Las grandes empresas internacionales merodean en torno al Canal de Panamá en espera de hacerse con un buen pellizco en la ampliación de la ruta interoceánica, una obra de ingeniería faraónica que costará 5,250 millones de dólares.
Varias empresas ya han dejado claro su interés. Otras esperan atentas. Ingenieros y ejecutivos tejen sus redes, activan sus contactos y buscan un socio panameño para beneficiarse de su agenda, pese a que las excavadoras gigantes no empezarán a funcionar antes de un año, en el mejor de los casos.
“Las empresas son muy activas. Los grandes grupos internacionales han manifestado públicamente su interés”, señala el jefe de la misión económica francesa en Panamá, Philippe Castéran.
Según los planes, los panameños se encargarán de las operaciones de dragado, que iniciarán en 2007, pero el resto de la obra será objeto de una licitación internacional, probablemente en la primavera del mismo año.
Será necesario cavar dos fosas de 8 km en el lado Pacífico y de 3.2 km en el Atlántico, cada una de 200 metros de ancho, donde se construirá el tercer juego de esclusas deslizantes y las tinas para las reservas de agua.
En la nueva vía de navegación cabrán los buques pospanamax, demasiado grandes para pasar por las esclusas actuales.
Los gigantes como Halliburton, Caterpillar, Bechtel y General Electric, EUA; Mitsubishi Japón; Evergreen, Taiwán; Oderbrecht, Brasil; el grupo del mexicano Carlos Slim; Siemens, Alemania y los bancos Hsbc, City Bank, JP Morgan, Crédit Suisse, Bank of Tokyo están al acecho.
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La ampliación costaría 5,250 millones de dólares, pero los detractores del proyecto aseguran que llegaría a $10,000 millones.