuati destaca que al momento de decidir hacia dónde llevar sus capitales, uno de los puntos que los inversionistas más toman en cuenta es el referido a las leyes que se observa en el lugar en el cual pretenden invertir. José Martín Chicas, vicepresidente de la Andi (Asociación Nacional de Industriales), explica que lo que los inversionistas buscan es “un clima estable para invertir, donde haya estabilidad social, estabilidad política que respete las leyes, un país que sea amigable a la inversión en el sentido de ofrecer las garantías de infraestructura, que pueda producir con tranquilidad y que el capital esté bien resguardado”.
Daño a la imagen
Mario Bustillo, director ejecutivo de la CCIT (Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa), apunta que “desde el punto de vista económico, para comenzar ya hay un daño a la imagen del país, y eso lo que genera es que (Honduras) no sea un país atractivo para la inversión”. El ejecutivo sugiere que la situación podría tener efectos incluso sobre la inversión que ya se encuentra instalada en el territorio nacional. “Si el país va a estar en estas crisis a cada rato, entonces (los inversionistas) prefieren irse a otro país donde hay más estabilidad”, advierte.
El economista Julio Gom observa que el sistema financiero ya refleja la salida de capitales. “El dato de inseguridad se refleja sobre todo en la balanza de pagos del país, en cuanto se dan los movimientos de capitales al exterior. Se observa una conversión de lempiras a dólares, lo que sugiere que hay desconfianza en la economía”, apunta.
Las fuentes no descartan que pueda haber consecuencias en la percepción de riesgo país, ya que la inestabilidad política se refleja en la calificación de otorgan las firmas calificadoras, información que es tenida en cuenta por los inversionistas al momento de tomar decisiones.
El deterioro de la situación resulta en una rebaja a la calificación, lo que de acuerdo con Bustillo “aumenta el riesgo país, que se había logrado bajar, y entonces las tasas de interés se elevan”.
Los consultados coinciden en que es fundamental para el país trabajar por devolver la estabilidad política, ya que eso redundará en crear mejores condiciones para la inversión, la generación de empleo y el fortalecimiento de la economía de la población, un punto fundamental para mejorar la calidad de vida de todos los hondureños.