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Necesitamos ser menos vulnerables ante actos de corrupción

Bruce Burdett, presidente de Fundahrse, reflexiona sobre las consecuencias de la corrupción y cómo esta socava la reputación ética de una organización

Bruce Burdett, presidente de la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial (Fundahrse)
Bruce Burdett, presidente de la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial (Fundahrse)

San Pedro Sula, Honduras.

Las declaraciones y acciones de los líderes de la organización y, los propósitos, valores, ética y estrategias establecen el rumbo de cada organización.

Para que la responsabilidad social (RS) sea una parte importante y eficaz del funcionamiento de la organización, deberían reflejarse estos aspectos mencionados.

Incluir la RS como un elemento clave de la estrategia de la organización, mediante su integración en sistemas, políticas, procesos y comportamiento para la toma de decisiones, adoptando códigos escritos de conducta permitirá convertir nuestros valores en prioridad y que la empresa tenga un comportamiento adecuado.

La materia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), llamada Prácticas Justas de Operación se refieren a la conducta ética de una organización en sus transacciones con otras organizaciones.

Incluyen las relaciones entre organizaciones y agencias gubernamentales, así como, proveedores, contratistas, clientes, competidores, y las asociaciones de las cuales son miembros.

EcoVadis, una plataforma de clasificaciones de sostenibilidad empresarial publicó en su reciente estudio de anticorrupción, cómo las empresas manejan problemas éticos como los sobornos y fraudes.

El estudio evaluó a más de 20 mil empresas desde enero 2017 hasta junio de 2018, en 100 países y 150 industrias.

El puntaje promedio de la ética empresarial del mundo es de 42% lo que indica que la gran mayoría de las organizaciones están adoptando un enfoque no estructurado para combatir este tipo de corrupción.

La investigación destaca que las compañías norteamericanas y europeas están liderando el mundo en ética empresarial, indicando que son más proactivas cuando se trata de este tema, estas organizaciones cuentan en su mayoría con una política formal de anticorrupción y están sujetas a más sanciones.

Por su parte, América Latina y El Caribe se encuentra en un 42% y su porcentaje de organizaciones con una política formal anticorrupción es del 45% y solo el 8% reporta o informa sobre cuestiones éticas.

Asimismo, las empresas chinas mostraron poca formalización de un sistema de gestión anticorrupción, ya que su rendimiento es bajo, un 33%.

Para combatir la corrupción existen métodos que brindan resultados significativos, por ejemplo: denunciar las irregularidades, capacitación sobre anticorrupción y las auditorías de los controles internos.

Existen otras poco frecuentes como: las evaluaciones de riesgo de corrupción, y las presentaciones de informes sobre cuestiones de ética empresarial.

Las leyes en otros países como Francia, requiere de las empresas con más de 500 colaboradores e ingresos anuales de cien mil euros, implementen programas anticorrupción.

Para abordar la ética de forma efectiva, los ejecutivos líderes de las organizaciones deben implementar un programa estructurado con el fin de mitigar los riesgos a la corrupción que fomente la transparencia, la colaboración para un mejor rendimiento y responsabilice a las diferentes partes.

La corrupción además de socavar la reputación ética de una organización puede tener como resultado la violación de los derechos humanos, el deterioro de los procesos políticos, el empobrecimiento de las sociedades y el daño al medio ambiente.

También puede distorsionar la competencia, la distribución de la riqueza y el crecimiento económico, y es esto precisamente, lo que deseamos mitigar en nuestro país.