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El desordenado calvario de la entrega de placas

  • Actualizado: 30 junio 2012 /

La mora de placas en el norte es de 40 mil. A las siete de la mañana solo 19 personas esperaban.

Eran las siete de la mañana del miércoles 27 de junio.

Entre gritos de buseros y el característico vapor de la mañana producto de las altas temperaturas sampedranas, varios citadinos llegaron, algunos todavía adormitados, a las oficinas de la DEI (Dirección Ejecutiva de Ingresos).

Aunque la mora de placas es de 40 mil en la zona noroccidental, solo 19 personas llegaron a tempranas horas. A medida que transcurrían los minutos, la cantidad aumentaba. Ese día la entrega fue para las matrículas que inician con las letras PBG para vehículos y MPC para motocicletas; sin embargo, la mayoría de los que llegaron no obtuvieron la suya. Según la calendarización de la DEI, sus placas aún no están.

En contraste a esa realidad y a la evidente falta de información, Enrique Castellón, director de la DEI, afirmó que “logramos montar un contingente completo en materia de servicio para entregar las placas y hemos hecho una publicidad fuerte en avisos para que la gente las reclame”.

En San Pedro Sula, las autoridades no supieron responder de qué años son las placas que se están entregando ni los números a los cuales corresponden.
Además, no quisieron confirmar si las placas que se están entregando son las nuevas o las de mayor antigüedad.

Un experimentado tramitador afirmó que las placas de las denominaciones que se están entregando corresponden a las solicitadas en años anteriores al 2010. Quienes compraron vehículos en 2011, acaban de recibir una renovación de su permiso para circular sin placas con validez a septiembre de 2012.

Entre la fila de hombres, algunos más astutos se valieron para sacar ventaja. El marido de Julissa lo hizo.

La mujer llevaba entre sus brazos a su hija de menos de un año para que le dieran un pase prioritario. “Vengo a que le extiendan el permiso de conducir la moto a mi esposo, y como ando con la niña entraré de primera”, afirmó la astuta madre. Según las cifras oficiales, son 110 mil las motocicletas que circulan sin placas en todo el país.

Y la espera fue mayor para los madrugadores. “¡Deberían de abrir a las siete!, desde las 6:30 de la mañana estoy aquí y ni carro tengo!”, reclamó alguien en la fila. Pasaban ya de las ocho de la mañana y las oficinas de la DEI seguían cerradas.

La promesa de ampliar los horarios para facilitar a los usuarios la entrega de placas y extender los permisos quedó en papel mojado. A las ocho, eran casi cien personas las que esperaban en la acera del edificio, ellos son parte de los 30 mil conductores cuyos vehículos circulan sin identificación.
El enviado de Dios

Más grande que esas cifras era la desesperación de la gente que en una fila, de unos 200, empezaba a inquietarse. Una de ellas fue la bebé de Julissa, quien solo se calmó cuando su madre le compró un jugo de frutas.

Entre los ruidos de los vendedores que rondaban el edificio y las bocinas de los automotores que circulaban por la primera calle, los cuchicheos de la gente fueron interrumpidos por un enviado del Señor: “Arrepiéntanse de sus pecados, Dios cambiará sus vidas”, decía. Le recetó a la multitud el Salmo 24 y con los brazos extendidos explicó que “de Jehová es la tierra y su plenitud”.

El 90% de la gente que llega a diario a la DEI lo hace para extender el permiso de circulación y no para recoger las nuevas placas, según los tramitadores.

Castellón piensa lo contrario, él dice que la entrega de los metales no ha tenido éxito porque “probablemente la gente ya se acostumbró a andar sin placas”, luego de cinco años sin ellas.
Hora cero

Faltaban dos minutos para las 9:00 am y como si fuera una competencia, la multitud se aglomeró frente al portón; ya desesperados, iniciaron los empujones y un motociclista indignado pegó un golpe con su casco contra el portón.

Finalmente sucedió lo que todos añoraban, salió el encargado de la DEI con su característica vestimenta, apariencia amigable y mostacho generoso: “Señores, el que ande boleta y revisión en una fila a la derecha, y los que no, a la izquierda”, exclamó. Las caras expectantes y preocupadas saltaron a la vista, y empezaron los coros al son del “no se metan, no se metan”.

Como ella misma lo pronosticó, Julissa fue atendida de primero. La puerta se abrió y ni tres minutos habían pasado cuando salió con una sonrisa de oreja a oreja lista para regresar a casa. “Rápido salí solo me le pusieron un sello”, dijo.

En la fila estaba José Rodríguez, quien desde 2008 hizo sus trámites de placas, y aunque el número que le fue asignado (MPW 5558) no apareció en los listados publicados, con optimismo llegó a preguntar por sus láminas. La respuesta fue igual que a muchos: no han llegado.

Al final de la mañana, la mayoría de las personas se retiró con la extensión de sus permisos de circulación.

De los varios centenares que llegaron solo una persona salió con sus placas. Según la institución, hay 180 mil pares listas y esperando dueño.

Ya sea por desinformación, apatía o incredulidad en la oficina estatal, o como dice Castellón “por costumbre”, los hondureños no están acudiendo en masa por la identificación de sus vehículos. Y los que llegan, casi siempre salen con las manos vacías.

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