Así como todo lo que sube baja, también todo lo que empieza termina. Pero de David Suazo deja mil historias que contar. Era mayo de 2006.
Las 12:00 meridiano de Cerdeña. Salimos del aeropuerto y paramos a un taxista que se identificó como Nando. ¿Adónde desean que los lleve?, nos consultó?, a la sede del club Cagliari le respondimos con nuestro compañero fotógrafo Max Lemus.
¿Dé que país vienen?, nos preguntó Nando, de Honduras, le respondí. El traxista se sorprendió y lo primero que dijo fue: Grande la Pantera, el más grande, es nuestro ídolo, nunca lo dejaremos ir del Cagliari, él y Gianfranco Zola son inmortales.
Además la esposa de Suazo es italiana, ya no cuenten con él”. En la sede muchos estaban solo por una causa: conocer al crack de moda. De la sede regresamos juntos al hotel adonde estábamos hospedados y nos expresó lo feliz que era; pero a la vez recordó todo lo que había sufrido al principio cuando con apenas 19 años Osman Madrid, el director deportivo del Olimpia, lo dejó en la isla de Serdeña en 1999. “Destacar
aquí no ha sido fácil, hubo momento en que alisté mis maletas, pero alguien que me quiere me dijo que si yo deseaba triunfar tenía que vivir de todo; entonces eso me detenía y me iba a rezar a la iglesia La Bonaria, en mis momentos de soledad ahí fortalecía mi espíritu”. Y vaya que fortalecer el espíritu le servía, sus inicios después de dejar el Olimpia de Honduras fueron en primera con el Cagliari; pero cuando descendieron recibió hasta agresiones de los hinchas y en una ocasión un técnico -Renzo Uliviere- lo metió y lo sacó de un partido porque el catracho no obedeció sus indicaciones, por lo que lo calificó de jugador rural. Pero otros también lo elogiaban, como Nedo Sonetti que me expresó: “Suazo es un fenómeno, como Ronaldo el Gordo, como Thierry Henry, aquí en Italia los defensas le tiemblan, lo respetan”.
Estábamos en una plática en el hotel y algo me sorprendió, gente con mucha cultura hizo una larga fila para cumplir su sueño: lograr un autógrafo y una foto con el hondureño Suazo. En mis ratos libres encendía la televisión del hotel y en todas las promociones de los partidos del calcio aparecía la figura de David Suazo. En las oficinas de ventas de implementos del equipo el gancho para atraer compradores era una silueta de David Suazo con la camiseta número 9, la que todos querían lucir.
Eso me hizo ir con más emoción el domingo a ver el partido Cagliari con Parma en el estadio Sant Elía. Para el equipo sardo era como vivir o morir y David era el que cargaba con todo ese peso para evitar el descenso; pero la hazaña de catracho no solo ajustó para lograr la permanencia, sino que también igualó y luego superó el récord de goles del mítico Gigi Riva con 23 tantos. Ese día Cagliari coreó su nombre y sus compañeros y afición lo cargaron en hombros, yo me sentí orgulloso, un hondureño estrella, ídolo, héroe, capitán y salvador de un equipo del calcio. Y toda la ciudad estaba rendida a sus pies. Era como si habían ganado el título, todo era fiesta. Esa gran campaña le sirvió para ganarse el Ósacar del Calcio, premio otorgado al mejor extranjero del fútbol italiano que al final compartió con Kaka.
De ahí en a delante lo querían Real Madrid, Manchester, Barcelona, Roma, etc etc... Pese a que era su momento, sabía que su sueño no estaba cumplido, quería estar con Honduras en un Mundial, pero vaya que se le hizo realidad en Sudáfrica 2010. Un periodista italiano después del partido contra el Parma me dijo que era imposible que Suazo siguiera en el Cagliari, que el presidente Massimo Cellino no lo iba a poder retener porque se lo codiciaban lo clubes más grandes no solo de Italia sino de todo Europa. Las palabras del reportero me pusieron en alerta y al terminar
el campeonato italiano me interesé por dar la exclusiva mundial del futuro de Suazo y lo logré: “David Suazo al Inter por 18 millones de dólares”, tituló Golazo de Diario LA PRENSA.
Al final, el Milan quiso arrebatárselo, pero no lo logró, Suazo demostró su gran profesionalismo y pese a que la oferta del vecino presedido por
Adriano Galliani era superior, el hondureño respetó la palabra que le había dado él y su representante al técnico Roberto Mancini y a Massimo Moratti. Con Mancini tuvo oportunidad y si bien es cierto no brilló, anotó ocho goles y se coronó campeón en 2007-2008, además jugó la Champions.
A su satisfacción de superer
récord, de ganar un título de Liga con el Inter y una Copa Italia, Suazo siempre le agrega la dicha de haber conocido en persona al Papa. Su infortunio en el Inter fue el cambio de entranador, salió Mancini y llegó Mourinho, pero este lo marginó diciendo que Suazo era la cuarta opción de los delanteros. Así se apagó la ilusión da David de triunfar en un grande y no tuvo otra que emigrar hacia el Benfica recomendado por Paolo Futre. En Portugal no rindió lo esperado por culpa de una lesión de la rodilla que lo obligó a salir del equipo, apenas ganó un título de Copa de Liga. Regresó a Italia, Génova confió por su clase y explosión, pero por las lesiones musculares jugó muy poco.
Pese a eso, al salir del equipo genovés recibió una oferta del Catania adonde actuó muy poco porque la maldita lesión de rodilla se adelantó a su decisión personal de decir adiós del fútbol cuando él hubiera querido o cuando un día se despertara sin las ganas de entrenar. Después de eso anduvo de médico en médico y mientras ingresaba a los consultorios su celular sonaba, no paraban de llegar las ofertas, pero al final hubo un sugerencia médica contundente: o sigues en el fútbol o terminas en una silla de ruedas. Con ese dictamen contundente y con dolor en el alma porque aún sentía que con 33 años todavía podía jugar, Suazo decidió organizar una conferencia no en Italia, donde brilló, sino en San Pedro Sula adonde nació y empezó su carrera, por eso aquí dijo adiós entre lágrimas 14 años después de que el maestro Washington Tabárez se lo recomendara a Cellino.