“Soy taxista porque no tengo otra opción. Hasta hace unos años, el trabajo me daba para comer y mantener a la familia. Ahora también trabajo para la delincuencia.
De día puede que entre a trabajar en algunos sectores de San Pedro Sula, pero de noche, no creo. Me han llamado para ir a dejar pasajeros yendo para Ticamaya y definitivamente no voy.
Usted sabe que en el día uno se siente más seguro, pero en la noche hay que andar alerta. Tenemos temor. Nos pueden confundir. Aun más, no sabemos qué tipo de pasajeros llevamos.
No entro en la colonia López Arellano. Ahí me robaron el primer vehículo. Lo recuperé, pero con un cadáver al lado del carro y con la parte de abajo dañada. Seguramente por el lugar donde lo metieron.
Recuerdo ese día. Subí en mi taxi a dos jóvenes, un hombre y una mujer, vestidos honestamente. Con camisa normal, sin aretes, cabello bien recortado, decente; ella, con un vestido bien honesto. Les cobré, según yo, caro para que me dijeran que no. Se quedaron viendo y al final me dijeron que sí. Se fueron en la parte trasera y ella se sentó en las piernas del joven, sin darme la cara ninguno de los dos.
Él con un periódico se cubrió el rostro. Presentí algo, pero ya era demasiado tarde. De repente escuché el cerrojo del arma. Me dijo ‘esto es un asalto’ y me puso la pistola en la cabeza. Gracias a Dios no me pasó nada. Solo se llevaron el carro.
Nadie que trabaja en un punto (de taxis) está libre (de que lo extorsionen). Ahora les pagamos a los delincuentes por el trabajo honesto. Nos sentimos impotentes. Si no pagamos, nos matan.
¿Cómo funciona? Nos piden cierta cantidad de dinero al día. Se lo damos a un enviado, que se lo entrega a los que cobran.
El motorista y el pasajero corremos peligro. No sabemos con quién vamos. En los diarios salen esas matanzas que buscan a uno y se van (mueren) los que están con él. Es triste.
Hay lugares a los que no iría: Lomas del Carmen, Ticamaya, barrio Cabañas, Chamelecón, Céleo González, la Planeta, sector Satélite, la Rivera, Sunseri y, por supuesto, la López.
Por la noche no se pueden hacer carreras a cualquier lado.
Antes de las seis de la tarde se puede entrar. Es de hace poco para acá que se ha visto el incremento de la delincuencia.
Siempre hay alguien que está avisando quién entró en esas zonas. Eso es arriesgar la vida y más cuando andan armados, con esas grandes armas a la vista.
Las tarifas
Trato de cobrar lo justo para los pasajeros y para mí. Si decidimos hacer una carrera de Chamelecón a la Rivera, la tarifa es 200 lempiras. Los precios varían por la distancia. Cuando sabemos que es peligroso el lugar incrementamos el precio para no ir.
A veces me siento comprometido a hacer una vuelta de esas porque no sé si nos están vigilando. Ando mentalizado por el compromiso. Imagínese cuando son rivales, si se agarran a tiros y uno allí con ellos, en medio de los dos bandos.
He tratado de desarrollar un instinto para cuando me piden una carrera. Hay que echar un vistazo rápido de cómo anda vestido el cliente. La vez pasada, un muchacho de unos 30 años andaba la camiseta por fuera y me pidió una carrera en el mismo centro de la ciudad. Se dio cuenta de que yo estaba observando, se levantó la camisa y me dijo ‘no ando armado’, se dio la vuelta y me dijo que no me preocupara, que andaba bien.
Hay compañeros que dicen que los han asaltado personas hasta con saco y corbata. Ahora no nos confiamos ni de las mujeres. No sabemos si en el camino sacan un arma de su cartera.
La criminalidad se ha disparado enormemente desde hace tres años. No me siento indefenso, me siento, como dicen los jóvenes, paniquiado.
Pero no hay opción. La cantidad de taxistas se ha incrementado por la necesidad y por la falta de oportunidades de trabajo. En este país le ponen vida útil a uno. Después de los 35 años nadie le da empleo.
Me da cosa ver a los jóvenes taxiando, no porque sea denigrante sino porque ya no van a estudiar y si les aparece una propuesta de ganar dinero fácil, lo pueden aceptar. Yo no dejaría que un hijo mío trabaje de taxista. Me preocuparía demasiado porque aquí peligra la vida”.
Policía asegura que se creará unidad antiextorsión
Leonel Sauceda, jefe metropolitano de la Policía Nacional, aseguró que ya se está creando una unidad entiextorsión con el personal capacitado y especializado en este tipo de investigaciones.
“La intención es reducir el problema que generan estos extorsionadores, que afectan a la gente luchadora y humilde de esta ciudad. Muy pronto contaremos con personal idóneo para combatir ese delito”.
Sauceda aseguró que los motoristas no interponen denuncias por el riesgo que corren sus vidas, por lo que actuarán de oficio para combatir el delito y capturar a los que están involucrados.
“En lugares como la Rivera Hernández, Chamelecón, Cabañas y otros lugares donde hay más riesgo y peligro tenemos mayor patrullaje y vigilancia”.
Uno de los jefes de las cooperativas de transporte de taxis, que pidió no ser identificado por seguridad, dijo: “Paga entre 150 y 200 lempiras cada uno de los taxistas a la semana. Algunos lo están dando tres veces a la semana”.
Dijo que cuando empezaban a pedir el impuesto de guerra pagaban poco: unos 100 lempiras a la semana. Después se incrementó la tarifa.
“No sabemos a quién le pagamos, pero el dinero lo recogemos todo en cada punto y hasta lo vamos a dejar al presidio sampedrano”, reveló.