Cuando en la infancia sus amigos le decían cariñosamente “enano”, aunque por su altura ya era un gigante, Juan Martín del Potro respiraba fútbol, basquetbol y rugby. Pero tomó una raqueta casi por casualidad y terminó siendo un fenomenal tenista.
El flamante ganador del Abierto de Estados Unidos era un fanático del fútbol, cuyos goles gritaba en Independiente de Tandil, club fundado en 1918 para la práctica del basquetbol y al que lo solía llevar su padre, quien fue un eximio jugador de rugby.
Cuando Del Potro, por entonces de seis años, iba a jugar fútbol debía pasar por las canchas de tenis, ya que era el camino obligado. Y no se resistió a una invitación.
“Ahí empezó su increíble carrera”, dijo Marcelo Gómez, el instructor que “descubrió” a Del Potro, ya que le enseñó a agarrar una raqueta y lo entrenó hasta 2007.
“Ya se notaba que tenía nervios de acero y grandes cualidades”, agregó Gómez en las instalaciones de Independiente, un club a 375 kilómetros al sudeste de Buenos Aires.
“Su voluntad, su fuerza y concentración me hicieron pensar que ese niño se iba a destacar en el tenis como lo venía haciendo en el fútbol”, recordó el actual profesor de tenis del club.
“Siempre quería jugar con chicos dos o tres años mayores que él y lo bueno es que les ganaba”, agregó Gómez. “Es muy fuerte mentalmente y por eso le ganó a Roger Federer”, en la final del US Open el lunes en Nueva York.
Fue el primer título de Grand Slam para Del Potro, que a una semana de cumplir los 21 años ascendió al quinto puesto del ranking de la ATP.
El entrenador recordó que Del Potro día a día iba creciendo hasta llegar a su actual altura de 1.98 metros, lo que le valió el posterior apodo de la “Torre de Tandil”. “Lo de ‘enano’ era una broma de sus compañeros”, quienes también le apodaban “Palito”, por sus piernas largas y flacas, señaló.
Debido a su altura, Gómez subrayó que a Del Potro lo preparó “para jugar puntos cortos, para ser ofensivo y agresivo. Su estatura iba a limitar sus movimientos; siempre pensamos en canchas duras y por eso su sueño de ganar el US Open”.
Roberto Bejarano, un apasionado por el tenis y ex socio del club, hurgó en su memoria y dijo que “cuando le alcanzaron la raqueta, Delpo casi no le dio importancia”.
Héroe de Tandil
Del Potro ya es el principal ídolo deportivo de Tandil. Al llegar el miércoles a Buenos Aires envió un mensaje a los niños que comienzan a dar sus primeros raquetazos en Tandil. “Para los chicos que arrancan con el tenis mucho no puedo decir, seguramente tienen a sus padres que van a ser sus mejores guías”.
“A esa edad yo disfrutaba de jugar, de ir al colegio, trataba de no faltar nunca”, agregó el argentino, que en su carrera lleva siete títulos.
En Tandil, todos los aficionados al tenis quieren ser como “Delpo”, quien de niño ya era casi invencible. “Con Delpo jugué más de mil partidos y sólo le gané una vez”, recordó Bernardo Caballero, antiguo rival de Del Potro y actual profesor en Independiente. “Estaba enojadísimo, nunca le gustó perder porque siempre fue muy competitivo”.
El presidente de Independiente, Horacio Morrone, recuerda que desde pequeño Del Potro era un gran goleador. “Si Juan Martín seguía en el fútbol sería un Maradona, un Pelé”, sostuvo.
La familia de Del Potro es nativa de Tandil y no suele dar entrevistas. Su padre Daniel es veterinario y su madre Patricia, profesora de literatura. Además tiene una hermana de 18 años, Julieta, que es estudiante y a la que Del Potro le regaló un lujoso automóvil que recibió cuando el año pasado ganó en Stuttgart el primero de los siete títulos de su carrera.
Cada vez que el número cinco de la ATP termina un partido, se hace la señal de la cruz, algo que no es casual.
“Es algo familiar... Tengo una hermana que me cuida desde arriba cada vez que juego”, dijo Del Potro a la edición argentina de la revista Newsweek. Del Potro siempre evita hablar de la muerte de una hermana ocurrida hace un par de años.
Es fanático de Boca Juniors, el equipo de fútbol más popular de Argentina.