Así se disfrazó la mentira: radiografía de 393 bulos en siete meses de 2026

Citas inventadas, hechos descontextualizados y deepfakes marcaron una desinformación que encontró en Facebook su principal escaparate entre enero y julio

  • Actualizado: 13 de agosto de 2026 a las 14:56 -
Así se disfrazó la mentira: radiografía de 393 bulos en siete meses de 2026

San Pedro Sula, Honduras
La mentira cambió de rostro, formato y temática, pero mantuvo una fórmula reconocible durante los primeros siete meses de 2026: apropiarse de personajes, instituciones y acontecimientos reales para presentar como verdadero algo que nunca ocurrió.

Entre el 1 de enero y el 31 de julio fueron desmentidos 393 bulos. La cifra retrata una corriente persistente de contenidos falsos o engañosos que atravesó asuntos políticos, conflictos internacionales, salud, educación, seguridad, fenómenos naturales y eventos deportivos.

La desinformación no necesitó inventarlo todo. En ocasiones tomó una declaración auténtica y le arrancó el contexto. En otras puso palabras falsas en boca de una figura pública, fabricó una decisión gubernamental o presentó como real un proyecto legislativo inexistente.

Para Edwin Ordóñez, docente de Periodismo Digital de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), esta capacidad de fabricar y adaptar contenidos responde también al nivel de preparación de quienes los producen.

“Las personas que están creando esta lluvia de bulos, deepfakes o noticias falsas son personas muy informadas y preparadas, expertas en crear un tsunami de desinformación que la mayor cantidad de población cree y divulga sin analizar si es verdadero, falso o está fuera de contexto”, afirmó.

Gobierno y Congreso Nacional fueron las temáticas más utilizadas. En conjunto aparecieron en 152 casos, casi cuatro de cada diez bulos analizados. Esto no significa que ambas instituciones produjeran esos contenidos, sino que fueron convertidas en protagonistas involuntarias de las falsedades.

La concentración de estos contenidos en la esfera política también tiene una explicación, según Ordóñez: “El hambre por poder, seguidores de entes políticos con odio y el mismo egocentrismo de algunos funcionarios y exfuncionarios profundiza que la crisis de la desinformación se concentre ahí”.

La fórmula fue particularmente visible en los asuntos gubernamentales. De los 85 bulos vinculados con el Gobierno, 76 inventaron acciones del Ejecutivo. La mentira no se limitó a exagerar una medida: en la mayoría de esos casos creó la actuación desde cero.

En el Congreso Nacional ocurrió algo similar. Una parte importante de los contenidos atribuyó a los diputados proyectos que no existían, tergiversó iniciativas o presentó supuestas decisiones legislativas como hechos consumados.

Ordóñez resume esa dinámica de forma directa: “Ahora la guerra tiene dos lados: oficialismo y oposición lanzando mentiras a través de las fronteras sin control de las redes sociales”.

Poner palabras en boca ajena

La cita falsa fue el disfraz más utilizado. Un total de 99 contenidos atribuyó expresiones inexistentes a políticos, funcionarios, instituciones u otras figuras públicas.

Esta modalidad ofrece una ventaja para quienes desinforman: una frase breve, colocada sobre una fotografía reconocible, puede parecer suficiente para provocar indignación, rechazo o respaldo. La apariencia sustituye a la evidencia y la reacción emocional se adelanta a la comprobación.

El segundo recurso más frecuente fue sacar los hechos de contexto. En lugar de fabricar completamente una imagen, una declaración o un video, se reutilizó material real, pero separado de las circunstancias que permitían comprenderlo correctamente.

Javier Franco, experto en desinformación, considera que esa transformación es una de las principales características del fenómeno en 2026: “La desinformación está evolucionando y haciéndose más sofisticada. Ya no necesita inventar completamente una noticia: puede utilizar una cita falsa, sacar un hecho verdadero de contexto, alterar una imagen o producir artificialmente una voz o un video”.

Entre las citas falsas y los contenidos descontextualizados se concentró casi la mitad de los casos. La radiografía muestra así que la desinformación no siempre construye una mentira completa: muchas veces le basta con mutilar la verdad.

