Nueva York, Estados Unidos.

Un día después de que Standard & Poor’s redujo a nivel especulativo, o de chatarra, la calificación de la deuda de Brasil, la presidenta Dilma Rousseff maniobraba el jueves a toda velocidad para tratar de estabilizar una crisis política y económica que amenaza a su frágil gobierno.

Los brasileños, temerosos de que no pueda conseguir su objetivo, se refugiaron en la seguridad del dólar. El real, que este año ha sido una de las monedas de peor desempeño frente al dólar, cayó alrededor de 2% a 3,865 unidades por divisa estadounidense, su nivel más débil desde 2002. El real perdió todas las ganancias registradas durante el prolongado auge de las materias primas que transformó a Brasil en una de las economías predilectas de los inversionistas globales. En las casas de cambio, el real se cotizaba a 4,35 por dólar.

“El dólar subió un montón en muy corto tiempo”, dice Daniel Felipe Vieira Pires. El abogado de 29 años de Rio de Janeiro pretendía viajar a Europa, pero la caída de la divisa lo obligó a suspender los planes. La rebaja de Standard & Poor’s anunciada el miércoles en la tarde sirvió como el recordatorio más reciente del dramático giro que ha sufrido la economía local ante la desaceleración de China, su principal socio comercial, que compra mineral de hierro y otros recursos del país sudamericano.

Brasil obtuvo el codiciado grado de inversión de la agencia en 2008, un evento promocionado por los líderes de ese entonces como una prueba de que una nación que había convivido durante largos años con la volatilidad se estaba volviendo próspera y estable. La era de las vacas gordas no duró mucho. La rebaja de esta semana desnudó los inmensos obstáculos al crecimiento que algunos inversionistas pasaron por alto mientras la abundancia producida por los altos precios de las materias primas desataba una fiebre por invertir en los mercados emergentes. El iBovespa, el índice de acciones líderes de la Bolsa de São Paulo, acumula una caída de 20% este año y de casi el doble desde su máximo histórico alcanzado en 2008.

La economía brasileña parece a merced de los caprichos de un sistema político caótico que depende del intercambio de favores a puertas cerradas por parte de un mosaico de partidos políticos que se dividen el Congreso y tienen poco en común, salvo la inclinación por expandir sus bases de poder.

Analistas dicen que esta cultura de repartirse el poder contribuyó a generar el escándalo de sobornos de US$2.000 millones en la petrolera estatal Petróleo Brasileiro SA. Decenas de ejecutivos y políticos del gobernante Partido de los Trabajadores y sus aliados han sido encarcelados. Standard & Poor’s también rebajó el jueves la calificación de Petrobras y la dejó a nivel chatarra, junto con la de unas 30 compañías estatales. S&P redujo la calificación de Petrobras en dos peldaños, de BBB- a BB, y le asignó una perspectiva negativa.

Legisladores de varios partidos, incluyendo algunos que en algún momento fueron aliados de Dilma Rousseff, sopesan abiertamente los riesgos y los beneficios de impugnar a la mandataria por una deficiente gestión económica o por permitir el florecimiento de la corrupción. Un partido de oposición anunció el jueves una petición para iniciar los procedimientos para realizar un juicio político.

El mismo desorden político puede impedir que el gobierno enderece el rumbo de la economía, dicen economistas de Standard & Poor’s y otros observadores. La principal analista de deuda soberana de la calificadora de riesgo dijo que una de las principales justificaciones para reducir la calificación de Brasil es que el gobierno contempla un presupuesto para 2006 plagado de déficits, a pesar de que pasó meses prometiendo impulsar medidas para cerrar la brecha fiscal y contar con un mayor margen de maniobra para pagar su creciente deuda.

“El presupuesto presentado la semana pasada, en nuestra opinión, dio señales de un cambio”, aseveró Lisa Schineller, directora ejecutiva del grupo de calificación de deuda soberana de S&P. “Fue un cambio desde nuestro punto de vista sobre la posibilidad de cohesión, de un avance hacia un plan sólido”. La economía atraviesa su peor recesión de los últimos 25 años y se proyecta una contracción de 2,4% este año y de 0,5% en 2016.

No obstante, la capacidad de las autoridades para apuntalar el crecimiento es obstaculizada por una tasa de inflación que es más del doble que la meta oficial y un déficit fiscal que, en opinión de muchos economistas, exige una combinación más radical de recortes de gastos y aumentos de impuestos. El déficit fiscal de Brasil en el año que cerró el 31 de julio rondó 9% del Producto Interno Bruto, alrededor del triple del déficit de 2013.

Standard & Poor’s redujo la calificación de la deuda de Brasil a BB+ y la ubicó en la categoría de chatarra. Las otras dos principales clasificadoras de crédito, Fitch Ratings y Moody’s Investors Service, mantienen el grado de inversión para Brasil. Esto es importante porque algunos grandes fondos de inversiones tienen la obligación de vender valores si dos agencias los ubican en terreno especulativo.

“Es muy, muy difícil ser un gestor de cartera en estos días”, dice Frederico Mesnik, socio fundador de Humaitá Investimentos de São Paulo. Los activos bajo gestión de la firma han caído de 230 millones de reales hace dos años a 40 millones de reales en la actualidad, a medida que la creciente incertidumbre política reduce el apetito de los clientes por la renta variable.

“Es muy difícil ver más allá de dos semanas”. Rousseff convocó a una reunión de emergencia de su gabinete el jueves en un esfuerzo por encontrar medidas que apuntalen las finanzas. Horas más tarde, el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, dijo a un grupo de reporteros que el país consideraría alzas de impuestos y otras medidas para evitar otra rebaja de calificación. A su vez, el banco central inyectó el jueves US$1.500 millones en el sistema financiero para frenar la caída del real.

“Tenemos que ver por qué estamos haciendo este esfuerzo adicional y es simple: para garantizar que el país sea seguro para los inversionistas, los trabajadores, las familias”, dijo Levy en una conferencia de prensa en Brasília. “Sabemos que el mercado no se calma con palabras, se calma con acciones”. Levy, sin embargo, ya ha fallado en intentos previos por llevar adelante medidas que él mismo dice son necesarias para poner en orden las finanzas del país.