El Progreso, Yoro, Honduras.
Rodrigo Fernando Gutiérrez (18) y su hermano de 13 años fueron asesinados de varios disparos anoche en la comunidad de Camalote, al noreste de El Progreso, municipio del departamento de Yoro, en el norte de Honduras.
Según el relato de los parientes, ambos jóvenes salieron de su vivienda ubicada en la colonia Rubí número 9 a las 6 PM del domingo y se dirigieron a un establecimiento de videojuegos ubicado en la aldea Camalote.
Al ver que los hermanos no regresaban, los familiares emprendieron la búsqueda, pero fue hasta este lunes en horas de la mañana que encontraron los cuerpos sin vida en un solar baldío, ubicado cerca de la comunidad donde residían.
Según el dictamen forense, los cuerpos presentaban al menos ocho orificios de arma de fuego calibre desconocido en el tórax, rostro y brazo derecho.
En medio del dolor por la pérdida de sus nietos, Teodora Gutiérrez, expresó que ella suplicaba a las víctimas que no se fueran porque ya era demasiado tarde.
“Yo no quería que se fueran, pero ellos dijeron que querían jugar. Siempre pensé que ellos me enterrarían a mí, no entiendo porqué los mataron”, gritaba la abuela sobre uno de los féretros.
Rodrigo Fernando Gutiérrez (18) y su hermano de 13 años fueron asesinados de varios disparos anoche en la comunidad de Camalote, al noreste de El Progreso, municipio del departamento de Yoro, en el norte de Honduras.
Según el relato de los parientes, ambos jóvenes salieron de su vivienda ubicada en la colonia Rubí número 9 a las 6 PM del domingo y se dirigieron a un establecimiento de videojuegos ubicado en la aldea Camalote.
Al ver que los hermanos no regresaban, los familiares emprendieron la búsqueda, pero fue hasta este lunes en horas de la mañana que encontraron los cuerpos sin vida en un solar baldío, ubicado cerca de la comunidad donde residían.
Según el dictamen forense, los cuerpos presentaban al menos ocho orificios de arma de fuego calibre desconocido en el tórax, rostro y brazo derecho.
En medio del dolor por la pérdida de sus nietos, Teodora Gutiérrez, expresó que ella suplicaba a las víctimas que no se fueran porque ya era demasiado tarde.
“Yo no quería que se fueran, pero ellos dijeron que querían jugar. Siempre pensé que ellos me enterrarían a mí, no entiendo porqué los mataron”, gritaba la abuela sobre uno de los féretros.