En una carreta, amarradas y cubiertas con una colcha, aparecieron abandonados los cuerpos de dos mujeres, una joven de 17 años y otra que no fue identificada, en un solar baldío de la colonia Suyapa en Chamelecón.
La menor fue identificada como Belkis Márquez Flores.
Ayer a las seis de la mañana, los vecinos encontraron la carreta a un lado de la calle en donde se observaban los pies de las víctimas, de inmediato dieron el aviso a los policías, quienes llegaron al lugar y acordonaron la escena en espera de las autoridades correspondientes.
No había rastros de sangre, los cuerpos fueron dejados en el lugar, según investigación preliminar.
A las nueve de la mañana, agentes de Investigación, fiscales del Ministerio Público y médicos forenses llegaron para hacer el levantamieno de los cadáveres.
El forense determinó que ambas tenían de ocho a diez horas de haber fallecido por asfixia.
Ricardo Aguilar Lemus, el tío de Belkis Márquez, se presentó al lugar e informó que la última vez que vio a su sobrina fue a la una de la mañana cuando salió del cuarto donde vivía junto a la otra fallecida y dos amigas más, de quienes hasta ayer no se sabía adónde estaban.
Los cadáveres fueron llevados a la morgue judicial de esta ciudad para la autopsia correspondiente.
Hechos
La muchacha de 17 años salió del cuarto donde vivía junto a sus cuatro amigas a tempranas horas de la noche. Tenían cuatro semanas de convivir en la colonia Suyapa. El tío relató que la joven regresó sola y que a la una de la mañana nuevamente salió a la calle.
“Eran cuatro las jóvenes que vivían en el cuarto que yo les había dado. Ninguna trabajaba, pasaban en la casa y salían a fiestas. Anoche temprano salieron las cuatro, pero sólo mi sobrina regresó. A la una de la mañana me dijo: ‘Voy a salir, no me espere porque no voy a regresar’. No tuve más noticias de ella hasta ahora que me avisaron que la encontraron muerta a ella y la otra amiga cuyo nombre no conozco. Las otras dos no han aparecido”, manifestó Aguilar Lemus.
Las dos muchachas estaban cubiertas con una colcha que impedía identificarlas. Hasta que las autoridades descubrieron los cuerpos, algunos parientes que estaban entre los curiosos lograron reconocerlas como vecinas.
Ambas tenían una soga amarrada en el cuello con la que sus victimarios las asfixiaron. La menor vestía pantalones vaqueros azules, blusa amarilla; la otra acompañante, la que no fue identificada y sólo se supo que era de Cofradía, estaba semidesnuda.
Las manos de las dos mujeres tenían rastros de sus victimarios, lo que hace suponer que forcejearon con sus asesinos. Para proteger las posibles evidencias, el médico forense pidió a los agentes de investigación cubrirlas para que en el análisis se pueden establecer elementos que ayuden a la investigación.
Hasta ayer, ninguno de los amigos, familiares y vecinos de las víctimas tenía sospecha de lo que pudo originar la muerte de las dos mujeres e ignoraban el paradero de las otras dos amigas que vivían con las fallecidas para que pudieran aportar algún elemento que ayude a las autoridades a esclarecer estas muertes.