30/11/2022
11:19 PM

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“El 30% de la población sufre de síndrome de covid prolongado”

El especialista dijo que los afectados por secuelas presentan dolores de cabeza crónicos, fátiga, vértigo y enfermedades respiratorias.

San Pedro Sula, Honduras.

Uno de lo héroes de primera línea que salvó a decenas de hondureños de morir a causa del covid-19 fue el doctor Óscar Díaz. Luchando por salvar la vida de sus pacientes se contagió del virus y fue ingresado al hospital, del cual no sabía si saldría vivo.

En una extensa entrevista que dio a LA PRENSA en la sala de UCI del hospital del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) de San Pedro Sula contó cómo vio morir a varios de sus colegas y cuestionó los actos de corrupción de funcionarios que aprovecharon la pandemia para enriquecerse.

Díaz es un médico intensivista, jefe de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del Seguro Social, y quien durante lo más crítico de la pandemia laboraba entre 18 y 20 horas diarias. “En los primeros seis meses estuve aislado de mi familia”, contó.

¿Cuál fue su experiencia atendiendo a pacientes con covid-19 en la unidad de cuidados intensivos?

Era un reto grande porque en el país solo se contaba con menos de 100 camas de cuidado crítico para una población de nueve millones. La distribución de camas en UCI con relación a la población era relativamente baja; entonces, el primer reto era dónde íbamos a atender a las personas. La primera lección de la pandemia es que faltaban recursos humanos y físicos para atender ese gran número de personas que se iban a enfermar, como efectivamente ocurrió. Dadas esas circunstancias, tuvimos que ser creativos y propositivos, y se formaron varios equipos de trabajo en distintas disciplinas de la medicina”.

¿El Seguro Social fue uno de los hospitales que mejor se preparó durante la pandemia?

Sí, es algo que responde al trabajo en equipo, resaltar el hecho de que desde la alta gerencia se coordinó la distribución de los recursos que se ocupaban, se hicieron los grupos de trabajo con investigación, discusiones académicas en la búsqueda de soluciones y la disposición del personal de poner el pecho y enfrentar ese virus mortal. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró pandemia al covid-19 empezamos a diseñar un plan de atención. Preparamos al personal sobre cómo atender a los pacientes y definir las áreas donde íbamos a hacerlo. Un hospital que tenía un número pequeño de camas pasó a tener más de 300 solo para atender a pacientes con covid. De alguna manera, eso fue de las partes buenas de la pandemia.

¿Qué país a nivel de Centroamérica manejó mejor el covid-19?

En respuesta inmediata los que mejor lo hicieron fueron los costarricenses, porque fueron capaces de atender a sus pacientes en un único centro. Eso les permitió optimizar los recursos y resultados, lo que hizo que tuvieran un control inicial bastante bueno. La mayoría de los otros países fuimos similares en cuanto a las capacidades de respuesta y lo diferente fue cómo los Gobiernos respondieron, unos con más transparencia y otros con menos transparencia. Esto fue de las cosas malas.

¿Qué lección nos deja la pandemia como país?

Tenemos que ver la salud como un bien público, la salud no es algo que nos regalan, es algo que cuesta, cuesta recursos y que nos interesa a todos. Incluso en este momento no hemos reforzado nuestro sistema de salud, lo que significa que nuestro sistema de salud no está a la altura de las necesidades de la población. Aún tenemos mora quirúrgica, citas larguísimas, hospitales con muchas dificultades para operar, carencia de medicamentos y de tecnología para hacer diagnósticos. A pesar de la gente que murió, seguimos dando palos. No tenemos definida una política nacional. El Ministerio de Salud sigue trabajando con un déficit financiero.

¿Qué secuelas ha dejado el covid en la población?

El covid es una enfermedad de la cual todavía estamos aprendiendo. Hay un porcentaje, que puede andar en un 30% de la población, que sufre lo que se llama síndrome de covid prolongado y que presenta dolores de cabeza crónicos, fatiga, bajo rendimiento laboral, trastornos de memoria, vértigo, dolor en las articulaciones y jubilaciones más tempranas porque la gente no puede volver a trabajar. Y, por supuesto, los que quedaron con secuelas respiratorias que los limita físicamente.

Los países que van adelante de nosotros ya han creado unidades para ese tipo de pacientes, mientras nosotros no hemos organizado quiénes los tratarán.

¿Está cerca la pandemia de llegar a su final o seguiremos usando la mascarilla?

Todavía vamos a tener que seguir con esto (mascarilla) porque el virus varía rápidamente y entre cuatro y seis meses nos dura la cantidad de anticuerpos que generamos con cada dosis de vacuna. Hace un par de meses tuvimos una reunión en San José, Costa Rica, con gente de toda Iberoamérica, presentando y contrastando datos, y lo que observábamos es que siguen apareciendo variantes nuevas, lo que hace que sigamos usando la mascarilla y vacunándonos cada cierto tiempo.

¿Tuvo miedo de contagiarse de covid-19?

Sí, lo natural, como todos los seres humanos: me contagié en septiembre de 2020. Cuando ingresé al hospital yo no sabía si iba a salir vivo o no, no tenía forma de saber cuál sería mi evolución final. Un colega muy querido fue ingresado al mismo tiempo que yo y él falleció 20 días después. Éramos colegas de la misma especialidad, trabajábamos en los mismos lugares, era una auténtica lotería. La pandemia nos cambió la visión de las prioridades en la vida, uno pierde la vida desgastándose por cosas materiales, pierde el afecto, el contacto con la familia, con los pacientes. Hay que darle el valor correcto a las cosas de la vida, que es tener paz, salud y estar con la gente que uno quiere.

¿Perdió amigos y familiares por el covid?

Sí, perdí familiares, acá en el Seguro murió un primo muy querido, el doctor Alexis Reyes, la jefa de la sala UCI con la que fundamos esta área, el doctor Cándido Mejía. Los vi morir, son heridas que nos van a acompañar toda la vida.

¿Qué opina de los actos de corrupción que se dieron durante la pandemia?

Son crímenes de lesa humanidad, no es posible que se hagan negocios ilegales y turbios con dinero que la población ocupa. En esos hospitales móviles se gastó un montón de dinero, con ese dinero mejor hubiesen reforzado los hospitales existentes con infraestructura y equipo.