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La búsqueda de gas natural lleva a las petroleras a nuevos extremos

  • 12 agosto 2014 /

La búsqueda de petróleo ha llevado a empresas a lugares re­motos a lo largo de la historia de la industria.

Palma, Mozambique.

Pocos caminos conducen a este pueblo pesquero en la costa oriental de África. El agua potable y la elec­tricidad escasean. Las amena­zas incluyen víboras venenosas, mosquitos trasmisores de mala­ria y rebeldes armados.

Pese a todo, este es el lugar donde Anadarko Petroleum Corp. quiere construir uno de los mayores proyectos que ja­más haya afrontado una em­presa energética occidental. Ha prometido instalar hectáreas de viviendas con aire acondiciona­do, una pista de aterrizaje y un puerto, y trasladar a casi 3.000 habitantes que actualmente vi­ven en chozas de barro.

La búsqueda de petróleo ha llevado a empresas a lugares re­motos a lo largo de la historia de la industria. Anadarko, sin em­bargo, no está allí en busca de oro negro. La compañía estado­unidense busca algo más abun­dante, aunque menos lucrativo: gas natural ubicado a unos 50 ki­lómetros de la costa.

No obstante, hay más de una contra para uno de los mayores descubrimientos energéticos de las últimas décadas. Los clientes viables más cercanos están a un hemisferio de distancia y podría costar decenas de miles de mi­llones de dólares acceder al gas. Compradores con abundantes recursos han expresado su inte­rés en el proyecto, pero algunos aún deben comprometerse.

“El petróleo probablemente sea más fácil”, admite Don Ma­cLiver, el ejecutivo a cargo del desarrollo del proyecto en Mo­zambique. De todos modos, al igual que muchas petroleras, Anadarko, con sede en Texas, tiene que adaptarse a las opor­tunidades disponibles. Estas, señala, incluyen “grandes des­cubrimientos de gas en lugares remotos”.

Este es el desafío para mu­chas firmas energéticas: el gas natural, no el petróleo, represen­ta dos tercios de las reservas de hidrocarburos descubiertas en la última década, según la con­sultora IHS Inc. Además, muchos de los mayores hallazgos están muy lejos de viviendas y empre­sas que pueden consumir el com­bustible.

El proyecto en Mozambi­que, que ha representado unos US$1.000 millones en costos para Anadarko hasta ahora, está en­tre las iniciativas más extremas para convertir esos descubri­mientos tan grandes en energía que se pueda vender en el mer­cado. Como los clientes están tan lejos, Anadarko planea construir plantas que enfrían el gas a tem­peraturas que lo convierten a un estado líquido, para que pueda ser cargado en tanques refrige­rados y ser trasladado por mar como el petróleo.

Exportar este combustible puede brindarles a las empre­sas una fuente de ingresos más prolongada y estable que bom­bear petróleo, aunque sin el alto margen de ganancias que deja el crudo.

Otras energéticas trabajan en proyectos similares. La ita­liana Eni SpA, por ejemplo, pla­nea uno cerca del de Anadarko. Compañías como la británica BG Group y la noruega Statoil ASA planean otro emprendimiento de este tipo para comercializar el gas que han hallado cerca de la costa de Tanzania, al norte de Mozambique.

Analistas estiman que la de­manda global de gas natural li­cuado, o GNL, se duplicará en 20 años, impulsada por economías de rápido crecimiento en Asia. La demanda europea de gas trans­portado por mar también podría aumentar conforme los países buscan alternativas al combus­tible que llega por gasoductos desde Rusia.

“Nunca en la historia de la industria hemos visto esta can­tidad de capacidad planeada”, dice Chris Holmes, director sé­nior de IHS, en referencia a los proyectos de exportación de gas licuado.

De todos modos, los proyec­tos en el este de África deberán competir contra muchos otros, incluidos algunos en regiones si­milarmente remotas pero políti­camente menos problemáticas, como Australia y Alaska. El gas de Mozambique también deberá competir con el gas de esquisto en Estados Unidos, donde la in­fraestructura existente reduce el costo de exportación.

La apuesta de Anadarko en Mozambique es audaz. Con un valor de mercado de US$54.900 millones, se convertiría en la pri­mera firma estadounidense de su tamaño en extraer, licuar y ex­portar gas. Hasta ahora, ese tipo de proyectos habían quedado re­servados para gigantes como

Exxon Mobil Corp. y Royal Dutch Shell PLC, que tienen ingresos 30 veces mayores.
El costo previsto de perforar los pozos y construir las dos primeras plantas de enfriamiento en Palma es de US$16.000 millones, una cifra superior al Producto Interno Bru­to del país en 2013, de US$15.300 millones. Con una participación de 26,5%, Anadarko afrontaría al­rededor de US$4.200 millones en costos.

La empresa tiene planes aún más ambiciosos, como construir hasta 14 plantas de licuación en Mozambique en las próximas déca­das. Pero el costo podría subir: des­de 2000, el gasto en la construc­ción de proyectos de GNL se ha más que triplicado, según la consultora Merlin Advisors LLC. Ejecutivos de Anadarko confían en que podrán controlar los costos.

De todas maneras, producir GNL es tan costoso que Anadarko y sus socios —entre ellos empresas de Japón y Tailandia y la energé­tica estatal de Mozambique— no se comprometerán con el proyecto sin alguna garantía de que podrán obtener una ganancia. El consorcio busca compradores asiáticos para cerca de 60% del GNL, aunque por ahora sólo reveló acuerdos tentati­vos. El 40% restante sería vendido en el mercado.

Anadarko planeaba tomar una decisión final sobre si avanzar con el proyecto este año, pero ahora se­ñala que podría definirlo en 2015.

En tanto, no cesan las compli­caciones en tierra. Palma es una de las zonas menos desarrolla­das de esta ex colonia portugue­sa. Incluso hoy, las mujeres llevan baldes de agua sobre sus cabezas y los pescadores trabajan desde pequeños botes de madera. Pero el descubrimiento de gas en 2010 comenzó a cambiar la vida aquí. Hombres en bicicletas comparten las calles con pickups con el logo de Anadarko.

“El gas es una promesa de desa­rrollo”, afirma Abdul Razak Noor­mahomed, viceministro de recur­sos minerales del país.
La zona de 6.900 hectáreas que pretende explotar Anadarko incluye varios pueblos y un total de 3.000 habitantes deberán ser reubicados. La petrolera trabaja en un plan para compensarlos que in­cluye nuevas viviendas, pero la mu­danza ha generado resistencia.

Además, pocos habitantes de Palma tienen las destrezas nece­sarias para conseguir trabajo en el proyecto. Y los pobladores locales se preguntan qué pasará si el em­prendimiento se detiene y las em­presas se marchan. “Ellos seguirán adelante”, dice Ali Mequit, un pes­cador de 30 años, “pero nuestras vidas habrán sido alteradas”.