Si algo ha caracterizado a Brasil a lo largo de su rica historia futbolística, es la facilidad para producir defensores laterales de clase mundial. Desde Carlos Alberto, que deslumbró a todos en la década del 70, la lista incluye a nombres de la talla de Cafú, Roberto Carlos, Maicon, Marcelo y Dani Alves.
Este último, justamente, es una de las piezas destacadas del FC Barcelona que ha sabido revolucionar el fútbol moderno a fuerza de títulos y rendimientos espectaculares.
¿Qué es lo que más lo sorprendió en su llegada al Barcelona?
Me pareció muy curioso que no fiche jugadores por el nombre ni por la fama que tengan. Por el contrario, fiché pensando en dónde encajaría ese jugador dentro del equipo, qué trabajo puede hacer. Y a partir de ahí siempre creces como conjunto. El trabajo no es de dos días, sino de años, años y años. Todos los que formamos parte hoy del Barcelona tenemos que sentirnos privilegiados. Pasar por este club es recomendable para la salud, para todo… realmente reconoces lo que son valores humanos, futbolísticos y de competición. Sin lugar a dudas es el mejor club y equipo del mundo.
A la hora de hacer un balance personal de 2012, ¿le hubiese gustado jugar un poco más?
Sí, claro. Todas las lesiones que no tuve nunca a lo largo de mi carrera, han coincidido ahora. Pero mi filosofía es no buscar los ‘por qué’, y sí los ‘para qué’. Y pienso que me tenía que pasar para valorar ciertas cosas que uno no ve cuando se encuentra tan metido en la profesión. Me vino bien para madurar y aprender, lo tomo así. Creo que cuando uno es fiel a su trabajo, cuando se es un gran profesional, las cosas vuelven a su sitio. Ahora estoy muy feliz de haber empezado este año jugando y de poder participar estando bien físicamente.
El año pasado también trajo varios cambios en la Selección. ¿Qué puede aportarle la llegada de Luiz Felipe Scolari a Brasil?
Siempre que hay cambios se espera que sean para mejorar. En nuestro caso, esperamos que sirva para encontrar un punto de equilibrio, para que vuelvan a respetarnos como Selección por los jugadores y la historia que tenemos. Se ha elegido al último campeón del mundo y eso quiere decir muchísimo. Requiere respeto: ganar cualquier competición es difícil, él lo ha logrado, y ojalá que venga para aportarnos ese punto de equilibrio que quizás nos ha faltado. Estamos a las puertas de dos competiciones muy importantes en nuestra casa, con nuestra gente, por lo que todo lo que sume y ayude nos tendrá encantados e ilusionados. Queremos devolverle la esperanza a nuestra gente.
Muchos creen que Brasil, por el hecho de ser local, es principal candidato a ganar la Copa Confederaciones y la Copa Mundial. Sin embargo, los que conocen la pasión con que se vive allí, saben que la presión será muy fuerte. ¿Está listo el plantel para convivir con eso?
El que no esté preparado, tiene menos de seis meses para hacerlo. Porque al final se juega ahí, y hay que prepararse. Es cierto que tenemos jugadores jóvenes, pero cuentan con experiencia y han sido campeones con sus equipos. En mi opinión, la ilusión que tenemos de poder jugar competiciones tan grandes en nuestro país supera todas las otras dificultades que supone. Nuestra ilusión está por encima de todo.
¿Están ansiosos por jugar una competición oficial? La ausencia en la eliminatoria les ha privado de contar con esa posibilidad más a menudo…
Exacto, poder competir es lo que echamos de menos. Cuando llegas a un torneo oficial se compite realmente, de verdad. Y por más que tomemos muy en serio los partidos amistosos, allí falta la responsabilidad de saber que si pierdes quedas fuera de algo como un Mundial en tu casa. Esa presión es buena para el futbolista, te mantiene vivo, bien concentrado y enfocado en lo que quieres. Y eso hace al equipo: la dificultad y la alegría de una competición te unen. Pero es lo que hay, tenemos que convivir con eso. Las excusas son de perdedores. Y en la selección perdedores no hay porque para estar aquí todos han tenido que superar cosas muy importantes. Nosotros jugamos al fútbol, hacemos y disfrutamos de lo que amamos. La presión no existe para alguien que hace su trabajo con amor e ilusión.