Los fertilizantes artificiales son los más utilizados por su bajo costo y comodidad, aportan menos beneficios al suelo que los naturales, debido a su alto componente químico.
El más común de los abonos naturales es el compost, derivado de excrementos de animales o residuos putrefactos.
“Para el huerto, es esencial añadir una buena cantidad de nutrientes al terreno, sobre todo, minerales”, explica la gerente de Viveros Caracol, Georgeth Herrera.
Tradicionalmente los campesinos utilizaban el estiércol en vez de los desechos vegetales.
Actualmente lo más común es mezclarlos, por cada tres fracciones de vegetal, una de animal. Otra opción es valerse de plantas, que esparcidas por el suelo se pudren y son una excelente fuente de alimento para la superficie.
¿Cómo lo elabora?
Es muy sencillo de conseguir, basta con recurrir a los restos de hojas o frutos caídos, comida, basura orgánica y apilarlo agregándole aserrín para que empape la humedad y contrarreste el mal olor.
Es aconsejable removerlo a menudo para que se ventilen y la descomposición sea más rápida, ya que suele prolongarse durante un mes.
Abono para plantas
En una maceta, al tratarse de un espacio tan pequeño, las raíces no tienen la posibilidad de extenderse para buscar agua y nutrientes como sucede en el suelo, por lo que hay que prestar más atención tanto al riego como al abonado.
La tierra para macetas, en general, es pobre en elementos fertilizantes.
El agua sobrante del riego que sale por el agujero de drenaje va arrastrando nutrientes, empobreciéndolo poco a poco.