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Un gol para la polémica eterna de los mundiales

  • Actualizado: 02 junio 2010 /

Geoffrey Hurst anotó un controversial tanto en la prolongación y le dio el título a la anfitriona Inglaterra en el 66 frente a Alemania. Aún es una jugada discutida.

    El fútbol volvió a casa en 1966, y lo hizo con honores. Inglaterra, la cuna del fútbol, organizó y ganó un torneo con buen juego, muchos goles e inolvidables recuerdos. Los ya exitosos mundiales entraban en una nueva dimensión, el primer paso hacia el fenómeno planetario de masas que es hoy el torneo.

    Los ingleses habían despreciado los inicios de los Mundiales. Su cerrazón se acabó con su debut en Brasil 50, y diez años después presentaron su candidatura y obtuvieron la organización de la edición de 1966.

    Un mes después los organizadores ganaron un aliado inestimable en su compatriota Stanley Rous, que fue elegido presidente de la FIFA. Bajo su mando se tomaron dos decisiones vitales para el Mundial 66: se introdujeron los controles antidoping y se prohibió la nacionalización de futbolistas.

    El torneo tuvo unos prolegómenos polémicos antes siquiera de que comenzase a rodar el balón. La FIFA decidió en 1964 que el ganador de la clasificación en África debía después luchar en un “play off” con el ganador de Asia u Oceanía por una plaza en el Mundial. Los 16 países africanos inscritos, enojados, declararon el boicot al torneo.

    Las dos grandes sorpresas en la clasificación fueron Portugal, que eliminó al finalista de 1962 Checoslovaquia, y Corea del Norte, que seguirían dando disgustos a sus rivales en el torneo en sí.

    A cuatro meses de la fase final, otro sobresalto sacudió y puso al borde del ridículo a la organización. La Copa Jules Rimet fue robada mientras se exponía en Londres. Se movilizó toda la policía londinense sin éxito hasta que una semana después un pequeño perro, de paseo con su dueño, la encontró escarbando bajo un árbol en un parque del sur de la ciudad. El can, llamado Pickels, se convirtió en un nuevo héroe nacional.

    La primera sorpresa fue la eliminación de Brasil, campeona en 1958 y 1962. La “canarinha” no superó la primera fase, con Pelé de nuevo víctima de la dureza de los rivales, y lesionado en los dos partidos que disputó. Su magia fue sustituida por Portugal, que fue su último rival y que terminó tercera. Su estrella, Eusebio, fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos.

    Polémica

    Tras 31 intensos y emocionantes partidos, Alemania e Inglaterra disputaron una final acorde con el torneo ante casi 100 mil espectadores en el antiguo estadio londinense de Wembley. Tras empatar 2-2 al final de los 90 minutos, la primera prórroga en un partido decisivo trajo la decisión arbitral más polémica de la historia.

    En el minuto 102, Geoffrey Hurst disparó y la pelota rebotó en el larguero (travesaño) en dirección perpendicular al suelo. El árbitro suizo Dienst dio validez al tanto, aunque la verdad sobre si el balón picó delante o detrás de la línea de gol pertenece ya a la leyenda del fútbol.

    Inglaterra terminó venciendo 4-2 y el técnico, Alf Ramsey, fue hecho caballero por la reina Isabel II. Años después también recibieron el mismo honor Bobby y Jack Charlton, Martin Peters y Hurst.

    El capitán Bobby Moore no llegó a ser honrado antes de su muerte en 1993. Los otros cinco miembros del equipo fueron hechos miembros de la Orden del Imperio Británico.

    El país entero celebró el triunfo como si de una victoria bélica se tratase, con un ofensivo cántico que aún resuena cuando el rival es Alemania: “Two World Wars and one World Cup!” (“¡Dos guerras mundiales y una Copa del Mundo!”).

    74 países participaron para clasificar al Mundial, un récord. Los cupos fueron 10 europeas, 4 sudamericanas, 1 de la Concacaf y otra a decidir entre Asia y Oceanía.