Para Franco, el cambio no está únicamente en el volumen de contenidos falsos, sino en la dificultad creciente para identificarlos: “el gran cambio de 2026 está allí: el problema ya no es solamente cuánto se desinforma, sino que cada vez resulta más difícil reconocer a simple vista aquello que es falso”.

También se documentaron hechos falsos y 66 deepfakes. Estos últimos añadieron otro nivel de apariencia mediante audios, imágenes o videos manipulados. A ellos se sumaron suplantaciones, propuestas inexistentes, comunicados falsos y otras formas de fabricación digital.

El resultado de la revisión fue contundente: 357 de los 393 contenidos fueron calificados como falsos. Los demás fueron considerados engañosos porque mezclaban elementos ciertos con omisiones, alteraciones o interpretaciones capaces de conducir al público hacia una conclusión equivocada.

Facebook, el principal escaparate

La mayor parte de los bulos fue detectada en Facebook. La plataforma reunió casi dos de cada tres casos analizados y se colocó ampliamente por encima de las demás redes sociales.

TikTok ocupó el segundo lugar. Entre ambas plataformas concentraron nueve de cada diez contenidos desmentidos durante el periodo. X, WhatsApp, Instagram y Threads tuvieron una participación menor.

Los datos no demuestran por sí solos que los 393 casos formaran parte de una operación coordinada. Sí permiten observar una desinformación constante, adaptable y capaz de encontrar espacio en las plataformas con mayor presencia dentro del análisis.

El volumen tampoco permaneció estable. Febrero registró el punto más bajo, pero la actividad aumentó en los meses posteriores hasta alcanzar sus mayores niveles en junio y julio. Este último cerró con 83 bulos, la cifra mensual más alta.

La desinformación parecía seguir la conversación pública. Cuando cambiaba la coyuntura, también cambiaba su vestuario.

Una mentira para cada coyuntura

Además del Gobierno y el Congreso, los bulos aprovecharon el posible regreso y el indulto de Juan Orlando Hernández, las elecciones, la política, las alzas de los combustibles y la disputa por la isla Conejo.

También se colaron en la conversación sobre la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel, el Mundial de 2026, un supuesto doble terremoto en Venezuela, la captura de Nicolás Maduro y una masacre en Trujillo.

Otros asuntos, desde el hantavirus y el sarampión hasta los paros de docentes y médicos, también sirvieron de materia prima.

Franco recomienda que “el fact-checking es indispensable, pero muchas veces interviene cuando el contenido ya circuló y dejó una impresión en las personas. Por eso no basta con desmentir después; necesitamos también prevención y desarrollar mayor capacidad para valorar la información antes de compartirla”.

En esa tarea, Ordóñez destaca el papel de los medios que verifican los contenidos que circulan en redes sociales: “El papel que desarrollan EH y LA PRENSA Verifica es fundamental. Hacerle frente a este tipo de pandemias no es nada fácil, pero ayuda a desmontar tanta noticia falsa y evitar tragedias”.

La radiografía de los 393 bulos no muestra una mentira encerrada en una sola temática. Muestra un fenómeno que se mueve detrás de la actualidad, se apropia de sus protagonistas y adopta el formato más conveniente.

A veces se presenta como declaración. Otras veces como video, comunicado, propuesta, encuesta o noticia urgente. Cambia de apariencia, pero conserva el mismo objetivo: lograr que una falsedad parezca lo suficientemente cierta como para ser compartida.

  • Fuentes
  • Verificaciones de LA PRENSA
Nuestras clasificaciones
VERDADERO

Cuando las pruebas son fehacientes y confirman la información.

FALSO

Todas las fuentes arrojan que la información no es cierta.

ENGAÑOSO

Contiene datos mezclados entre verdadero, falso, o sacado de contexto.

VERDAD A MEDIAS

La información es correcta pero omite elementos clave del contexto.

INEXACTO

La información que se aproxima a la exactitud.

SIN EVIDENCIA

No hay datos públicos ni alternativos para probar la información.

Te gustó este artículo, compártelo
Ultimas Noticias