Franck Ribery, de 23 años y un rostro marcado por una profunda cicatriz, no había jugado ningún partido como titular en la selección francesa, pero saltó al césped ante Suiza con la responsabilidad de inocular savia nueva en un conjunto veterano y fiel a su viejo empeño de ser futbolista.
¿La primera seña de identidad de Ribery es el profundo corte que marca su cara, un recuerdo del accidente de coche que, cuando tenía dos años, le hizo salir despedido del vehículo.
Salvó la vida y los médicos le reconstruyeron la cara sin poder borrar del todo las huellas de la tragedia.
Marcado por esta cicatriz y por una fuerte personalidad, Ribery, el mayor de una familia de cuatro hermanos criados en Boulogne-sur-mer, al norte de Francia, dio los primeros pasos en el fútbol en el centro de formación del Lille, del que fue expulsado con 16 años por su carácter controvertido.
Pasó por varios equipos chicos, hasta que logró recalar en el Galatasaray de Turquía, para luego regresar al Olympique de Marsella y jugar su primer mundial. Toda una historia.