20/04/2026
06:26 AM

Garachana: 'No vivamos la Semana Santa de una manera degenerada”

El prelado dice que le genera mucho dolor que haya personas que no sepan disfrutar de la vida si no es dañando su espíritu y su cuerpo.

Ángel Garachana Pérez, obispo de la diócesis de San Pedro Sula, habló sobre cómo vive Semana Santa, la fortaleza del pueblo hondureño y el mensaje del Papa Benedicto XVI, tras su visita a México y Cuba.

-¿Qué sentimiento le genera la gente que se aparta de Dios y prefiere volcarse a otros ámbitos no espirituales, en este tiempo?

A mí me genera mucho dolor, que haya personas que no sepan disfrutar de la vida si no es dañando su espíritu y su cuerpo. Eso significa que estas personas realmente no han llegado a una madurez humana y espiritual; una persona de madurez espiritual y de madurez humana puede ser que no crea en Dios, pero su manera de vivir humanamente es en justicia, en dominio de sí mismo, de sus pasiones, de sus inclinaciones.

Una persona madura no se rebaja a aquello que es un comportamiento que llega hasta arrastrar su cuerpo por el suelo cuando se emborracha o se droga. Es un deterioro no solo de la condición cristiana, es un deterioro de la condición humana.

Por eso yo hice un llamado a que no vivamos la Semana Santa de una manera desordenada o degenerada, que no dañemos nuestra persona y no hagamos daño a los demás.

-Desde que llegó al país hasta el momento, ¿le parece que la gente perdió la costumbre de asistir a la iglesia en Semana Santa?

Como obispo en Honduras llevo 17 años, en ese tiempo yo he visto como una doble línea de desarrollo. Por una parte se va desarrollando y creciendo, y por otra también muy favorecida por los medios de comunicación, la Semana Santa se ve como un tiempo de vacaciones. A veces los mismos medios sin darse cuenta están creando como una obsesión que si no me voy de vacaciones a la playa o al balneario, entonces soy tonto. Cuando llegué a la ciudad por primera vez, en el año 1972, San Pedro Sula tenía muchos menos habitantes y menos iglesias.

Si sumamos todos los que participan en las celebraciones de Semana Santa, en la iglesia, en familia y en las capillas de la ciudad de San Pedro Sula, nos daríamos cuenta que es un porcentaje altísimo, yo le pregunto a los sacerdotes y me dicen que las iglesias están llenas.

Por eso yo creo que la Semana Santa es como un test, de qué fe tengo yo, una fe de labios o una fe cultural como un barniz que se cae, o una fe profundizada; la Semana Santa es un test porque esté donde se esté, se vive.

Mucha gente va a su pueblecito o a su casa de descanso en la playa o la montaña, allí pueden vivir la Semana Santa.

-¿Le parece que Semana Santa se vive más intensamente en el área rural?

En estos momentos hubo un cambio de la fisonomía religiosa de Honduras, de tal manera que tanto en la ciudad como en el campo hay un crecimiento de la población cristiana evangélica. Los evangélicos no celebran la Semana Santa, porque el evangelismo simplemente se apoya en la palabra como la interpreta el pastor que los funda, pero no tienen conocimiento de la gran tradición histórica de la iglesia, para ellos no hay tradición, no cuenta lo que la iglesia ha vivido en 2000 años.

Entonces en la zona rural, diría que los católicos en Semana Santa se acercan más que a lo largo del año.

Pero esto también plantea una cuestión, los católicos que solo se acercan en Semana Santa, ¿con qué profundidad viven su fe?, algo es algo, menos es nada.

En ese sentido es en el que decía yo que hay un crecimiento cualitativo porque son cada vez más los que participan ya no solo en la Semana Santa ocasionalmente, sino que participan en ella porque a lo largo del año están viviendo en las comunidades eclesiales y están comprometidos en las diversas pastorales.

-¿De qué manera se prepara usted para Semana Santa?, ¿cambia su rutina en esta época?

El tiempo de Semana Santa para el sacerdote y sobre todo para el obispo, es un tiempo muy intenso en un doble sentido, en cuanto que uno prácticamente está todos los días de la Semana Santa metido en ese ambiente de celebración. Por tanto, se supone que hay que repasar toda la liturgia, tenerla en la mente, saber lo que se hace en cada momento y hacerlo no solo como un rito, sino implicarse en lo que se celebra.

Es una experiencia muy fuerte, mi espiritualidad como obispo no va mucho en aspectos exteriores devocionales. Mi espiritualidad se alimenta mucho más de la misma celebración.



-¿Cómo es su relación con los fieles en este tiempo?

En la medida en que siento con los fieles en la catedral me acerco a ellos, los acompaño en el Vía Crucis, voy recorriendo también la procesión del Viernes Santo, en esa medida que estoy con los fieles es como que hago míos sus dolores, sus sentimientos y mi relación con ellos es que me van a saludar, me van a abrazar.

Veo las filas de gente pasando ante la cruz del Señor; es gente sencilla, humilde, gente de clases sociales alta que humildemente adoran al Señor.

Ante todo eso, yo me siento también motivado en mi espiritualidad de manera que toda esta preocupación por los demás no me distrae de mi atención al Señor.

A mí, la relación con la gente, presidir las celebraciones no me distrae, diría que cuanto más estoy con Jesucristo más siento que tengo que estar con sus discípulos, con su pueblo. Así, trato de vivirlo y madurar en este aspecto.

-¿Cómo se comporta el hondureño frente a las adversidades y sufrimientos?

En Honduras yo veo como una fortaleza interior, una fortaleza que quizás algunos digan que es resignación, pero yo veo que es una fuerza interior.

Es como una paz en las personas que nace precisamente de esa fe en Jesús.

Pero también veo que esa fe tendría que dar un paso más en esta dirección; como, por ejemplo, compartir el sufrimiento de los demás, como ser samaritanos, compartiendo el sufrimiento y sobre todo, como luchar organizadamente contra las causas de ese sufrimiento de esa injusticia y de la explotación.

Este aspecto es el que aún tendría que desarrollarse más, falta la indignación santa por esas injusticias y el trabajar por construir personas y una sociedad más justa y solidaria.

- ¿Qué mensaje recoge de la visita del papa Benedicto XVI al continente?


La venida del Papa a México y Cuba, yo sentí que era como un gesto de él, de aprecio, amor y de apoyo a la iglesia que peregrina, que ama, sufre y espera en América Latina.

Es su primer viaje a los países de habla hispana, ya estuvo en Brasil.

Lo siento así, un apoyo a la iglesia y a América Latina. El Papa ha hecho un llamado a los obispos y a las iglesias de América a ser una iglesia cada vez más unida.

Esas palabras las recibo con mucho agradecimiento, necesitamos ser una iglesia muy samaritana.

Finalmente en las palabras del Papa a los obispos es donde más directamente nos habla de la esperanza y nos ha dicho: ‘no se dejen vencer por el mal’, y nos ha pedido que seamos profetas y testigos de la esperanza de nuestro pueblo.