La industria del juego está creciendo de forma vertiginosa en Latinoamérica, aunque cada país avanza a ritmos diferentes según su regulación, acceso tecnológico y madurez del mercado.
Chile y Honduras representan dos buenos ejemplos de modelos contrastados que vale analizar para entender este fenómeno. Continúa leyendo para conocer su historia, regulación, tamaño de mercado, retos y oportunidades de cooperación entre ambos países.
Historia y evolución del juego en ambos países
A finales del siglo XIX la cultura del juego comenzó a expandirse en América Latina dentro de salones clandestinos en hoteles, bares y restaurantes que luego serían los precursores de los casinos modernos.
Chile
En 1931 Chile tuvo su primer casino legal, el Casino de Pichilemu en Viña del Mar. Luego surgieron centros de juego en zonas turísticas como Pucón, Puerto Varas y Arica. Para 2005, con un marco legal establecido, ya eran más de 20 los casinos activos en el país.
El juego online se popularizó durante los años 2000 gracias a un mayor acceso a internet y los avances tecnológicos de la época. Desde entonces, esta industria ha crecido exponencialmente en cantidad de jugadores y dinero generado, impulsando la discusión de una regulación integral.
Honduras
En Honduras los casinos comenzaron como clubes sociales en los años 40. Con el paso del tiempo, surgieron casinos emblemáticos como los de Tegucigalpa, San Pedro Sula o Santa Rosa de Copan, entre otras ciudades.
En cuanto a las plataformas virtuales, al igual que en Chile, se popularizan desde los años 2000, aunque de forma moderada y sin una regulación clara.
Cómo funciona la regulación en Chile vs. Honduras
Honduras
El juego en Honduras se legalizó en el año 1977, cuando se promulgó la Ley de Casinos, Juegos de Envite o Azar, gestionada por el Instituto Hondureño de Turismo. La ley establece la edad mínima de 18 años para jugar y se encarga de otorgar licencias a los casinos que cumplan con los requisitos legales y un pago anual que va de 300.000 a 700.000 lempiras (de 11.000 a 26.000 USD) o el 20% de ingresos brutos.
Sin embargo, el juego online aún no está regulado. No hay licencias, impuestos específicos ni una autoridad que controle a los operadores digitales. Esto mantiene la actividad en un “limbo legal” que desprotege a los jugadores e impide un desarrollo sostenible del sector.
Chile
Chile creó la Ley de Juegos de Azar N.° 19.995 en 2005 gestionada por la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ). Con esta ley se creó un modelo de regulación centralizado con una autoridad única.
Además, hay un proceso avanzado de reforma regulatoria que busca crear un entorno donde cada plataforma sea un casino online confiable. En 2023 se aprobó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados y en 2024 pasó por el Senado, donde quedó pendiente de debate y aprobación final.
Se discute la creación de un sistema de licencias, requisitos técnicos, verificación de identidad, y un impuesto sobre los ingresos brutos del juego (GGR) de alrededor del 20%, un IVA del 19% sobre servicios digitales y un impuesto anual del 2% sobre el total de apuestas.
Diferencias de tamaño del mercado y nivel tecnológico
Chile, un mercado consolidado
Chile cuenta con 25 casinos licenciados, que solo en el primer trimestre de 2025 generaron 153,9 millones de dólares. En ese período de tiempo, estos establecimientos recibieron aproximadamente 1,79 millones de visitas, con un gasto promedio de 85 dólares por persona. Cifras de un mercado maduro.
En el ámbito digital, aunque aún no está regulado, se estima que los usuarios chilenos generan entre 130 y 170 millones de dólares anuales en plataformas online. Con la aprobación de la nueva ley, se proyecta un crecimiento cercano al 6,9% en 2026.
Chile goza de una infraestructura digital avanzada y unas condiciones idóneas para el crecimiento del juego online. Por ejemplo, un 94,1% de penetración de internet (18,6 millones de usuarios) y el 97,3% de esos accesos son desde el móvil.
Honduras: un mercado en desarrollo
Aunque en Honduras no existen cifras oficiales, consultoras privadas estiman que los casinos físicos cerrarían el 2025 con ingresos cercanos a los 100 millones de dólares, proyectando 150 millones de dólares para 2030. Lo que implica un crecimiento anual del 9,04%.
Algunos analistas pronostican que de concretarse con éxito la regulación del sector virtual, el crecimiento anual sería de alrededor del 6,9% hasta 2026. Pero antes deberá superar limitaciones como la menor penetración tecnológica y altos costos de equipamiento digital.
Retos: juego responsable, inversión, ciberseguridad
A pesar de las diferencias, ambos países enfrentan retos similares:
■ Las crecientes amenazas digitales como ransomware, hackeo y ataques DDoS (Latinoamérica acumula cerca del 30% de los ciberataques globales, según Kaspersky)
■ Protección de menores y prevención del juego problemático.
■ Creación de mecanismos de transparencia y control de transacciones.
■ Fortalecimiento de campañas de juego responsable.
■ Eliminación de sitios fraudulentos.
Retos específicos de Chile
En Chile es esencial implementar con éxito el nuevo marco legal del juego online que está por ver la luz en el congreso, para equilibrar innovación y seguridad, además de obligar a los casinos online a contribuir financieramente con programas de juego responsable.
También es necesario invertir en infraestructura digital y de juego del país, para que los operadores locales puedan competir con las grandes marcas internacionales establecidas.
Retos específicos de Honduras
En Honduras es urgente hacer que la actualización de la Ley de 1977 y la regulación de los casinos online sea un tema en la agenda pública y que deje de perpetuarse el vacío legal. Sin regulación, no hay capacidad de proteger debidamente al consumidor, garantizar el juego responsable y atraer la inversión extranjera.
Conclusión
Chile y Honduras representan dos caras de una misma moneda dentro de su desarrollo en el ecosistema del juego online en Latinoamérica. Uno busca consolidarse de manera controlada y profesionalizar el sector. El otro se muestra como un mercado emergente, con mucho potencial, pero con muchos aspectos por definir.
Las necesidades regulatorias y tecnológicas de ambos abren una puerta de cooperación que podría fortalecer la experiencia de ambos países con el objetivo de impulsar su competitividad regional y promover un ambiente de juego más seguro y transparente para sus usuarios.