Elegía para la flor romántica de la Costa Norte: Julieta Salem de Kattan

Semblanza de Julieta Salem de Kattan, referente cultural y social de San Pedro Sula, recordada a ocho meses de su partida.

  • Actualizado: 20 de febrero de 2026 a las 13:34 -
Elegía para la flor romántica de la Costa Norte: Julieta Salem de Kattan
San Pedro Sula

Mucho se ha dicho de esta gran figura: mujer sustancia, mujer de grandes acciones, mujer que representó la esencia del norte de Honduras. Y así fue. Nació en el villorio de Potrerillos, frente al romántico paso del río Chamelecón, y la acompañaron siempre los bellos recuerdos del afecto familiar de sus padres y hermanos.

Julieta Salem de Kattan fue una suma armoniosa de virtudes. De finos y brillantes ojos, alta y de tez blanca, supo llevar con elegancia las mejores ropas y exquisitas joyas, propias de su linaje, pero también cultivó una sólida formación académica. Fue estudiante del Instituto María Auxiliadora y del colegio mixto José Trinidad Reyes, donde compartió aulas con jóvenes destacados de su tiempo, como Jaime Rosenthal y Edgardo Dumas.

En plena juventud contrajo matrimonio en una esplendorosa boda celebrada en el Hotel Plaza de Nueva York con Gabriel Kattan, hijo del empresario textil David Kattan, vinculado a las marcas Arrow y Van Heusen, e impulsor en Honduras de la camisa Presidente Paz. Establecidos en San Pedro Sula, formaron una familia que floreció en Jacobo, Gabriel, Guillermo Carlos y Mauricio, hijos que la amaron y honraron sus ideales hasta sus últimos días.

Cuando sus hijos crecieron y cursaron estudios en el extranjero —en Estados Unidos y en el Tecnológico de Monterrey, en México— Julieta los acompañó con dedicación, organizando su vida estudiantil con esmero. Fue entonces cuando despertó en ella con mayor fuerza su vocación cívica y cultural.

Fue fundadora y pionera del Círculo Teatral Sampedrano, junto a Olga Illin Mackay y Doris Nuila, propietaria del predio donde hoy se levanta el teatro de la ciudad, adquirido gracias a gestiones en las que su influencia fue determinante. La conocí en esas actividades: poseía el don de declamar poesía y un notable sentido de la actuación. Recuerdo nuestra conversación en su recién estrenado hogar de la colonia Bellavista, donde compartimos ilusiones y proyectos.

Participó también en la fundación del Club de Jardinería y apoyó iniciativas como el Grupo Ideas, la Mesa Redonda Panamericana y la Camerata Strauss, integrada por catorce músicos graduados de la Escuela de Música Victoriano López, con el propósito de brindar oportunidades laborales dignas a jóvenes talentos. Respaldó, asimismo, la creación de la Fundación Filarmónica, surgida de la fusión de la Sociedad Pro Música —que presidí— y el patronato de la Escuela, inspirado en las ideas del ingeniero Mas Furst Hepburn.

En 1972 fundó el Parque Integrado Número 2 o Guardería Infantil del barrio Cabañas, con el propósito de brindar cuidado a hijos de madres solteras o familias necesitadas mientras trabajaban. Fue una obra transparente y solidaria que dio cobijo a cientos de niños, muchos hoy profesionales y ciudadanos ejemplares. Contó con el respaldo de amistades como Juanita Noll, Luci Torres Lazo, Eunice Orizola, Awilda Rivera, Mélida Estrada, María Judith Pineda, Rosaura Uribe, Vera Collart y Miriam Rivera, así como del entonces alcalde y su esposa, Elena Durón de Larios.

Más adelante, ante el auge maquilador en Choloma, impulsó la Guardería Cholomeña, que continúa siendo un referente de apoyo social en ese sector.

Julieta fue estrictamente puntual, correcta y considerada. Supo distribuir su tiempo entre la familia, la labor social y las responsabilidades cívicas. Recibió múltiples reconocimientos y asesoró proyectos de impacto humano, incluso con representación internacional. En sus honras fúnebres, el alcalde Roberto Contreras acudió a rendirle homenaje.

La alegría tampoco le fue ajena. En su hogar organizaba entrañables guitarreadas; la hospitalidad de la familia Kattan Salem ha sido legendaria en nuestra ciudad.

Vivió en armonía con su entorno. En su montaña corrían animales silvestres y rara vez se talaron árboles. Reunía cada domingo a sus hijos y a sus nueras —Katty, Claudia, Vivian, Juanilla y Derby— quienes la amaron profundamente y continúan su legado.

Fue, sin duda, la imagen de la mujer del norte: educada, sensible, talentosa y determinada. Su ejemplo será sempiterno. Habría sido una excelente alcaldesa, una gran administradora de salud o educación; pero fue, ante todo, una ciudadana ejemplar.

Con el romanticismo que marcó nuestra amistad, le dedico estos versos de Miguel Hernández:

“A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas,compañera del alma, compañera...”.

Por María Guadalupe Funes Rheinboldt

Febrero de 2026, a ocho meses del fallecimiento de Julieta Salem de Kattan...

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