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La clase media brasileña es el árbitro de las próximas elecciones

  • 24 septiembre 2014 /

Las mayores exigencias de la Clase C son una razón importan­te por la que el PT se encuentra enfrascado en una batalla electo­ral imprevistamente difícil con el Partido Socialista Brasileño y su candidata Marina Silva.

Sao Paulo, Brasil.

Juliana Oliveira disfruta de una vida que parecía inimaginable durante su niñez en una región pobre del nores­te de Brasil. Tiene dos títulos universitarios, un buen sueldo en una joyería multinacional y un apartamento en esta costosa ciudad cosmopolita.

No obstante, Oliveira, de 33 años, está reconsiderando su respaldo al Partido de los Traba­jadores (PT) en la elección presi­dencial del 5 de octubre. El PT ha gobernado durante una década de rápida expansión económi­ca que impulsó a millones como ella a una creciente clase media, pero ha estado manchado por la corrupción, observa.

“Brasil ha mejorado, pero lo podemos hacer mucho, mucho mejor”, dice Oliveira, quien votó por Dilma Rousseff en 2010 pero también estuvo entre el millón de manifestantes que salieron a las calles el año pasado a protestar contra la corrupción y los defi­cientes servicios públicos.

Oliveira personifica las cre­cientes expectativas y demandas más exigentes de la clase media de Brasil, que ahora conforma 47% del electorado y cerca de 55% de su población. Los economistas llaman a este grupo la Clase C, en el medio de cinco categorías de in­gresos que van de la A a la E.

Las mayores exigencias de la Clase C son una razón importan­te por la que el PT se encuentra enfrascado en una batalla electo­ral imprevistamente difícil con el Partido Socialista Brasileño y su candidata Marina Silva, a quien las encuestas la muestran empa­tada en una segunda vuelta con Rousseff. Según una encuesta publicada el martes por Ibope, ambas recibirían 41% de los su­fragios en esta ronda, que tendrá lugar el 29 de octubre. El candida­to de centroderecha Aécio Neves quedaría en el tercer puesto en la primera vuelta.

“Esta es una nueva clase me­dia que tenía acceso a bienes de consumo y créditos y está agrade­cida a los gobiernos del PT”, dice Mauro Paulino, director general de la encuestadora Datafolha. “Pero ahora quieren más”.

El auge de la clase media de Brasil se asemeja al de otros paí­ses latinoamericanos que han lo­grado reducir considerablemente sus niveles de pobreza y desigual­dad de ingresos. La cantidad de brasileños que viven en la pobre­za cayó de 26% en 2002 a 10% en 2012, durante la gestión del pre­sidente Luiz Inácio Lula da Silva y de Rousseff.

Sin embargo, la clase media brasileña es mucho más pobre que las de países desarrollados, lo que resalta el largo camino que tiene por recorrer. La Clase C en Brasil abarca familias que ganan el equivalente a entre dos y 10 veces el sueldo mínimo, o aproximadamente entre US$900 y US$3.800 al mes. El diverso gru­po incluye desde profesionales como Oliveira hasta residentes de menores ingresos que viven en las favelas.

“La Clase C no es un tipo de clase media como la de Estados Unidos”, dice Marcelo Neri, se­cretario de Asuntos Estratégicos de Rousseff. “No tiene dos perros, dos autos, esa no es la idea”.

Obtener votos de este diver­so grupo será un desafío, debido a que sus prioridades cambian constantemente y su lealtad po­lítica está en disputa, dice Fer­nando Henrique Cardoso, pre­sidente de Brasil entre 1995 y 2003. “Aún no están arraigados, se están moviendo”, señala el ex mandatario. “No tienen vínculos de lealtad a un partido o a una concepción del mundo”.

Oliveira, por ejemplo, no ha decidido por quién votará. Aun­que es crítica del PT, también ve el Partido de la Social Demo­cracia Brasileña de Neves como “elitista”. Y ve con recelo a Sil­va por sus posturas evangélicas sobre el aborto y el matrimonio homosexual.

Algunos observadores afir­man que parte de lo que está en juego en la pelea por los electores de la Clase C es el papel que tendrá el Estado: el modelo paternalista e intervencionista del PT; o el mo­delo menos estatista y favorable para las empresas que promocio­na Neves; y una “tercera vía” que intenta impulsar Silva.

Si bien les ha ido bien en la úl­tima década, muchos electores de la Clase C se ven afectados por la débil economía y la inflación. El Producto Interno Bruto se contra­jo 0,6% en el segundo trimestre y muchos economistas prevén poco crecimiento este año. Mientras tanto, tras años de realizar cuan­tiosas compras a crédito, muchos están agobiados por las deudas.

Miembros jóvenes de la Clase C con un mayor nivel de educa­ción y mejores salarios están en­tre los que respaldan a Silva, se­gún las encuestas. Fue este grupo, junto con las más privilegiadas clases A y B, el que conformaba gran parte de los manifestantes el año pasado.

Mientras más se baja en la escala de ingresos, mayor es el respaldo a Rousseff. Muchos votantes de bajos recursos sien­ten que la cuestión primordial en esta elección es si quieren arriesgarse a perder algunos de los avances que consiguieron durante la gestión del PT dando su apoyo a Silva o Neves.

Jesse Silva Dantas, de 33 años, logró salir de una favela de Rio de Janeiro gracias a sus negocios de lavado de autos y reparación de celulares. Sin embargo, cree que muchos brasileños aún dependen de las iniciativas centrales del PT como Bolsa Familia, un popular programa de pagos de efectivo a familias de bajos ingresos. “Lula mejoró nuestras vidas, a la gente de las favelas”, dijo en referencia al ex presidente. “Por lo tanto, se­guiré con Dilma”.