Se puede vivir en un bastión del independentismo catalán y disfrutar como un niño con la visita del Real Madrid, el club emblemático de la capital de España: el equipo de Zinedine Zidane cayó 2-1 ante el recién ascendido Girona, en un partido disputado con un ambiente festivo, pese a la actual crisis política en Cataluña.
'Hablemos de fútbol, dejemos de lado la política, estamos saturados', pedía en la entrada del partido Daniel Rimbau, un estudiante de 21 años vestido con la camiseta roja y blanca del Girona.
Junto a él, su amigo David lucía atada al cuello una 'estelada', la bandera independentista catalana, pero los dos aficionados ponían el acento en la vertiente deportiva del partido: era el primer partido oficial entre el modesto club catalán, que está jugando en primera división por primera vez en su historia, y el todopoderoso Real Madrid. Y David terminó tumbando a Goliat.
'Esta mañana, cuando me desperté, no me daba todavía cuenta de que Cristiano Ronaldo y Zidane venían. Es un día especial', subraya Daniel.
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Este joven se recuerda de los años, no muy lejanos, en los que el Girona jugaba en divisiones inferiores y en los que él y sus amigos podían saltar sin problemas al campo para dar unos toques al balón durante los descansos de los partidos.
En las gradas del estadio de Montilivi (13.500 espectadores), en la periferia de esta ciudad de 100 mil habitantes considerada como una de las plazas fuertes del separatismo, las banderas catalanas son muy numerosas. De repente, el público grita '¡Independencia!' o '¡Llibertat!' (Libertad, en catalán), como un recuerdo inevitable de la situación política.
El partido se disputa apenas dos días después de la declaración unilateral de independencia del Parlamento catalán, el viernes, y de que el gobierno de Madrid recibiera la autorización del Senado para tomar el control del gobierno regional.
Día histórico
En las gradas también se podían ver camisetas del Real Madrid e incluso alguna bandera española. El primer gol del partido, obra de Francisco Alarcón 'Isco' para los 'merengues', hizo aplaudir a una cuarta parte del estadio, aunque la auténtica fiesta se desató con la remontada del Girona.
El autocar del equipo madrileño, sin distintivos por motivos de seguridad, fue recibido en Montilivi con una mezcla de aplausos y abucheos.
Para muchos aficionados del Girona, el Real Madrid no es un adversario directo, sino el 'rival del hermano mayor', el FC Barcelona.
'Lo que pasa aquí es una fiesta. Hay que separar lo que es Cataluña y lo que son sus clubes, el Girona, el Barça y el Espanyol', estimó Daniel Rimbau.
De la misma opinión es David Céspedes (49 años), que acudió al partido con su hija Laura: este hincha, con una gorra del Girona, cree que 'la política tiene que ir al margen del deporte'.
Para él, la amenaza de una exclusión de los clubes catalanes de la Liga en caso de una independencia efectiva 'no tendría sentido', aunque admite que 'tampoco se sabe cómo va a acabar políticamente' la crisis actual.
'Una Liga sin el Barça sería menos competitiva. Dependerá de las circunstancias políticas, pero tampoco le interesa a la Liga perder al Barça', afirma.
'Que nos echen'
Al Real Madrid tampoco le interesaría esa exclusión del Barcelona de la Liga, al menos desde el punto de vista económico, teniendo en cuenta la cuestión de los derechos televisivos y la enorme repercusión mundial de sus 'Clásicos' contra los azulgranas.
'Si no nos quieren (en la Liga ), que nos echen', desafía Lluis Torrent, dispuesto a que su Girona abandone la Liga española. Aunque junto a eso desea que el club pueda mantenerse en la primera categoría del campeonato español si no es excluido.
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Unas horas antes del inicio del partido, este ingeniero de 56 años fue a la plaza del Ayuntamiento, donde tenían lugar celebraciones de las fiestas de San Narciso, patrón de la ciudad.
Allí estuvo también la alcaldesa Marta Madrenas, que sucedió en el puesto al dirigente independentista Carles Puigdemont, presidente de Cataluña cesado por el gobierno español tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. En la plaza se elevaban populares 'castellers', esas impresionantes torres humanas que desafían la gravedad.
'Sería un gran regalo para las fiestas derrotar al Real Madrid', afirmaba de manera premonitoria: el pequeño tumbó al grande en Montilivi, en un día en el que fútbol y política se entremezclaban inevitablemente.